Crónica de Photoespaña (V)

Más exposiciones visitadas

Ignacio Navas
Yolanda.
Advierto de antemano que “Yolanda” no es una exposición de fotografía, no lo es al menos tal y como entendemos las muestras fotográficas, como una selección de obra de uno o varios autores. En ese sentido “Yolanda” es más un trabajo de investigación y una reflexión sobre la fotografía, sobre su poder evocador, sobre su caracter narrador y recuperador de la memoria así como su condición de eterna mentirosa.
Ignacio Navas observó que en las fotografías familiares tomadas en su bautizo aparece él en los brazos de una desconocida, una chica joven que lo sostiene pero cuyo rostro le era desconocido. Preguntando entre los miembros de su familia fue tirando del hilo de una historia triste que es la de tantas personas jóvenes en la España de los años 80. Navas reconstruyó la historia de Yolanda, que resultó ser la pareja de su tío Gabriel y ahora la muestra en la galería “Raquel Ponce” cubriendo las paredes con fotografías familiares en las que aparece Yolanda, su tío u otras personas y escenarios cercanos. Entre las fotografías recopiladas aparece alguna tomada por el autor en las que reproduce algunos de los lugares en los que se desarrolló la historia reconstruida.
No es por tanto, como ya dije, una exposición de la obra de un autor, pero sí una muy interesante demostración del poder de la fotografía. Lo que eran copias olvidadas en algún cajón ahora son testigos de un drama, pero son testigos parciales, que cuentan la parte de la historia que les conviene, la que se muestra siempre en las fotos familiares, la de las sonrisas y los instantes felices pero que en una nueva lectura nos permiten asistir a la tristeza que se esconde detrás de la felicidad sólo aparente. Las fotografías son recuerdos, fragmentos de la realidad, pero son también ficción, son juez y parte.

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Isabel Muñoz
Eros y Ritos.
Las fotografías de Isabel Muñoz nunca disgustan pero acostumbran a producir impresiones muy diversas.
La muestra “Eros y ritos” recoge una serie de fotografías pertenecientes a diferentes series de la fotógrafa, y es esa condición de recopilación de trabajo ya realizado lo que puede desconcertar por la diferencia formal y conceptual de las fotos entre sí.
Vaya por delante que todas las fotos expuestas son excelentes trabajos a los que además acompaña un magnífico positivado, dando como resultado en conjunto un auténtico placer para los ojos del visitante.
Las primeras fotografías expuestas pertenecen a la serie Hijras y desde mi modesta opinión son las mejores. Los hijras son algo así como una casta especial en la India, hombres que han sido castrados y cuya identidad está a caballo entre lo masculino y lo femenino. Son retratos serenos, hermosísimos, en los que los hijras se muestran con toda su dignidad.
La siguiente serie se centra en máscaras precolombinas y para mostrarlas las coloca tapando el rostro de bailarinas que posan desnudas con el cuerpo cubierto de algo que parece barro o algún pigmento.
La tercera serie se centra en las Ñañitas, formas de rendir culto a la muerte en la ciudad de Bolivia y que, en mi opinión, son lo menos interesante de la exposición pero no por ello son malas fotografías.
Completan la exposición algunas fotografías de otras series, como la de los retratos que realizó a los Maras.
Por separado todas son buenas fotografías, cargadas de una belleza originada por su tratamiento formal y por la hermosura de lo retratado, pero en conjunto se echa en falta una mayor coherencia temática. Aún así es una exposición muy recomendable.

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Frantisĕk Drtikol
Desnudos modernistas, 1923 – 1929.
La calcografía nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando alberga la primera exposición en España de este fotógrafo checo, pionero destacado de la fotografía en su país y entre cuya obra destacan los desnudos.
Las fotografías mostradas en la calcografía muestran desnudos femeninos integrados en escenarios dominados por la geometría. Acompañan a las modelos enormes círculos, triángulos y otras figuras.
Las fotos de Drtikol son brillantes ejercicios de composición muy influidos por la estética del momento y movimientos como el Art Nouveau o el simbolismo. El desnudo en estas imágenes es una figura entre las demás, un pretexto para la toma de fotografías que transmiten serenidad y armonía.
Viendo estas imágenes tan armoniosas no sorprende que su autor abandonara la fotografía en el año 1935 para dedicarse a meditar y a estudiar textos budistas.

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