Humberto Rivas en Fundación Mapfre

Fundación Mapfre inaugura el “curso” expositivo con la muestra dedicada a Humberto Rivas. Es esta una gran exposición que aborda el trabajo de este fotógrafo a lo largo de toda su trayectoria, desde los años sesenta hasta el año 2005.

Rivas (Buenos Aires, 1937-Barcelona, 2009) fue un autor fundamental para el desarrollo de la fotografía en España. El impacto que causó su trabajo en la ciudad condal en los años 80 y 90 supuso un importante impulso para el reconocimiento de la fotografía como soporte de creación artística en nuestro país.

Violeta la Burra, 1978 Fotografía a las sales de plata 30 × 30 cm
espaivisor, Valencia

Su obra fotográfica abarca tanto paisajes urbanos como retratos, clasificación sin embargo con la que nunca se sintió cómodo y a la que nunca quiso someterse. Humberto Rivas Concebía su obra fotográfica como un gran todo. Sus imágenes de la ciudad se caracterizan por ser lugares desiertos, sin presencia humana. Son fotografías en las que los protagonistas son las señales de tráfico, paredes desconchadas, o las fachadas pintadas. En sus retratos, realizados sin ningún tipo de decoración ni referencias al espacio ni al tiempo, refleja el pulso y el desafío al que se enfrentaban los personajes que se ponían delante de su cámara.

Londres, Inglaterra, 1979 Fotografía a las sales de plata
26 × 26 cm
Archivo Humberto Rivas, Barcelona

Se le considera el creador de una nueva forma de documentar, sus imágenes buscan plasmar la huella del tiempo y de la memoria con un estilo sobrio y sencillo que invita al diálogo y la reflexión del espectador.

Luci, 1990
Fotografías a las sales de plata
38,3 × 38,3 cm c/u
Cortesía de la Fundación Foto Colectania, Barcelona

Esta retrospectiva, que incluye más de 180 obras y material de archivo ordenados cronológicamente y dispuestos en cuatro secciones Argentina/Norte, Barcelona, Inicio del color y Un proyecto de Vida, cuenta con préstamos de copias de época en su mayoría procedentes del Archivo Humberto Rivas (Barcelona), así como de las principales colecciones y museos que albergan obra suya en sus fondos: MNAC-Museu Nacional d’Art de CatalunyaIVAM-Institut ValencColección Per Amor a l´Art, MNCARS-Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; Fundación Foto Colectania y Fundación MAPFRE.

Valencia, 1987
Cibachrome
27,5 × 35,5 cm
Archivo Humberto Rivas, Barcelona

La exposición exhibe, en copias vintage, las mejores fotografías de este fotógrafo magistral, maestro de la luz en sus retratos y de la sombra en su paisaje. Aunque pueda sonar a tópico, es una visita obligada para los amantes de la buena fotografía. 

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La generación Instagram

Instagram nació hace sólo ocho años como una aplicación para compartir fotografías cotidianas con los contactos más cercanos y, en este tiempo, se ha convertido en la red social fotográfica más importante, hasta el extremo de que muchas personas no pueden disociar fotografía e Instagram.
Hoy en día, si queda alguien que no sabe qué es Instagram, la ha oído nombrar y tiene una idea lejana. Se ha implantado en la sociedad de tal manera que genera un encendido debate entre sus defensores y sus detractores. Como algunas personas, sobre todo alumnos, me piden a menudo mi opinión, aquí la dejo, anda a caballo entre ambos bandos aunque mi conclusión es positiva.

© Fran Mart

El formato y tamaño del teléfono, que para algunos es una ventaja, es un lastre para mí. Instagram no permite subir fotografías desde un ordenador y no hace muy cómoda la navegación si no se usa un teléfono, eso reduce las posibilidades de apreciar la obra de otros fotógrafos como se merece, reducida a las dimensiones de una pantalla de teléfono.
Si en cada bolsillo hay un teléfono móvil, casi en cada uno hay Instagram. Son tantos los que usan la aplicación que se llega a la saturación desde diferentes caminos. Hay exceso de imágenes, demasiadas personas subiendo fotos intrascendentes, detalles de sus vidas privadas sin interés excepto para ellos mismos. Hay una voluntad por documentar lo más trivial y convertirlo en relevante que alcanza su cota más alta en el uso de selfies.

© Marcos Alberca

El autorretrato telefónico es el mayor exponente del principal problema de esta red fotográfica, fomenta ese culto al ego que es ya una de las principales características de esta época. Instagram es campo abonado para egolatrías y fotografías vanas y olvidables, siempre bajo la tiranía del me gusta y el follow o el unfollow, pero no es menos cierto que tenemos control absoluto para luchar contra la invasión de morralla fotográfica. Como en cualquier otra red social, podemos decidir a quién seguimos y, por lo tanto, qué contenido aparecerá en nuestro teléfono móvil. Eso siempre que la censura de Facebook, propietario de Instagram, no actúe sobre las imágenes aplicando lo que llaman el shadow ban, un método de censura que condena al ostracismo mediático a quienes no son de su agrado sin que el propio usuario lo sepa.
La capacidad de decidir qué contenido veremos al abrir la aplicación resta gran importancia a las principales objeciones que se le hacen a Instagram. Hay mucho que ver, muchas imágenes de gran calidad, y nosotros decidimos qué vemos y qué aportamos a la red y es ahí donde reside, a mi juicio, la grandeza de Instagram.

© Señor Zeta

Hay millones de personas subiendo fotos a diario, no todas son selfies o foodporn. Instagram es un lugar excelente para encontrar el trabajo de grandes artistas que han decidido mostrar su trabajo para disfrute de sus seguidores. Podemos detenernos en sus cuentas para admirar su obra, si bien es cierto que el formato de Instagram nos induce a juzgar a un autor por una sola imagen y pasar de largo, a por otro, y luego otro. Aún así tenemos el poder de seguir a excelentes artistas, no sólo los clásicos, sino nuevos talentos que tienen mucho que ofrecer.
Pero, dejando a un lado la larga serie de lugares comunes que todos conocemos, en mi opinión lo más grande de Instagram es que está creando una generación de apasionados por la fotografía.
Son fotógrafos jóvenes que viven la fotografía como una parte inseparable de su vida y aprecian el valor de una imagen como ninguna otra generación anterior lo había hecho. En muchos casos les atrae hacia la fotografía el éxito descomunal de algunos “influencers” que han hecho de su imagen propia un próspero negocio, los imitan, y para ello comienzan a aprender técnicas y trucos, a comprar equipos profesionales y a dedicar un tiempo precioso a la fotografía.

@ Hi Clavero

Comienzan como aspirantes a vendedores de ego y así descubren el poderoso influjo de la fotografía, siguen las cuentas de grandes fotógrafos y procuran imitarlos, y tras la imitación, rizar el rizo con un más difícil fotográfico, y así se está creando una escuela de fotografía que abarca todo el ámbito mundial.
Si alguien hace una foto a un modelo adornado con luces de colores o subido en un balcón, todos lo hacen también, pero en el camino de la imitación buscan ir más allá, encontrar un nuevo recurso que nadie haya usado, fotografiar desde un nuevo ángulo o encuadre, con luces o entornos diferentes, etc.
En cualquier gran ciudad es fácil salir a la calle y encontrarse con estos nuevos fotógrafos, algunos fotografían con un móvil como si fuera una pistola, disparo y fin, pero muchos dominan equipos profesionales, buscan las luces, los escenarios urbanos, se arrastran por el suelo o se cuelgan de un árbol, les pica el gusano de la fotografía y en cada uno de ellos habita el germen de un futuro fotógrafo. Los instagramers están siempre ansiosos por ver nuevas fotografías y aportar las suyas, compararse para superarse, eso deja una huella en ellos, un gusto por la imagen y un aprecio por la calidad fotográfica que, si bien nace de la saturación de malos contenidos, cala en ellos y, en muchos casos, los convierte en buenos fotógrafos.
Y como las redes son al final una sola, algunos comunican sus descubrimientos en forma de vídeos colgados en Youtube, muestran sus sesiones fotográficas, informan de trucos y técnicas y así la escuela continua. No son vídeos amateurs grabados con un móvil, son excelentes comunicadores que se manejan en las aguas de Youtube pisando con pie firme y sentando las bases de un futuro prometedor.

© Roselino López, modelo @Ismalele7

En definitiva, creo que la forma en la que Instagram está influyendo a los más jóvenes, que usan esta red como un modo de expresión cotidiano, acabará por dar grandes resultados porque ya estamos viendo excelentes fotografías, y yo espero verlos y seguirlos.

Para concluir, dejo enlaces a las cuentas de algunos de esos nuevos fotógrafos en Instagram y en Youtube, creo que merece la pena echar un vistazo.

La mía, perdón por el autobombo.
Marcos Alberca en Instagram.
Marcos Alberca en Youtube
Señor Zeta en Instagram.
Señor zeta en Youtube
Hi Clavero en Instagram.
Hi Clavero en Youtube.
Fran Mart en Instagram.
Brandon Woelfel en Instagram.
Brandon Woelfel en Youtube. 

¡Cámaras si, por favor!

¡No soy un criminal!

Disculpen ustedes la vehemencia con la que comienzo este texto, pero creo necesario alzar la voz y dejar claro que los fotógrafos no somos criminales, las cámaras no son armas, no robamos ni cometemos agresiones.
Ya escribí otra entrada en este mismo blog tratando este tema que cada vez me preocupa más, la criminalización del fotógrafo por parte de instituciones, lugares y personas, cada uno por sus motivos diferentes, todos equivocados según yo lo veo. Desde hace un tiempo siento que los motivos que me llevaron a escribirlo se han intensificado, y por ello me lanzo a una nueva reivindicación.
Comencé a tomar fotografías a finales de los años ochenta y, desde entonces, he pasado algunos de mis mejores momentos pateando las calles ocupado en la toma de fotografías. En este tiempo he observado un cambio en la actitud de los que se encuentran con un fotógrafo en la calle. Antes, la gente sonreía por instinto ante la visión de una cámara, incluso posaba, ahora su gesto es de recelo y desconfianza cuando no de hostilidad.
Ignoro el motivo real de este cambio pero puedo achacarlo a un malentendido generalizado. Desde que un puñado de famosos de medio pelo comenzó a dar la lata en los medios reivindicando su derecho a la propia imagen y a no ser “robados” si no había dinero de por medio. Tal vez sea este el origen de un sentimiento que se ha instalado entre muchas personas, el que confunde el uso no autorizado de la imagen de alguien, con nombre y apellidos, con la toma de fotografías callejeras a rostros anónimos.

Empiezo a estar muy harto de sentirme vigilado y condenado de antemano cuando voy por la calle con la cámara en la mano. Harto de que alguien, en actitud hostil, se me acerque y exija ver mis fotografías porque presume que ha sido fotografiado (Curioso, casi nunca ha sido así). Harto de explicar que mis fotos son mi obra y que la muestro a quien yo decida, que no me pueden obligar. Harto, muy harto, de ser amenazado con llamar a la policía mientras me pregunto qué delito cometí. Harto de tener que zanjar la situación de la forma más rápida y pacífica posible, insistiendo en que para nada me interesa tomarles una fotografía, pues si les explico que la policía tampoco tiene poder para hacer que muestre mis fotos, que sólo me podría obligar un juez, la cosa puede acabar mal.
Qué pesado se hace tener que explicar constantemente a mis alumnos de cursos de fotografía o a quienes ven mis fotografías, que no robo nada, que no he vulnerado ningún derecho. Que no he violentado la intimidad de nadie si mis imágenes han sido capturadas en plena calle. Que si alguna de mis fotografías pudiera tener algún valor o interés, no es por la identidad de quien en ella aparece, sino por la escena captada, por la luz, el color o cualquiera de los elementos que dan interés a la fotografía. No soy un paparazzo, no fotografío personas concretas por el beneficio que su imagen me pudiera proporcionar, sólo documento la vida en las aceras, fotografío por puro placer, no por lucrarme. Tomo un registro del mundo que nos ha tocado vivir en este principio de siglo. No hago más que lo que hicieron muchos de los grandes maestros (sin estar a su altura, claro), sin ellos no sabríamos ni la mitad de lo que sabemos sobre las sociedades de sus épocas.

En cada esquina hay una cámara de seguridad, un móvil haciendo un selfie. Nuestra imagen queda captada y registrada a cada paso que damos, pero el rechazo sólo se manifiesta hacia lo que algunos llaman “cámaras buenas”, no hacia un móvil o una cámara de vigilancia. Ahí está el problema, que en el fondo de todo esto se encuentra el poderoso caballero. Que lo que parece irritar a tantos no es haber sido fotografiados, sino que la fotografía en la que aparece su imagen pueda tener suficiente calidad como para generar dinero a sus expensas. Insisto en la diferencia entre paparazzis y fotógrafos de calle, es importante.
Sucede, además, algo curioso. Son muchos los que se oponen a los fotógrafos que salimos a fotografiar las calles, pero corren al kiosco a comprar el último número de National Geographic, porque salen unos negritos muy monos. Parece ser que no hay derechos en otros países, en otras culturas, sólo los supuestos derechos particulares de cada uno.

Esta persecución contra la fotografía no afecta sólo a los peatones, por desgracia se ha extendido y son muchos los que sacan provecho del miedo a la cámara mediante prohibiciones y tasas.

¿Por qué está prohibido tomar fotografías en edificios desde la calle? ¿Por qué se prohibe tomar fotografías, por ejemplo, en una iglesia sostenida con el erario público? En estos casos la cuestión es más grave, pues además se cobra entrada a edificios que todos pagamos. ¿Qué daño puedo hacer yo en un templo con una cámara? ¿Por qué no puedo tomar fotos en mercados, estaciones y un larguísimo etcétera de lugares vedados a la fotografía?. A no ser que el fotógrafo pague, en ese caso, se acabó el problema. ¿Y el flash, es una nueva arma de destrucción masiva? Entiendo que el flash en un museo esté limitado, tiene lógica, pero no en cualquier sitio por sistema.
Se prohiben las cámaras en centros comerciales y lugares públicos, pero nadie impide los teléfonos móviles que registran cada rincón del mundo con sus lentes. Se prohíben los trípodes, pero no los odiosos palos de selfie que se han convertido en una plaga, un virus que infecta las fotografías de lugares célebres, cada vez más difíciles de fotografiar sin un palito por delante.

Perdonen, como decía, la arenga, pero me siento hastiado con esta materia, llevaba tiempo pensando en escribir sobre ello, tomando notas, y este artículo en Xatakafoto me ha animado a hacerlo, creo que debemos ser muchas las voces que reivindiquemos este asunto. Me indigna esta cuestión, no tanto por ser fotógrafo, sino porque considero que es injusta, absurda, que nace del desconocimiento y que, tal vez, pueda contribuir a solucionarlo con este texto. 

Se me ha ocurrido una idea, bastante peregrina, pero aquí la dejo. He creado un diseño que he situado al comienzo de este artículo, es un simple emblema reivindicando la fotografía. Pinchando en la imagen se puede acceder al diseño en tamaño mayor para imprimir, pegar, o difundir. Para que se convierta en un lema, para que difundamos el amor por la fotografía. A ver si entre todos aportamos algo de cordura.

Un descubrimiento, la aventura de libertad de Emmanuel Rosario

Ahora que toda la fotografía que se cuelga en internet parece fluir hacia Instagram, no está de mal echar un vistazo a otras fuentes. De ellas, Flickr sigue siendo un excelente lugar para encontrarse con la obra de autores muy interesantes.
Ha sido en Flickr donde, por pura casualidad, me he topado con el trabajo de Emmanuel Rosario.
Bastó un vistazo para que las imágenes del autor llamaran mi atención y la capturaran sin liberarla hasta haber visto todas las fotografías que cuelga en su cuenta.
Emmanuel Rosario

© Emmanuel Rosario

Lo que a priori parecía ser una colección de imágenes domésticas de un grupo de jóvenes se desvela en pocas fotos como un excelente retrato, no sólo de un grupo de personas concreto, sino de un viaje fascinante incluso de una forma de vida.
O tal vez no, tal vez no sea nada de esto y sólo se trate de mi apreciación personal. No hay información sobre quienes son esas personas, sobre su oficio o lo que los mantiene juntos, si bien creo que es bastante obvio que se trata de un grupo de rock y de su peripecia a lo largo de los Estados Unidos.

Emmanuel Rosario

© Emmanuel Rosario

Bastaría con investigar someramente en internet para encontrar información detallada sobre las fotografías, pero he preferido no hacerlo, no saber nada sobre el autor y dejar que las fotografías sugieran en lugar de informar. Ahora, cuando los discursos interminables y muchas veces vacíos acompañan a la fotografía, me apetece no saberlo todo, me reconforta recrearme en las fotografías sin poseer toda la información, dejar que hablen por sí mismas, que cada foto me cuente sólo lo que quiera contar y disfrutar el misterio.
Emmanuel Rosario

© Emmanuel Rosario

Las fotografías de Emmanuel Rosario me hablan de un grupo de personas viviendo una aventura dentro de los parámetros clásicos del sexo, drogas y rock and roll. Veo a un grupo musical, Rotten Mangos, viviendo un viaje de música y excesos a lo largo de los Estados Unidos. Encuentro en estas imágenes una peripecia en la que el sexo tiene un componente natural y repetitivo y veo hombres tumbados, también mujeres, pero sobre todo muchos hombres semidesnudos tumbados en actitud de reposo, de descanso de sus desmadres o tal vez soportando el peso del alcohol o las drogas.

Emmanuel Rosario© Emmanuel Rosario

Estas imágenes, sus tonos cálidos y la naturaleza de los retratados, me recuerdan a las que tomara Ryan McGinley en su trabajo más célebre siguiendo a un grupo de jóvenes a lo largo de los campos norteamericanos. Hay en las fotos de Emmanuel Rosario el mismo culto a la libertad y la juventud, la misma fascinación por Norteamérica como escenario para la libertad, pero encuentro en estas un mayor apego con la realidad, mayor dureza y un leve toque de amargura. 

Emmanuel Rosario© Emmanuel Rosario

No sé si esta impresión coincide con la realidad, pero así lo veo yo y de este modo he disfrutado este descubrimiento que me ha fascinado al primer vistazo. Que cada uno extraiga su propia interpretación. Emmanuel Rosario

© Emmanuel Rosario

Enlaces de interés:
Flickr de Emmanuel Rosario 
Página del autor
Emmanuel Rosario en Instagram

Veinticuatro fotografías por segundo. Hojas de contacto de grandes fotógrafos

Conocemos de los grandes fotógrafos aquellas fotografías que nos han mostrado después de un grande y donoso escrutinio entre su producción fotográfica. Cada autor decide cuales de sus fotografías merecen ser mostradas y cuales quedarse en el cajón de lo no publicado.
Pero sucede que, para los que nos apasiona el proceso de creación fotográfico, puede resultar tan interesante la fotografía seleccionada por el autor como las otras fotografías, las que se tomaron antes y después del disparo prodigioso. Estas fotografías no sólo no desmerecen sino que dicen tanto del trabajo de un fotógrafo como la selección de las mejores imágenes, lo cuentan todo sobre el proceso, de qué manera el autor se acercó al tema y como lo trató hasta dar con la imagen definitiva.

Detalle de las hojas de contacto de William Klein

En más de una ocasión se han editado libros en los que se mostraban las hojas de contacto con las que los fotógrafos seleccionaban sus mejores fotografías. Los contactos de William Klein se publicaron en el año 2007 en forma de un magnífico libro. En 2017 se editó el libro “Magnum Hojas de Contacto” de Kristen Lubben en el que se mostraban las planchas de contacto de algunos de los más destacados fotógrafos de la agencia Magnum y nos permitían acceder a esa información que suele ser descibicuda. Y, más recientemente, la editorial Cabeza de Chorlito publicó “Color Lehmitz” donde mostraba el trabajo de clasificación que hizo Anders Petersen de sus fotografías tomadas en el Café Lehmitz. Estos no son los únicos, pero tal vez los más representativos.

Dos páginas del libro “Color Lehmitz” con fotografías de Anders Petersen

Creo que estos libros merecen una entrada propia, pero en esta ocasión me interesa mostrar una serie de vídeos en los que se muestran las hojas de contacto de algunos de los más grandes fotógrafos, en inglés subtitulado porque no los he encontrado en español.

El primero es William Klein y se presenta su trabajo de fotógrafo callejero.

Josef Koudelka es uno de los más grandes fotógrafos y con este vídeo conocemos más sobre su trabajo

Elliot Erwitt es tal vez el fotógrafo con el ojo más entrenado para captar el humor de la vida en la calle

En este vídeo podemos conocer como trabaja Helmut Newton con sus modelos

Por último, el antes y el después de las siempre interesantes fotografías de Robert Doisneau.

Enlaces.
Otros vídeos sobre hojas de contacto
“Color Lehmitz” en “Cabeza de Chorlito”
“Contacts” de Willian Klein
Hojas de contacto de Magnum

Un descubrimiento. Randy, de Robin le Puy

Instagram ha pasado de ser, en mi opinión, de la red social más proclive al autobombo fotográfico a convertirse en un magnífico escaparate para descubrir autores de gran interés.
Los milennials continúan su proliferación de selfies y fotos de lo que han comido cada día, pero entre la avalancha de aspirantes a influencers crecen las cuentas de fotógrafos que no sólo muestran un interesante trabajo, sino que le sacan un gran partido a los condicionamientos formales que impone Instagram.
Tengo la intención de reseñar a algunos de los autores que poco a poco voy descubriendo mientras uso Instagram, por su alto interés y por mi firme voluntad de mantener este blog activo pese a mis limitaciones de tiempo.

Randy Robin de Puy

© Robin de Puy

Randy (Robin de Puy)

Decubrí este trabajo a través de la cuenta que en Instagram tiene Lensculture, la prestigiosa web de fomento de la fotografía y desde la primera imagen atrajo mi atención y algo más, de modo que busqué a la autora de la serie y algo de documentación en internet, cosa que ha sido difícil pues no hay mucho donde buscar.

Randy Robin de Puy© Robin de Puy

Robin de Puy es una fotógrafa neerlandesa nacida en 1986 en la ciudad de Rotterdam. Ya en el año 2009, su serie titulada “Girls in Prostitution” obtuvo en Photo Academy Award al mejor proyecto de graduación. Sólo cuatro años después, recibió el Premio nacional de Retratos por el retrato que hizo de su colega An-so e Kesteleyn.  En 2016 se inauguró su primera exposición en el Fotomuseum de La Haya con su serie “If This is True…”, una colección de retratos realizados en un viaje de 8.000 millas sobre una Harley-Davidson a lo largo de los Estados Unidos.

Randy Robin de Puy© Robin de Puy

La  obra de Robin de Puy que me ha descubierto su trabajo no es ninguna de estas, sino “Randy”, un trabajo de retrato introspectivo de una sola persona a lo largo de muchas imágenes.
El día 7 de julio de 2015, mientras recorría los Estados Unidos a lomos de su Harley, Robin de Puy estableció su base de trabajo en Ely, Nevada. Una vez dado por concluido el trabajo, decidió quedarse unos días más y esa misma noche se encontró con Randy, un adolescente desgarbado y famélico que pasó junto a ella a toda velocidad. En una fracción de segundo, ella comprendió que debía conocer a ese chico y fotografiarlo.
Randy era un preadolescente frágil, con un rostro que llamaba la atención, constelado de pecas, con grandes orejas y una expresión de pérdida constante.  ¿Puedo fotografiarte? preguntó ella y él correspondió encogiendo sus hombros. Después asintió y ella tomó un retrato. Varios días después, Robin abandonó la ciudad y creyó olvidarse de Randy.
Una vez en Amsterdam, el recuerdo de Randy no se desprendía de su mente y decidió que debía fotografiarlo de nuevo. A finales de 2016 lo buscó y más tarde en febrero de 2017, y después en mayo de 2017. En cada una de esas ocasiones, Robin tomó las fotografías que forman tan hermoso trabajo, lo acompañó de la mañana a la noche, documentó sus movimientos y su vida diaria.
“Nunca antes había conocido a alguien quien da tanto espacio para mirar, para mirarlo. A cambio beso peces ” Dijo ella, refiriéndose a la costumbre que tenía Randy de pedirle que besara los peces de río con los que solía jugar.

Randy Robin de Puy© Robin de Puy

Randy tardó ocho años en empezar a hablar, en su informe escolar se lee que  no tiene grandes dotes para la comunicación., Cuando habla, a veces sus palabras son inaudibles y poco a poco empieza a desarrollar su lenguaje y formas particulares de comunicarse. Pero Randy habló cuando Robin finalizó su trabajo y le dijo que debía partir.

Randy Robin de Puy

© Robin de Puy

La primera vez que fotografió a Randy, Robin le pidió que mirara a la lente y, como no le dijo que podía parpadear, el miró con los ojos abiertos hasta que se le escaparon las lágrimas por las mejillas. A partir de entonces, Robin le decía, antes de tomar cada foto, que podía parpadear.

© Robin de Puy

A Randy le gustaría ser policía y tener tres hijos cuando sea mayor. Randy se ríe cuando siente dolor y casi siempre tiene hambre.

© Robin de Puy

Randy” es uno de los más emotivos e impactantes trabajos de retrato fotográfico que he visto en mucho tiempo. “Randy” es una introspección delicada pero profunda en el alma de un adolescente que no es como los demás, que anda perdido pero es feliz. “Randy” es un conjunto de poderosas imágenes (Fotografías y videos) que se quedan alojadas en algún lugar del cerebro de donde no se desprenden. “Randy” es un ensayo sobre la condición humana tal y como se materializa en un chico que podría haber sido mucho más de haber nacido en otro lugar pero que gracias a ello pudo protagonizar las magníficas fotografías de Robin de Puy.


Algunos enlaces.
Web de Robin de Puy
Web de Lensculture
Robin de Puy en Instagram
Lensculture en Instagram

Café Lehmitz, cuando la condición humana cabe en un bar.

De entre las exposiciones que llegaron a la última edición de PhotoEspaña de mano de Alberto García Alix, hubo una que me impactó de una forma especial. Ya reseñé en este blog las fotografías que Anders Petersen tomó en el Café Lehmitz, aún así considero que este trabajo y el libro editado por La Fábrica merecen una reseña individual.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz)

Anders Petersen (Estocolmo, 1944) realizó sin pretenderlo el viaje más importante de su vida cuando se desplazó a Alemania en 1967 y, de modo accidental, decidió entrar en un café del barrio rojo Hamburgués llamado Café Lehmitz. Lo que ocurrió aquél día lo cuenta él con estas palabras:«Era la una de la mañana y yo estaba esperando a una amiga en el Café. El lugar estaba lleno de gente y no estaba sonando buena música. Un hombre se acercó a mí y me preguntó por mi cámara, que estaba sobre la mesa. Era una Nikon F y yo le dije que era buena. Él dijo: “Yo tengo una mejor”. Levantamos nuestras cervezas y brindamos por ellas. Entonces nos pusimos a bailar con algunas damas. De repente, me di cuenta de que un grupo de personas habían cogido mi cámara y estaban sacándose fotos unos a otros. Me acerqué y les dije: “Por favor, sacadme una a mí porque es mi cámara”. “Vale”, dijeron, y me la devolvieron. Así que me saqué algunas fotos –y así fue como empecé a fotografiar en el Cafe Lehmitz».
A raíz de esta anécdota, y dada la aceptación que recibió por los parroquianos del local, Petersen comenzó a fotografiarlos de forma reiterada. Los clientes del bar eran los habituales pobladores del barrio de Sankt Pauli;  prostitutas, travestis, proxenetas, delincuentes y otros deshauciados de la sociedad que habían encontradoun hogar en un bar que nunca cerraba. Las horas pasadas en el Café Lehmitz convirtieron a sus usuarios en una comunidad casi fraternal. Todos se conocían, se veían a diario y pronto desaparecieron las inhibiciones entre ellos, lo cual fue reflejado con maestría por el fotógrafo.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz)

Anders Petersen tomó sus fotografías en momentos diferentes. Las primeras fotografías las tomó cinco años después del incidente de la cámara. Durante dos años, de 1968 a 197o, su cámara captó con todo detalle la vida en el café, con todos sus matices, con sus miserias y grandezas. En ese tiempo el fotógrafo dormía en el café o en casa de Uschi, una de las prostitutas con la que trabó gran amistad. Se convirtió en uno más, en un alma en pena dentro de aquel purgatorio que aliviaba los pecados a golpe de cervezas.
En el cielo no hay cerveza, por eso la tomamos aquí” así rezaba un cartel en la entrada del Café Lehmitz, reflejando que el lugar era un paraíso para los desheredados, los que no podían optar a otros cielos. No hay en este trabajo condescendencia hacia los retratados ni tampoco hostilidad, hay cercanía, una empatía entre unos modelos y un artista que parecía estar retratándose a si mismo, desnudando su alma a la vez que desnudaba la de los clientes del bar.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz)

En los retratos de prostitutas, travestis o proxenetas no hay morbo ni un interés por lo escabroso o lo marginal, hay un documento tan sincero como exhaustivo de la cotidianeidad de aquella gente, o al menos de la actitud ante la cámara de unas personas que parecían dejar en la puerta del bar todo lo negativo en sus vidas y convivir en una aparente fiesta familiar eterna, una familia impúdica y hastiada. Y entre tanta belleza, el reflejo fidedigno de los estragos que una sociedad capitalista que condena a la miseria a los que no encajan en el sistema.
La primera exposición de las fotografías se realizó en el propio café en 197o. Fueron alrededor de 350 imágenes pegadas sobre el papel pintado que aparece en casi todas las imágenes. Petersen autorizó a sus retratados a llevarse las fotos en las que aparecían, al final sólo quedó una, la que le tomaron a él el primer día en que visitó el Café.
El Café Lehmitz ya no existe, pero queda el magnífico libro cuya primera edición se publicó en 1978. Ahora es icónico en la historia de la fotografía, sin lugar a dudas, uno de los mejores libros fotográficos publicados.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz)

Las fotografías de Petersen parecen fotogramas de un drama de Kaurismäki, ilustraciones de un libro de Bukowski o portadas de un disco de Tom Waits, y este ejemplo es literal pues una de estas fotografías fue portada del disco Rain Dogs.
Pasar las páginas del libro implica recorrer el café de mesa en mesa y conocer a cada uno de los clientes, a Paul la flor, a Inge la Lager, a Uschi la Ginebra, a Vanya y a tantos otros que han quedado retratados en sus rostros, en sus gestos y en lo más profundo de su ser, de su hastío y su supervivencia entre las cervezas que garantizaban el cielo en la tierra. Muchas de esas personas, como el propio café, han dejado de existir pero nunca caerán en el olvido porque en el libro queda el retrato más sincero de ellos, el que consiguió captar en la película mucho más que lo que la luz reflejaba. En esta obra magnífica se alternan los besos lascivos y los bailes a medianoche con los borrachos solitarios o las prostitutas tan viejas como impúdicas, y una tras otra, las fotos se clavan en la memoria de del afortunado que las contempla, aquél que al alcanzar la última página, se llevará una parte del Café Lehmitz consigo para siempre.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz) Fotografía usada como portada del disco Rain Dogs


Reseña.
Café Lehmitz
Autor: Anders Petersen
Edita: La Fábrica
Texto introductorio: Roger Anderson
Traducción: José Antonio Torres Almodovar