Crónica de Photoespaña (VI)

Colección de Rafael Doctor Roncero
Taxonomía del Caos.

La fundación Lázaro Galdiano alberga una de las exposiciones más peculiares de esta edición de PhotoEspaña, no tanto por su contenido como por su diseño expositivo.
La colección de Rafael Doctor Roncero recoge un gran número de fotografías divididas en dos etapas fundamentales: la fotografía del siglo XIX (desde sus orígenes hasta Eugène Atget) y la fotografía cotidiana (desde la irrupción de Kodak en 1889 hasta la pérdida del papel con el mundo digital en 1990). De entre las muchas fotografías reunidas por Doctor Roncero se han seleccionado aquellas que de una u otra forma tienen algo que ver con el cuerpo, lo cual es un concepto tan amplio casi todo tiene cabida. En la exposición hay daguerrotipos de difuntos, fotografías policiales de detenidos, desnudos coloreados a mano, fotografía de viajes decimonónica, retratos, experimentos formales con el color y la simetría, fotografía social y un sinfín de estilos y modos fotográficos. Ante una variedad temática tan grande y casi caótica sólo cabe un montaje grande y caótico. Las fotografías se exponen pegadas en la pared, apoyadas en estanterías o en el suelo, colocadas sobre mesas, metidas en cajas de plástico, apiladas unas contra otras…
Uno tiene la sensación de encontrarse ante uno de los gabinetes de curiosidades del siglo diecinueve pero en lugar de caprichos de la naturaleza hay fotografías, muchas fotografías, de todos los tamaños, en todos los soportes. Hay mucho amor por la fotografía en esta muestra, auténtica pasión, y eso se respira en las dos salas que la albergan, tanto que al salir uno desea que hubiera otras dos más, y dos más, que no se acabara nunca ese caos tan bien organizado.
Esta exposición finaliza el 30 de Junio.
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Max Pam y Bernard Plossu
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La exposcición que se puede ver en la escuela Efti repite el mismo esquema que la dedicada a Edward Weston y Harry Callahan en el Círculo de Bellas artes. De nuevo se trata de mostrar la obra de dos autores con mucho en común contraponiendo sus fotografías.
Ambos fotógrafos, a los que les une una amistad de muchos años, realizan fotografía de viajes, ambos trabajan en blanco y negro y ambos usan formatos muy similares, partiendo de esta base sólo queda dedicar un tiempo a jugar a un juego de parejas fotográficas con las fotos de ambos y montar esta exposición. La muestra recoge una considerable cantidad de imágenes de los dos autores emparejadas en base a similitudes de concepto o de forma.
Es una exposición agradable porque muestra bellas imágenes a la vez que incide en cuanto se pueden parecer trabajos realizados de forma independiente e incluso en tiempos diferentes.

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Mark Shaw
The Kennedys.
Los norteamericanos, a lo largo de su corta historia, han sufrido gobernantes brillantes y otros nefastos, pero nunca han estado bajo el mando de tiranos o dictadores de la calaña de los que hemos sufrido en el resto del mundo. Quizas por eso veneran a sus presidentes, les idolatran y admiran.
En las muchas fotografías que Mark Shaw tomó al matrimonio Kennedy para la revista Life se puede encontrar esa admiración, esa rendida devoción de todos los americanos hacia esas dos personas a las que tanto adoraron e imitaron.
En estas fotografías se muestra a la familia presidencial realizando sus tareas cotidianas de pareja feliz al mando de un país feliz. Son imágenes que tienen algo de cuento de hadas, de fotogramas de cualquiera de las series de televisión de familias idílicas con las que han invadido las televisiones del resto del mundo.
Pero a pesar de todo no hay engaño o falsedad en estas imágenes, lo que muestran es la realidad de un matrimonio de clase alta. Son fotografías que reconfortan por las sensaciones que transmiten, que revelan el trabajo de un magnífico fotógrafo pero que también, de una forma involuntaria nos recuerdan el trágico final que esa familia ideal tendría a todos aquellos que conocemos lo que la historia les tenía reservado.

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Crónica de Photoespaña (V)

Más exposiciones visitadas

Ignacio Navas
Yolanda.
Advierto de antemano que “Yolanda” no es una exposición de fotografía, no lo es al menos tal y como entendemos las muestras fotográficas, como una selección de obra de uno o varios autores. En ese sentido “Yolanda” es más un trabajo de investigación y una reflexión sobre la fotografía, sobre su poder evocador, sobre su caracter narrador y recuperador de la memoria así como su condición de eterna mentirosa.
Ignacio Navas observó que en las fotografías familiares tomadas en su bautizo aparece él en los brazos de una desconocida, una chica joven que lo sostiene pero cuyo rostro le era desconocido. Preguntando entre los miembros de su familia fue tirando del hilo de una historia triste que es la de tantas personas jóvenes en la España de los años 80. Navas reconstruyó la historia de Yolanda, que resultó ser la pareja de su tío Gabriel y ahora la muestra en la galería “Raquel Ponce” cubriendo las paredes con fotografías familiares en las que aparece Yolanda, su tío u otras personas y escenarios cercanos. Entre las fotografías recopiladas aparece alguna tomada por el autor en las que reproduce algunos de los lugares en los que se desarrolló la historia reconstruida.
No es por tanto, como ya dije, una exposición de la obra de un autor, pero sí una muy interesante demostración del poder de la fotografía. Lo que eran copias olvidadas en algún cajón ahora son testigos de un drama, pero son testigos parciales, que cuentan la parte de la historia que les conviene, la que se muestra siempre en las fotos familiares, la de las sonrisas y los instantes felices pero que en una nueva lectura nos permiten asistir a la tristeza que se esconde detrás de la felicidad sólo aparente. Las fotografías son recuerdos, fragmentos de la realidad, pero son también ficción, son juez y parte.

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Isabel Muñoz
Eros y Ritos.
Las fotografías de Isabel Muñoz nunca disgustan pero acostumbran a producir impresiones muy diversas.
La muestra “Eros y ritos” recoge una serie de fotografías pertenecientes a diferentes series de la fotógrafa, y es esa condición de recopilación de trabajo ya realizado lo que puede desconcertar por la diferencia formal y conceptual de las fotos entre sí.
Vaya por delante que todas las fotos expuestas son excelentes trabajos a los que además acompaña un magnífico positivado, dando como resultado en conjunto un auténtico placer para los ojos del visitante.
Las primeras fotografías expuestas pertenecen a la serie Hijras y desde mi modesta opinión son las mejores. Los hijras son algo así como una casta especial en la India, hombres que han sido castrados y cuya identidad está a caballo entre lo masculino y lo femenino. Son retratos serenos, hermosísimos, en los que los hijras se muestran con toda su dignidad.
La siguiente serie se centra en máscaras precolombinas y para mostrarlas las coloca tapando el rostro de bailarinas que posan desnudas con el cuerpo cubierto de algo que parece barro o algún pigmento.
La tercera serie se centra en las Ñañitas, formas de rendir culto a la muerte en la ciudad de Bolivia y que, en mi opinión, son lo menos interesante de la exposición pero no por ello son malas fotografías.
Completan la exposición algunas fotografías de otras series, como la de los retratos que realizó a los Maras.
Por separado todas son buenas fotografías, cargadas de una belleza originada por su tratamiento formal y por la hermosura de lo retratado, pero en conjunto se echa en falta una mayor coherencia temática. Aún así es una exposición muy recomendable.

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Frantisĕk Drtikol
Desnudos modernistas, 1923 – 1929.
La calcografía nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando alberga la primera exposición en España de este fotógrafo checo, pionero destacado de la fotografía en su país y entre cuya obra destacan los desnudos.
Las fotografías mostradas en la calcografía muestran desnudos femeninos integrados en escenarios dominados por la geometría. Acompañan a las modelos enormes círculos, triángulos y otras figuras.
Las fotos de Drtikol son brillantes ejercicios de composición muy influidos por la estética del momento y movimientos como el Art Nouveau o el simbolismo. El desnudo en estas imágenes es una figura entre las demás, un pretexto para la toma de fotografías que transmiten serenidad y armonía.
Viendo estas imágenes tan armoniosas no sorprende que su autor abandonara la fotografía en el año 1935 para dedicarse a meditar y a estudiar textos budistas.

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Crónica de Photoespaña (IV)

PhotoEspaña da para mucho y muy bueno. Continúo con la crónica.

Raúl Urbina
Chicago, impediré que el viento salga.
Aprovechando que sirve de alojamiento a la exposición (Re)Presentaciones, la tabacalera aprovecha para inaugurar una nueva sala dentro del edificio de la antígua fábrica de tabacos, a la que han llamado “La Fragua” y que estará destinada a mostrar obra de artistas emergentes.
Las fotografías de Urbina retratan la ciudad de Chicago desde un punto de vista muy personal, huyendo de los tópicos y centrándose en un Chicago desconocido e íntimo.
Con un magnífico blanco y negro, estas imágenes han sido organizadas en base a un interesante diseño expositivo. En primer lugar hay una introducción que mezcla fotos de personas con otras de lugares desiertos. A continuación son los espacios urbanos de la urbe los protagonistas en una serie de fotografías hermosas e impactantes. Continuando con la visita encontramos fotografías en las que aparecen habitantes de la ciudad como un elemento más, integrados en el paisaje urbano. La tercera parte de la muestra está formada por retratos de varios “chicagoans”, una colección de primeros planos de perfectos desconocidos a los que el fotógrafo abordó en la calle o en sus lugares de trabajo y que no tuvieron inconveniente en posar para él. Culmina la exposición una pequeña serie de imágenes más personales, donde el movimiento o el desenfoque añaden un punto de irrealidad no ajeno a la ciudad que retratan.
En una proyección sobre la pared se muestran más imágenes.
Todas las fotografías tienen un toque de misterio y de poesía (Resaltada por la elección de los títulos). Son fotografías que impactan y que se graban en la memoria por su belleza.
Con motivo de la muestra se ha editado un pequeño catálogo que viene acompañado de un plano de Chicago en el que se sitúan las imágenes y una fotografía original firmada por el autor. Y todo por sólo cinco euros. Otro motivo más para visitar esta exposición.

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Álvaro Deprit
Suspensión.
La Fnac de Callao se suma a PhotoEspaña con una pequeña exposición en la que se muestran las fotografías del que fuera el último premio “PhotoEspaña OjodePez de valores humanos”.
Álvaro Deprit ha realizado una reportaje sobre una “Casa Famigilia” perteneciente a la red de albergues juveniles italianos en los que se acogen a los menores extranjeros de naciones pertenecientes a la Unión Europea que intentan cambiar de país sin un mayor que los acompañe.
Estos jóvenes se encuentran perdidos entre dos mundos. Por un lado han cambiado de país, con lo cual están en un lugar que no les pertenece y en el que su situación no ha sido regularizada. Por otro lado su estancia allí es por fuerza transitoria pues bastará con que alcancen una edad determinada para que tengan que abandonarlos.
No hay una voluntad documental en estas fotografías, no son un reportaje sobre el funcionamiento de la Casa Famiglia ni sobre la vida allí, sino que el fotógrafo ha puesto todo su empeño en mostrar la soledad de sus habitantes, su sensación de perdida y de estado permanente de tránsito entre dos aguas. Las imágenes transmiten esta sensación mediante un tratamiento de los colores que potencia los tonos fríos y la falta de luz, mostrando a los jóvenes en solitario, en entornos poco o nada acogedores, transmitiendo la sensación de perdida y desconcierto al espectador.
Resulta curioso que algunas de estas fotografías se encuentran a la vez en otra exposición dentro de PhotoEspaña, la titulada “El tiempo suspendido” y que se puede ver en la galería Paula Alonso. Una exposición menor que para mí no merece una reseña, de momento.

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El cuerpo revelado y Savoir c’est pouvoir, en el Jardín Botánico.
Las salas del jardín botánico albergan dos exposiciones con mucho en común, ambas son recopilaciones de obras de varios autores y ambas tiene el cuerpo como protagonista.
Por un lado encontramos la exposición “Savoir c’est pouvoir” que recoge una selección de obras de la colección de fotografía del CNAP (Centre National des Arts Plastiques) en las que el cuerpo humano tiene un protagonismo más o menos destacado, siendo en algunos casos protagonista absoluto y en otras un mero pretexto. Es una exposición demasiado ecléctica, la diferencia entre las obras de uno y otro autor es tan grande que desconcierta, si a esto se le suma que el hilo argumental elegido para unir las fotografías, el cuerpo, casi llega a diluirse, a perderse, hace que la sensación que produce sea un tanto agridulce.
La otra exposición se titula “El cuerpo revelado” y muestra imágenes de autores españoles pertenecientes a la colección Alcobendas. Esta colección alberga un gran número de trabajos de fotógrafos españoles, aquí están nombres como Tony Catany, Cristina García Rodero, Alberto Alix o Gervasio Sánchez entre otros muchos consagrados. Los más grandes autores de la fotografía española están presentes en la colección, lo cual tiene un lado positivo y otro negativo. Por una parte sabemos que no van a defraudar pues la de Alcobendas es una apuesta sobre seguro y eso garantiza un buen número de magníficas imágenes, pero ese es también su mayor inconveniente, que no hay riesgo, que no hay lugar para nuevas tendencias o nuevos autores, para los que no se han labrado un nombre con letras de oro en la historia de nuestra fotografía. Por lo tanto la exposición recoge un puñado de muy buenas fotos pero con un cierto regusto a déjà vu.
Esta exposición es a mi juicio la mejor de las dos y merece una visita.

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Fotografías de la triple W

El pasado día 1 de Junio se celebró en el Patio de la Cebada un nuevo evento de lucha libre organizado por la triple w (White Wolf Wrestling) y siempre que organizan alguno intento asistir pues es una ocasión perfecta para practicar una fotografía rápida, inmediata, sin tiempo para encuadres o ideas premeditadas. Fotografiar este tipo de espectáculos obliga a pensar con rapidez y apretar el disparador con mayor celeridad dejando para el proceso previo a la toma de una foto tan sólo unas décimas de segundo lo cual convierte en un nuevo reto cada una de las fotos.
Estas son algunas de las fotografías de ese día (Click en las imágenes para ver la galería)

Crónica de Photoespaña (III)

Más exposiciones visitadas

Shirin Neshat. Escrito sobre el cuerpo.
Shirin Neshat nació en Irán en el año 1957, cuando gobernaba Mohammad Riza Pahlavi. A los 17 años abandonó su país para estudiar en Los Ángeles y no regresó hasta el año 1990. Lo que ella encontró a la vuelta era otro país cuya situación cultural o social era tan diferente de la que había dejado que la fotógrafa sintió que de algún modo su identidad se había perdido. Esto la llevó a una búsqueda de si misma realizada a través del vídeo y la fotografía.
Para ahondar en su identidad como mujer iraní pero a la vez como espectadora distante, casi ajena, Neshat realizó varias instalaciones audiovisuales y series de fotografías, así como dos cortometrajes y el largometraje: “Women without men”. La obra expuesta el Espacio Telefónica de la Calle Fuencarral es una selección (Pequeña, a mi juicio) de fotografías de difrentes series y de imágenes tomadas de sus instalaciones de video pero mostradas en forma de fotos de gran formato. También se puede ver su largometraje.
Lo primero que llama la atención en sus fotografías es su gran belleza estética. La autora ha puesto un especial cuidado  en la técnica y en el procesado de todas las fotografías los que las convierte en obras de arte por si mismas, pero además se suma el hecho de que las imágenes han servido de lienzo para que Neshat escriba o dibuje sobre ellas. La fotógrafa, con una caligrafía delicada, bellísima, casi una obra de arte en si misma, plasma sobre los rostros retratados versos de algunas poetisas o fragmentos del Libro de los Reyes. De hecho, según mi opinión, las fotografías pertenecientes a la serie que lleva el nombre de este libro son a la vez las más hermosas y las más duras de toda la muestra.
Shirin Neshat no sólo escribe sobre las fotografías, también dibuja escenas de guerras antíguas, de las que se remontan a los tiempos en que su país era aún Persia, la cuna de la civilización. Esta forma de intervenir sobre las imágenes no es caprichosa, sino que las carga de significado y las convierte en gritos que hablan al mundo del sufrimiento iraní.
El conjunto es una exposición impresionante donde la hermosura de las imágenes se suma al tratamiento pictórico posterior para cautivar al espectador y para hablar de la triste historia de Irán y de como la mujer ha sido la principal sufridora de todo lo que allí ha ocurrido en los últimos años.

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Flower Paradise. Nabuyoshi Araki.
La fábrica, alma mater de PhotoEspaña, inaugura en estas fechas un nuevo local, más grande, con librería, espacio para restauración y una pequeña sala de exposiciones que inicia su labor con las fotos de Araki.
El fotógrafo japonés recrea unos bodegones cuya factura puede recordar a pintores como Zurbarán por el uso de fondos negros o por la composición, pero que se aleja de ellos en cuanto a la temática. Araki fotografía flores de vistosos colores entre las que aparecen muñecas maquilladas o reptiles de plástico. Tanto las flores como los saurios así como las muñecas cubiertas de maquillaje son elementos muy presentes en la cultura japonesa, y de ello se sirve para esta serie en la que intenta recordar el tsunami que arrasó su país en 2011.
Son fotografías bellas, que merecen una visita, pero tal vez se parezcan demasiado unas a otras y es esa repetición de elementos el punto negativo de la colección.

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Atmos, de Darren Almond.
Tal vez soy muy estrecho de miras, pero cuando voy a ver una exposición fotográfica, lo mínimo que espero encontrar es fotografía, pero parece ser que esto no es así, o al menos no lo es en determinados círculos de arte contemporáneos a los que tan afín es la sala Alcalá 31, de la comunidad de Madrid.
Acudí a la inauguración de la exposición y lo primero que encontré, sobresaliendo entre la maraña de políticos y similares ávidos de foto oficial, es una serie de lienzos en los que el artista ha pintado números incompletos, como los de los relojes de algunas terminales de tren o aeropuerto. Junto a los lienzos hay algún aparato extraño y una video instalación, pero ni rastro de la fotografía. Sólo cuando uno vence la tentación de salir por donde ha venido y avanza al interior de la sala se encuentra con las fotografías. Tres fotos a gran formato (Ya se sabe lo que dice el dicho, si tu foto no es suficientemente buena, hazla más grande) en las que se muestran una suerte de monolitos de piedra cuya significación, si la tienen, ignoro peor de cuyo valor fotográfico me permito dudar.
En la planta superior de la sala, junto a nuevos lienzos de números partidos, se encuentran las demás fotografías. Paisajes desvaídos y casi borrosos, por supuesto a gran formato, captados con muy largos tiempos de exposición. Estas fotos, situadas frente a lo que parecen planos estelares, podrían tener interés mostradas por sí mismas, hay algo interesante en esos paisajes que no son ni diurnos ni nocturnos, pero entre la mezcolanza de la exposición lo pierden.
Insisto en que puede ser un error de apreciación personal, pero creo que esta exposición no merece el esfuerzo de la visita, no al menos dentro de un festival de fotografía.

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Los asistentes a la inauguración oficial entre la obra pictórica expuesta. © Roselino López

Crónica de Photoespaña (II)

Continúo con la crónica de las exposiciones visitadas.

(Re)presentaciones. Fotografía latinoamericana contemporánea.
Ya es costumbre que PhotoEspaña incluya una muestra de fotografía latinoamericana actual dentro del festival. Esta exposición solía albergarse en el Instituto Cervantes, pero este año cambia su ubicación por la Tabacalera, en la calle Embajadores, un lugar más que apropiado para la muestra.
Si bien otros años este apartado me ha dejado bastante frío, en esta ocasión he quedado muy satisfecho con lo que he visto pues hay trabajos muy interesantes y de gran calidad.
Considero oportuno comentar cada uno de los autores por separado.
     Fabián Hernández. Los olvidados
 
   Este autor muestra una serie de retratos de antíguos miembros del ejército de Costa Rica. Este país, después de sufrir una guerra civil en el año 1948, decidió abolir el ejército y ser una nación desarmada. Fabián Hernandez retrata ahora a antíguos miembros del ejército y combatientes en aquella guerra vestidos con su uniforme de entonces pero mostrando en sus rostros el paso del tiempo, lo que produce una sensación anacrónica interesante.
La intención del autor es la denuncia aunque en estas imágenes yo no veo denuncia, sólo recuperación de una dignidad perdida a través de retratos muy bellos cuyo atractivo formal va más allá del tema que retratan.

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Luis Arturo Aguirre. Desvestidas.
   En México, a los travestis se les llama “Vestidas”, lo que hace el autor es desvestirlos, mostrarlos con su maquillaje, con sus pelucas y adornos pero sin su ropa, con lo cual su cuerpo de hombres queda a la vista.
El resultado es un conjunto de bellísimas fotografías donde los retratados muestran la dignidad de su condición captada por el fotógrafo de una forma magistral. Estos retratos, a gran formato y con colores muy vivos, son algunas de las mejores imágenes de toda la muestra según mi opinión y pienso seguir de cerca la obra de este autor.

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Roberto Tondopó. La casita de Turrón.
   El tema de la infancia, perdida o recobrada, es una constante dentro de la fotografía actual. En este caso el fotógrafo recrea la suya propia a través de sus sobrinos fotografiándolos en la casa donde el creció y haciendo lo que él mismo pudo hacer, lo que todos los niños hacen; disfrazarse, esconderse, jugar, holgazanear.
El resultado son unas fotografías coloristas y abigarradas con un caracter evocador que las hace atractivas a primera vista y un tanto turbadoras ante una segunda mirada, pero siempre interesantes.

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Irama Gómez. Los matrimonios viejos no se dan los buenos dias.
   Es esta una serie de fotografías que, usando un precioso blanco y negro, habla de como la rutina se impone en los matrimonios viejos, en aquellas personas que conviven desde hace tanto tiempo que la presencia del otro es un elemento más de la rutina, una forma más de la costumbre.
La fotógrafa venezolana ha realizado un trabajo bello tanto en el concepto como en la técnica, las suyas son fotografías que buscan mostrar la tristeza desde la hermosura, y lo consiguen.

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Colectivo galería Experiencia. Espejo.
   Estas fotografías son el resultado de un juego de reciclaje artístico. El colectivo de fotógrafos seleccionó una serie de fotografías ya realizadas con otros fines y propuso al periodista brasileño Bruno Torturra escribir una historia de ficción a partir de las imágenes. Y eso es todo, no hay nada más que resaltar en estas imágenes, nada más que un juego que no aporta nada nuevo ni destacable.

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Nicolas Janowski. La serpiente líquida.
   La Amazonía, con todo lo que tiene de caótico, de mágico, de irreal y de salvaje ha sido captada pro Janowski en una serie de fotografías en blanco y negro, potentes, seductoras y descarnadas. Estas son fotografías en las que el cuidado por la técnica que suele acompañar a las fotografías del Amazonas ha sido dejado de lado, de hecho son muchas las fotos movidas o subexpuestas, pues lo que importa es captar lo que la selva del Amazonas sugiere al fotógrafo, y lo consigue de una forma tan acertada que convierte el visionado de estas fotografías en un punto destacado de la agenda.
Es una lástima que estas fotografías no se puedan ver como las demás, colgadas de una pared, sino que la organización haya optado por mostrarlas en forma de proyección que, según las dio a entender la comisaria de la exposición, Ana Berruguete, durante la rueda de prensa, pretende usar un sistema diferente de ver las imágenes, más dinámico, para no cansar al espectador, pero que a mi me suena a ahorro de gastos en material expositivo.

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Leslie Searles. La tercera frontera.
   En estas fotografías, tan cercanas al documentalismo o al fotoperiodismo, la fotógrafa habla de los inmigrantes haitianos que, durante cuatro meses, estuvieron retenidos en Iñapari (Perú) a raiz de que el gobierno brasileño recrudeciera las leyes de inmigración por estar este municipio tan cercano a la frontera brasileña.
Las imágenes son potentes y muy interesantes, lamentablemente no tengo una imagen clara de ellas pues el método expositivo es el mismo que el elegido para las fotografías de Janowski, y al espectador le cuesta apreciar las fotografías a causa de un muy molesto sistema de transiciones en el que unas imágnenes se superponen a las otras produciendo nuevas visiones, desconcertantes y confusas y las fotografías sólo se muestran tal y como son por unos segundos. De nuevo un tirón de orejas para la organización de esta muestra que de no ser por estos dos puntos negros sería encomiable.

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Eduardo Jiménez. Espacios de Control.
   Es común, en determinadas empresas asentadas en el norte de México, cerca de los Estados Unidos, habilitar comedores para los trabajadores.
Estos espacios, en lugar de responder a una función social o de relax para los empleados, son auténticos espacios de control. Vigilados por cámaras a todas horas, los trabajadores reciben allí mensajes contínuos con el fin de adoctrinarlos siguiendo las pautas del capitalismo norteamericano, y eso es lo que el autor intenta reflejar.
Para ello se vale de fotografías de los comedores desiertos, privados de la presencia humana, lo cual los hace más inhumanos. Son fotografías frías, racionales, casi parecen sacadas de catálogos de arquitectura, el tratamiento perfecto para tratar la deshumanización y la alienación.

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Illana Lichtenstein. Una y otra Erupción
   La obra de esta autora brasileña tiene un caracter onírico y surreal. Son imágenes que, según asegura ella, buscan conseguir por parte del espectador un acercamiento a sus propios “paisajes interiores”.
No se si conseguirá su objetivo. Lo que yo encontré en estas imágenes no fue mi paisaje interior, sino una serie de fotografías con un componente extraño que las hace interesantes, sobre todo desde el punto de vista conceptual más que desde el puramente estético y poco más, aunque puede que eso sea suficiente.

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Juan Carlos López Morales. 4 13.
  Es esta una serie de fotografías oscuras, extrañas pero no por eso no interesantes. El pretexto seguido por el autor para reunirlas es que el número 4 13 le vigila y le persigue, aunque personalmente no lo encuentro en sus imágenes. Veo más bien una forma de fotografiar que huye de temáticas o de esquemas plásticos, que fotografía lo que le interesa en cada momento aunque eso sea algo que puede parecer carente de todo interés. Una colección de imágenes que seducen por lo que muestran y por lo que ocultan.

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Aglae Cortés. Tratado visual sobre el vacío.
   Siguiendo el órden de visionado de las fotografías según está organizada la visita, me encuentro en primer lugar con fotografías que muestran arquitecturas vacías, que retratan la ausencia del hombre mediante la captación de sus geometrías y volúmenes sin la referencia de las proporciones humanas. Son fotografías adscritas a una tendencia muy en voga pero no por eso menos interesantes, al contrario, resultan muy atractivas, desde la primera fotografía de un montoncito de pelusa y polvo hasta las que retratan edificios completos. Entonces aparecen dos fotografías en las que aparecen personas, pero de una forma irreal, surrealista, mostrando vestimentas en las que asoman unos pies, una mano, que por lógica, por la forma de tales prendas, no debería asomar allí. No niego el interés de estas dos últimas imágenes, pero desde mi punto de vista personal destruyen las sensaciones transmitidas con las otras fotografías y restan valor al conjunto.

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Mariela Sancari. El caballo de dos cabezas.
   Los tres últimos autores (según el orden de visita) han elegido la muerte como tema de sus fotografías. Es un concepto muy presente en la cultura hispanoamericana y no es de extrañar que se hayan enfrentado a él y que haya sido de forma tan diferente.
De los tres autores, ha sido Sancari la que menos me ha interesado. Ella intenta hablar de su padre muerto mediante la interacción con su hermana gemela, con la que en estas imágenes se une de forma espiritual y física. Puede que como ejercicio de introspección personal este trabajo tenga un gran valor, pero a nivel fotográfico me interesa poco. 

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Humberto Rios Rodriguez. Tránsito.
   De nuevo se trata la muerte y de nuevo de una forma no directa. En este caso Rios Rodriguez muestra fotografías de tanatorios mexicanos, desde los más pequeños y modestos hasta los más grandes. Las fotografías fueron tomadas cuando los locales estaban vacíos para destacar aún más la soledad y la tristeza inherentes a ellos, y lo consigue. Son imágenes bellas, misteriosas, oscuras y tristes que hablan sobre la muerte y sobre como nos comportamos los humanos ante ella pero sin mostrarla, haciendo gala de una sutileza y una elegancia muy destacable.

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Xtabay Zhanik Alderete. Paisajes para el fin de la existencia.
   De nuevo es el fallecimiento de un familiar el que da lugar a las fotografías, en este caso la abuela de la fotógrafa. Zhanik Alderete quedó muy afectada por la desaparición de una persona que había sido muy importante en su vida, y decidió intervenir en paisajes cotidianos creando lo que ella llama “monumentos” a la memoria de la difunta. De este modo se crearon unas fotografías en las que la cotidianeidad de los escenarios se ve rota por los elementos introducidos por ella resultando de todo ello un conjunto de fotografías misteriosas y bellas.

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Y esto es todo en cuanto a (Re)presentaciones, continuaré pronto hablando de las otras exposiciones de PhotoEspaña 2013

Crónica de Photoespaña (I)

Ayer, 5 de junio, se inauguró oficialmente la edición 2013 de Photoespaña, el festival fotográfico que convierte durante unos meses a Madrid en la capital de la fotografía aunque este año se amplía a 0tras ciudades.
Marcada esta edición por la crisis, cono ya ocurriera en los últimos años, se echan en falta la presencia de espacios como el teatro Fernán Gomez o el Instituto Cervantes pero los habitantes de ciudades como Alcobendas o Zaragoza agradecerán las exposiciones celebradas en sus ciudades.
El tema de este año es “Cuerpo. Eros y políticas” lo que implica gran profusión de desnudos, femeninos eso sí, que el desnudo masculino parece seguir siendo un tabú en la fotografía salvo honrosas excepciones.
Mi intención es dejar aquí una crónica de las impresiones que me produzca el visionado de las exposiciones, espero que la información resulte útil.

Comienzo con las expuestas en el Círculo de Bellas Artes.
El, ella, ello, Diálogos entre Edward Weston y Harry Callahan

La exposición reune fotografías de estos dos fotógrafos contraponíendolas en base a su semejanza temática o formal.
Ambos artistas, aunque en momentos diferentes, optaron por convertir el desnudo femenino en protagonista de sus imágenes, y lo hicieron de una forma que, sin perder la mirada personal de cada uno, coincide en muchos aspectos, y eso es lo que intenta reflejar la muestra.
Las imágenes de uno y otro, en blanco y negro casi todas, en formatos pequeños, se muestran agrupadas de forma que se puedan contemplar a la vez las coincidencias entre ambos dentro de su diferencia. Ambos realizaron fotografías en las que se trata el desnudo de una forma casi documental, alejada del erotismo pues los cuerpos se tratan con una cierta distancia, en ocasiones tanto física como emocional. Se diría que los dos buscaron más la belleza a través de la composición de sus fotografías en las que los cuerpos son sólo un elemento más, que provocar las sensaciones que son objetivo de la fotografía erótica, de hecho se podría decir que hay más erotismo en las fotos de pimientos y otras verduras de Weston que en muchos de los desnudos que fotografiaron.
Es el suyo un tratamiento del desnudo inusual en nuestra época, impensable en algunos casos como en las fotos de niños pues el suyo fue un tiempo feliz en el que la figura del fotógrafo no se había demonizado aún y nadie veía un acto de maldad o perversión en el hecho inocente de fotografiar un niño, desnudo o no.
En definitiva, es esta una exposición hermosa cuyo visionado reconforta, por la belleza de las imágenes y por el propio diseño expositivo tan acertado.

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Tus pasos se perdieron con el paisaje, de Fernando Brito
Fernando Brito fue el ganador de los descubrimientos PhotoEspaña 2011, lo que le ha otorgado el derecho a tener su propia exposición en la edición de este año repitiendo la impactante serie de fotografías con las que obtuvo el galardón pero a mayor formato.
Las fotografías de Brito resultan impactantes, desasosegantes y turbadoras desde que uno entra en la sala y se encuentra con un repertorio de personas muertas, víctimas de la violencia que de un tiempo a esta parte azota determinadas zonas de México.
Pero el autor no muestra a esas personas, asesinadas y abandonadas en cunetas y descampados, como lo haría un periodista gráfico, sino que intenta ir más allá de la noticia, del hecho luctuoso, para contarnos algo más sobre los crímenes, para que entendamos la tragedia que hay detrás de cada muerte que de este modo deja de ser una más entre tantas para adquirir una identidad propia mediante su relación con el paisaje que los rodea.
En estas imágenes, las personas asesinadas son sólo una pequeña parte de la fotografía, siendo el gran protagonista el lugar donde han sido abandonados. Estos lugares de nulo interés paisajístico se vuelven ahora más desolados, más inóspitos merced a la presencia de los cuerpos, que por el contrario adquieren una identidad más definida gracias al paisaje, y de este modo se produce una simbiosis entre motivo y entorno que otorga a las imágenes la belleza que su propia naturaleza dramática podría arrebatarles.
Una exposición sin duda interesante y recomendable, pero cuyo visionado bien pudiera herir sensibilidades.

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MUJER. La vanguardia feminista de los años 70. Obras de la SAMMLUNG VERBUND, Viena.
Vaya por delante que recelo de toda exposición o evento cultural de mujeres, por mujeres o para mujeres, del mismo modo que lo haría de las que fueran de, por o para hombres, si las hubiera. Creo que la exclusión de un género en una actividad cultural, más que buscar la igualdad lo que hace es fomentar la diferencia.
Cuestiones ideológicas aparte, lo que encontré en esta exposición fue una selección de la obra de varias fotógrafas cuyo trabajo bebe de las corrientes de la época. Todas las imágenes pertenecen a la colección de fotografía feminista de la SAMMLUNG VERBUND, la colección creada por la compañía eléctrica VERBUND AG.
La mayoría de las fotografías son experimentos más conceptuales que formales en los que la mujer está siempre presente, aunque en la mayoría de las imágenes casi parece ser como un elemento pictórico que concepto. Veo en las fotografías un afán por destacar entre la media mediante la obtención de fotografías extrañas, con un punto surrealista, dejando de lado la preocupación por la belleza de las imágenes o incluso el propio motivo feminista.
No dudo del valor que en su época pudieron tener estas fotografías, era un tiempo de rupturas en todos los campos y dentro de esos aires de desprendimiento del pasado las imágenes tienen un valor indudable. Pasado el tiempo, personalmente encuentro poco interés en ellas, salvo algunas excepciones como los siempre interesantes autoretratos de Cindy Sherman, que ya se vieron en otra edición del festival (Segunda repetición de un autor en un mismo día, ¿Quo Vadis PhotoEspaña?) y alguna de las fotos de Renate Berlmann, no todas, pues algunas de ellas me han parecido las peores de toda la exposición.
De todos modos esto solo es una opinión personal, no pretendo establecer dogmas ni sentar cátedra.

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Zbigniew Dlubak. Estructuras del cuerpo.
las fotografías de Dlubak muestran el cuerpo desnudo alejadas de cualquier atisbo de erotismo. las series de imágenes, tomadas entre 1970 y 1978, en las que se aprecian las ligeras evoluciones morfológicas de un cuerpo que se mueve me recuerdan a los experimentos con el movimiento de Eadweard Muybridge  pues veo en ellas, no sólo una similitud estética, sino el mismo interés científico salvando las distancias en cuanto a concepto y época.
Estas imágenes muestran el cuerpo como un objeto cambiante, mutante, y lo hacen retratándolo con todas sus imperfecciones, tal y como es. No hay en estas imágenes la belleza que uno espera encontrar en la fotografía de desnudos, lo cual no significa que las fotos no sean realmente bellas. Hay en esa disección del cuerpo, de la piel, una belleza intrínseca que hace más que aconsejable la visita a la exposición.
Además, la muestra se complementa con bocetos  y diversa documentación sobre instalacciones fotográficas tituladas iconosferas, lo que en cierto modo aumenta el interés.

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Continuará.