Fotografías de ida y vuelta

Pasamos hace ya tiempo del carrete al archivo virtual con alegría, entre alharacas y loas al progreso y a la comodidad que este traía consigo, tan sólo la voz de los nostálgicos o de los reacios a un nuevo aprendizaje sobresale de vez en cuanto entre el canto general que rinde culto a las maravillas de la fotografía digital.  Maravillas estas que son de diferente índole para según qué usuarios aunque hay aspectos en los que solemos coincidir todos, y uno de ellos es en la facilidad de almacenaje y archivo de las fotografías virtuales. Hemos pasado de reservar cajones enteros a almacenar negativos, hojas de contacto, copias y demás material físico, a tener nuestras fotos guardadas en una cajita negra llamada disco duro que es algo así como la caja de pandora por su capacidad mágica de almacenamiento de maravillas y desgracias. Sucede que aquellos negativos, copias y demás material tangible aún hoy sigue ocupando un espacio en algún armario, pero, ¿Qué ocurre con los archivos digitales? ¿Estamos seguros de que poseemos esas fotografías que en realidad no existen? Manejamos archivos, no objetos, y eso es cómodo, es rápido y barato, pero en un momento determinado, en base a quién sabe qué factores del azar, todo eso puede desaparecer de golpe, perder su existencia digital para ser nada, volatilizarse en una dimensión virtual. Recientemente he pasado por ese trance, no uno, sino dos discos duros de repente dejan de cumplir su función y sus archivos o desaparecen o son ilegibles y con ellos se van horas de trabajo, se va mi obra. Seguramente he perdido fotografías, diseños, ilustraciones. Una parte importante de mi obra no impresa se puede haber convertido en humo, en ceros y unos dispersos en la nada dejando una sensación similar a la de un robo, la misma indefensión y frustración. Cuando se trabajaba con carrete se hablaba de la imagen latente, esa extraña entelequia que sólo se materializaba al pasar por el proceso mágico del revelado. La técnica ha avanzado pero ahora todas las imágenes son latentes hasta que pasan por una impresora o similar, y en este caso el proceso no es obligatorio, con lo cual pasamos la vida haciendo y viendo imágenes que no existen. Me he puesto a filosofar sobre todo esto hoy llorando una posible pérdida pero pensando que la fotografía “física” no está menos expuesta a pérdidas y percances que la otra, como objeto tangible y móvil que es, y en este caso tal vez el hecho más prodigioso es el reencuentro de esas fotografías dadas por perdidas, y de este tipo de historias está llena la historia de la fotografía. Hablaré sobre algunos casos que conozco. La maleta Mexicana de Robert Capa. La historia de la ya mítica maleta comienza en 1939, cuando acababa la guerra en España y casi comenzaba una nueva en Europa. En aquél año, una serie de negativos que Endre Ernő Friedmann, conocido comoRobert Capa, había acumulado con fotografías de la guerra civil española, desaparecieron cuando el fotógrafo huyó de Francia para emigrar a los Estados Unidos por el miedo a ser internado por ser simpatizante de los partidos de izquierdas. Se trataba de más de cien rollos con fotos de Capa, de Gerda Taro y de David Seymour (Chim). Por aquél entonces, Capa pidió a su amigo, el fotógrafo Imre Weisz que guardara los negativos para evitar su destrucción por las imparables tropas alemanas y al parecer Weisz se los llevó dentro de una maleta a Marsella, ciudad en la que fue detenido para desde allí ser enviado a un campo de concentración el Argel. Pero por algún motivo no muy claro, antes de que Weisz fuera detenido, los negativos acabaron en manos del general mexicano Francisco Aguilar González, que entonces era diplomático de su gobierno en la ciudad francesa, y que al final optó por llevarlos a su país. NegativosPerdidosCapa El general seguramente ignoraba la importancia y procedencia de la maleta, y Weisz, que por azares del destino acabó viviendo toda su vida en México DF nunca hizo nada por recuperar aquellas fotografías que él supondría perdidas entre tantas otras pertenencias que la guerra se había tragado. Desapareció todo rastro de la maleta y nadie sabía de su existencia, tanto que ni siquiera aparecía en las biografías o recopilatorios de Capa. Pero en 1995, un sobrino de una hija del general Aguilar contactó con el International Center of Photography, fundado por el hermano de Robert Capa, Cornell, comunicando que había heredado una serie de negativos con fotos de la época en la que Capa trabajó en España. Sin embargo, el heredero del general que los poseía se mostró reticente a mostrarlos y el centro acabó por perder el contacto y el pequeño rastro de la maleta. Sin embargo, aquél suceso soltó la liebre y puso en aviso a algunas personas interesadas en la recuperación de los rollos y fue gracias a la cineasta Trissha ZIff que los negativos se localizaron de nuevo con mayor éxito en las negociaciones tras la promesa de que los negativos acabarían en un lugar adecuado. En aquellos negativos hay unas tres mil fotos en 127 rollos de película guardados en cajas de cartón perfectamente ordenados y clasificados, además de en estado de conservación ideal. Gran parte del contenido de esas cajas ha sido restaurado ya e incluso existe una exposición itinerante que muestra algunas de esas fotografías, pero aún hay mucho trabajo por hacer con la maleta mexicana, entre otras labores la de discernir quién es el autor de cada fotografía. Un trabajo fascinante que no hará sino añadir luz a la vida de Robert Capa y a su arte y, quien sabe, si tal vez algún día permita discernir el misterio de la autoría de la “Muerte de un miliciano”. El rostro del tiempo En el año 1955, la agencia Magnum estaba consolidada como la que sería una de las mejores, si no la mejor del mundo. Para avanzar un paso más en su consolidación y para reafirmarse en su intención de convertir el fotoperiodismo en un arte, Magnum decidió organizar su primera exposición colectiva. Titulada como “Gesicht der Zeit” (El rostro del tiempo) la muestra presentaba 83 obras de los maestros que integraban la agencia; Robert CapaHenri Cartier-Bresson, Werner Bischof, Ernst Haas, Erich Lessing, Jean Marquis, Inge Morath y Marc Riboud. La exposición se celebró en el Instituto Français de Innsbrück y después giró por varias ciudades austriacas hasta volver de nuevo al instituto, donde se le perdió el rastro. Durante muchos años la exposición estuvo desaparecida, perdida en una especie de limbo y nadie supo de su paradero e incluso de su existencia pues los organizadores fueron falleciendo y nadie en Magnum la buscaba, hasta que en 2006, el azar llevó a una trabajadora de la agencia a visitar el Instituto Français de Innsbrück y allí alguien le comentó que en los sótanos de la institución se guardaban unas cajas con el nombre de Magnum, después de bajar a ver qué era esas cajas se encontraron con que contenían la exposición íntegra, perfectamente conservada, etiquetada y clasificada, como si hubiera estado durmiendo esperando a que la despertaran.. Ahora, Magnum hace girar por el mundo aquella exposición rebautizada como “Magnum’s first”, no hace mucho que pudo ser visitada en Madrid. magnumc2b4s-first Las fotografías de Vivian Maier A estas alturas, todo el mundo ha oído hablar de la niñera fotógrafa, pero hasta hace bien poco,Vivian Maier era una total desconocida. En 2007, John Maloof se encontraba buscando documentación para un libro sobre Chicago y en una subasta se hizo con un archivo de fotografías que habían sido adquiridos por la casa de subastas en un almacén de muebles cuyo arrendatario había dejado de pagar el alquiler. Maloof reveló algunos de esos carretes para venderlos en la red, y en ese momento Allan Sekula contactó con él para impedir que se dispersara el material que tenía una calidad que Maloof no había sido capaz de apreciar. A partir de ese momento, John Maloof se dedicó al rescate de la obra de Vivian Maier. Gracias a esto podemos ahora disfrutar del trabajo de la niñera fotógrafa. Vivian Maier, hija de refugiados judíos, pasó casi toda su vida en Estados Unidos. A principio de los años 30, su padre abandonó a su madre y madre e hija vivieron por una temporada con Jeanne J. Bertrand, una fotógrafa surrealista que tal vez inició la vocación de Vivian. Maier no era fotógrafa profesional, se ganaba la vida con diferentes empleos, sobre todo siendo la niñera de una familia del North Side de Chicago después de haber viajado a diferentes países asiáticos. En sus contínuos paseos que la llevaban a casa de los niños que cuidaban y de vuelta a la suya realizó gran parte de sus fotografías que no revelaba porque no se lo podía permitir, pero no le importaba, seguramente para ella el resultado de cada foto era indiferente. Vivian Maier fotografiaba su entorno de forma compulsiva, pero no de una forma desordenada, sino cuidando cada fotografía y creando así un archivo privilegiado de tipos y personajes de su época. La suya es una mirada atenta que analiza y disecciona la sociedad que se muestra en las calles, es como un certero bisturí que extrae lo mejor, lo más jugoso de la vida y deshecha lo accesorio. Maier retrata su mundo en todas sus facetas, y ella es parte de ese mundo lo que le lleva a retratarse reflejada en espejos, escaparates y otras superficies reflectoras, siempre con un gesto hierático con la mirada atenta a su reflejo mientras sostiene su Rolleiflex a la altura del vientre. Los suyos son autoretratos sin planificar, ella caminaba y cuando encontraba su reflejo, lo retrataba, sin más, sin mayores pretensiones, como una constancia de su vida que era la vida de su ciudad. Vivian Maier falleció en 2008, viviía en la pobreza y los niños a los que cuidó en su día ahora le pagaban el alquiler del apartamento. Caminando resbaló y se golpeó en la cabeza, cuatro meses después falleció en una residencia de ancianos, a los 83 años, dejando un tesoro latente en un trastero de alquiler que por fortuna fue encontrado y sacado a la luz pero que igualmente podía haber desaparecido para siempre. simona Las fotografías perdidas de Agustí Centelles. Agustí Centelles es, sin duda, uno de los más grandes fotógrafos españoles y desde luego el que mejor retrató la guerra civil. Sus fotografías reflejan la realidad española en aquellos años mejor de lo que lo hiciera, por ejemplo, Robert Capa. En el año 2008, el Museo Nacional de Arte de Cataluña pidió a los hijos del fotógrafo imágenes de su padre que hubieran sido positivadas por él. Los hijos emprendieron una búsqueda en el laboratorio y allí se encontraron con una caja metálica de galletas en la que se conservaba una considerable cantidad de negativos y copias cuyo contenido suponía un reflejo de la vida política en tiempos de la guerra y los años previos. Entre estas fotografías destacaba una en la que aparecía el presidente de la Generalitat “Lluis Companys” preso en la carcel modelo de Madrid junto a otros miembros de su gobierno a la espera de ser juzgado tras la proclamación del estado catalán. Según explicaron sus hijos, el contenido de la caja venía determinado por aquellas fotografías que su padre no sabía como clasificar pese a que durante años archivó sus negativos de forma meticulosa. Además de la ya famosa caja de galletas, los hijos de Centelles encontraron copias de instantáneas que habían quedado escondidas en una finca de la barcelonesa Vía Laietana, de la que eran porteros sus suegros, fotografías familiares de antes de la Guerra y de los años 1945 y 1947, en los que la familia vivió en Reus y un rollo de negativos con edificios bombardeados en Reus y Falset, en los que, a diferencia de sus imágenes de los bombardeos de Lérida, no aparecen las víctimas. Si bien este no es un caso de perdida, sino más bien de olvido temporal, es otro ejemplo de lo caprichoso que es el azar en cuanto al devenir de algunas fotografías. dscn4700 Pero no todas las historias sobre fotografías perdidas y encontradas están relacionadas con los grandes fotógrafos, muchas veces son las fotografías sin dueño conocido o aquellas en las que se desconoce la identidad del retratado las que viven historias más fascinantes, y de esas hay muchas, surgen a diario y no dejarán de hacerlo. Ha sucedido más de una vez que alguien ha encontrado fotografías en las que el modelo retratado es alguien importante o famoso, y eso convierte un hallazgo trivial en un acontecimiento histórico. Sucedió cuando se encontraron fotografías inéditas de Adolf Hitler en un ático de California o cuando en el año 2010, dos libreros parisinos descubrieron una fotografía de Rimbaud en edad adulta. En un rastro de San Francisco se encontraron negativos con fotografías de David Bowie y en el años 2012 fueron halladas 45 fotografías de los Rolling Stones tomadas por un autor anónimo en una gira durante el año 1965. Mick-Jagger En ocasiones, las fotografías encontradas nos acercan momentos de la historia, como las fotografías tridimensionales de la primera guerra mundial encontradas dentro de una cámara anaglífica en las Cataratas del Niagara. O más prodigioso aún, el hallazgo de negativos congelados en la Antártida y que al ser revelados mostraron imágenes de una expedición de Ernest Shackleton.   original2-par spencer-smith__largest-no-more-than-580x630 (1) Aunque yo prefiero aquellas fotografías en las que el anonimato es absoluto, no se conoce el autor, ni al modelo, ni el momento, ni ningún dato. Hallazgos de fotografías domésticas o similares que cuentan historias de cada día, sin grandes nombres detrás de ellas pero es eso lo que las hace tan fascinantes. Ya escribí una entrada en este blog relativa a una caja de diapositivas que encontré donde hablo de la felicidad que produce un hallazgo similar, y es esta una felicidad compartida por muchas personas en el mundo, lo que ha dado lugar a la creación de sitios web y grupos en redes sociales dedicados a la recopilación de estas imágenes. De todos ellos dejo una lista de enlaces como colofón. Fotos históricas Colección de enlaces sobre fotos anónimas Fotos encontradas Fotografías en blanco y negro Proyecto “Olvidados” Found Photographs Fotografías encontradas Negativos encontrados, grupo de Facebook

Advertisements

3 thoughts on “Fotografías de ida y vuelta

  1. Hay casos de suerte y otros no , los miles de negativos de mi abuelo ( por no decir millones ) fueron a parar a la basura debido a la incompetencia de unos dueños o gerentes que al ver una habitacion llena de cajas ( de papel baritado que usaba mi abuelo) llenas de negativos pero ocupando mucho espacio decidieron tirarlas , mi abuelo era fotografo de un periodico local por lo que en sus negativos estaba la vida de ese pueblo durante mas de 40 años y esos 40 años acabaron asi en la basura y que yo tenga idea de ahi al basurero del pueblo por lo que adios a años de vida y de trabajo .

  2. Y se me olvidaba a mi se me estropearon 3 discos duros a la vez o 4 no recuerdo bien y encima eran los originales y las copias asi que adios a las fotos y siempre suelo tener copia del original pero este mundo es asi cuando la tienes la tienes y por mas que hagas te pillan igual .

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s