Café Lehmitz, cuando la condición humana cabe en un bar.

De entre las exposiciones que llegaron a la última edición de PhotoEspaña de mano de Alberto García Alix, hubo una que me impactó de una forma especial. Ya reseñé en este blog las fotografías que Anders Petersen tomó en el Café Lehmitz, aún así considero que este trabajo y el libro editado por La Fábrica merecen una reseña individual.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz)

Anders Petersen (Estocolmo, 1944) realizó sin pretenderlo el viaje más importante de su vida cuando se desplazó a Alemania en 1967 y, de modo accidental, decidió entrar en un café del barrio rojo Hamburgués llamado Café Lehmitz. Lo que ocurrió aquél día lo cuenta él con estas palabras:«Era la una de la mañana y yo estaba esperando a una amiga en el Café. El lugar estaba lleno de gente y no estaba sonando buena música. Un hombre se acercó a mí y me preguntó por mi cámara, que estaba sobre la mesa. Era una Nikon F y yo le dije que era buena. Él dijo: “Yo tengo una mejor”. Levantamos nuestras cervezas y brindamos por ellas. Entonces nos pusimos a bailar con algunas damas. De repente, me di cuenta de que un grupo de personas habían cogido mi cámara y estaban sacándose fotos unos a otros. Me acerqué y les dije: “Por favor, sacadme una a mí porque es mi cámara”. “Vale”, dijeron, y me la devolvieron. Así que me saqué algunas fotos –y así fue como empecé a fotografiar en el Cafe Lehmitz».
A raíz de esta anécdota, y dada la aceptación que recibió por los parroquianos del local, Petersen comenzó a fotografiarlos de forma reiterada. Los clientes del bar eran los habituales pobladores del barrio de Sankt Pauli;  prostitutas, travestis, proxenetas, delincuentes y otros deshauciados de la sociedad que habían encontradoun hogar en un bar que nunca cerraba. Las horas pasadas en el Café Lehmitz convirtieron a sus usuarios en una comunidad casi fraternal. Todos se conocían, se veían a diario y pronto desaparecieron las inhibiciones entre ellos, lo cual fue reflejado con maestría por el fotógrafo.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz)

Anders Petersen tomó sus fotografías en momentos diferentes. Las primeras fotografías las tomó cinco años después del incidente de la cámara. Durante dos años, de 1968 a 197o, su cámara captó con todo detalle la vida en el café, con todos sus matices, con sus miserias y grandezas. En ese tiempo el fotógrafo dormía en el café o en casa de Uschi, una de las prostitutas con la que trabó gran amistad. Se convirtió en uno más, en un alma en pena dentro de aquel purgatorio que aliviaba los pecados a golpe de cervezas.
En el cielo no hay cerveza, por eso la tomamos aquí” así rezaba un cartel en la entrada del Café Lehmitz, reflejando que el lugar era un paraíso para los desheredados, los que no podían optar a otros cielos. No hay en este trabajo condescendencia hacia los retratados ni tampoco hostilidad, hay cercanía, una empatía entre unos modelos y un artista que parecía estar retratándose a si mismo, desnudando su alma a la vez que desnudaba la de los clientes del bar.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz)

En los retratos de prostitutas, travestis o proxenetas no hay morbo ni un interés por lo escabroso o lo marginal, hay un documento tan sincero como exhaustivo de la cotidianeidad de aquella gente, o al menos de la actitud ante la cámara de unas personas que parecían dejar en la puerta del bar todo lo negativo en sus vidas y convivir en una aparente fiesta familiar eterna, una familia impúdica y hastiada. Y entre tanta belleza, el reflejo fidedigno de los estragos que una sociedad capitalista que condena a la miseria a los que no encajan en el sistema.
La primera exposición de las fotografías se realizó en el propio café en 197o. Fueron alrededor de 350 imágenes pegadas sobre el papel pintado que aparece en casi todas las imágenes. Petersen autorizó a sus retratados a llevarse las fotos en las que aparecían, al final sólo quedó una, la que le tomaron a él el primer día en que visitó el Café.
El Café Lehmitz ya no existe, pero queda el magnífico libro cuya primera edición se publicó en 1978. Ahora es icónico en la historia de la fotografía, sin lugar a dudas, uno de los mejores libros fotográficos publicados.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz)

Las fotografías de Petersen parecen fotogramas de un drama de Kaurismäki, ilustraciones de un libro de Bukowski o portadas de un disco de Tom Waits, y este ejemplo es literal pues una de estas fotografías fue portada del disco Rain Dogs.
Pasar las páginas del libro implica recorrer el café de mesa en mesa y conocer a cada uno de los clientes, a Paul la flor, a Inge la Lager, a Uschi la Ginebra, a Vanya y a tantos otros que han quedado retratados en sus rostros, en sus gestos y en lo más profundo de su ser, de su hastío y su supervivencia entre las cervezas que garantizaban el cielo en la tierra. Muchas de esas personas, como el propio café, han dejado de existir pero nunca caerán en el olvido porque en el libro queda el retrato más sincero de ellos, el que consiguió captar en la película mucho más que lo que la luz reflejaba. En esta obra magnífica se alternan los besos lascivos y los bailes a medianoche con los borrachos solitarios o las prostitutas tan viejas como impúdicas, y una tras otra, las fotos se clavan en la memoria de del afortunado que las contempla, aquél que al alcanzar la última página, se llevará una parte del Café Lehmitz consigo para siempre.

@ Anders Petersen (Café Lehmitz) Fotografía usada como portada del disco Rain Dogs


Reseña.
Café Lehmitz
Autor: Anders Petersen
Edita: La Fábrica
Texto introductorio: Roger Anderson
Traducción: José Antonio Torres Almodovar
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Pérez Siquier ESENCIAL

Publico una nueva reseña de un libro fotográfico de interés. Al igual que la anterior, esta ha sido publicada en www.camaramagazine.com

Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930) es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes fotógrafos españoles, lo cual le ha valido un reconocimiento internacional y también nacional pues fue premio nacional de fotografía en 2003.
Pero la obra de este maestro es desconocida para gran parte del público, tal vez por aquello de ser profeta en tierra propia. Tal vez para remedar este desconocimiento, tal vez sólo porque lo merece, ha visto la luz este libro que, como reza su título, resulta esencial para cualquier apasionado de la fotografía española.
El instituto de Estudios Almerienses de la Diputación de Almería y la Casa Museo “Casa Ibáñez “, en colaboración con los ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, el grupo Cosentino y la Ciudad Autónoma de Melilla se han unido para dar a luz esta obra de 400 páginas que reúne cerca de 300 fotografías del autor acompañadas por textos de Juan Manuel Martínez Robles.
Esta magna obra se encuentra organizada en base a bloques temáticos, cada uno con una entidad propia aunque la mirada particular de Pérez Siquier sea el común denominador en todos ellos.

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La Chanca. 1956 – 1965
Las fotografías en blanco y negro con las que se abre este primer apartado, muestran al barrio almeriense de La Chanca como un conjunto de casitas blancas desperdigadas en la falda de La Alcazaba como si fueran los juguetes de un niño, como cubos de un rompecabezas descompuesto. Pero este aparente juego escondía en aquellos años, y aún hoy aunque en menor modo, una bolsa de miseria que bullía de vida, la vida que las fotografías de Siquier captaron con precisión y pasión.
Hay en estas fotos de gitanillos felices algo del tipismo tan aplaudido por la oficialidad cultural de la época pero no exento de denuncia, una mirada agridulce, un desgarro que muestra la realidad detrás del folclore.
Entre las fotografías, algunas recuerdan a la serie “Spanish Village” de William Eugene Smith, pero no es en este caso la mirada de un extranjero la que fotografía la pobreza española de la época, sino la de alguien que se ha criado en Almería y conoce su realidad como pocos. Hay algo del documentalismo condicionado de Eugene Smith, pero hay mucho más del realismo luminoso de Antonioni.
Fotografías en blanco y negro, el blanco de las fachadas, el negro de las vestimentas, del luto eterno de los gitanos. Tanto importan en estas fotos las personas como los edificios, los objetos, el entorno en el que transita la vida de La Chanca, de toda España en aquél momento.
Y, de repente, aparece el color. Un color que incide en la decadencia, en la miseria. Son más tristes las fotografías que muestran el color vibrante de La Chanca, las que muestran la capas de pinturas sumadas en una misma pared y los mapas inciertos que esta dibuja al desprenderse que los retratos amables pero dramáticos de gitanos erráticos.

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Almería. 1956 – 1975
Almería es un pueblo que vive desde siempre la ilusión de ser ciudad. En ese delirio de grandeza tal vez no deseado vive una ciudad pequeña en su geografía y grande en su riqueza cultural.
Olvidada incluso por la Andalucía de la que estuvo a punto de desprenderse por aquellos vaivenes de la política, la ciudad vive una vida en comunidad, desinhibida y espontánea. En Almería, sobre todo en los barrios que abrazan el centro, la gente sale a la calle como al patio de su casa.
En las fotografías de Pérez Siquier aflora la vida de una provincia que se repliega sobre si misma y atrapa consigo el tiempo resignado a interrumpir su fluir.
Aparece en estas fotografías la Almería cotidiana, la que permanece ajena a grandes fastos y se ocupa de sobrevivir con éxito a cada nuevo día. Son los almerienses los que protagonizan esta crónica de su provincia por encima de la arquitectura o cualquier otro reclamo de turistas. Son las fotografías de lo bizarro y lo hermoso de una tierra pequeña que no necesita ser más grande.

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La Isleta del Moro. 1970
Actual refugio de hippies y otros escapados de la cárcel de las redes sociales, el tráfico y las hipotecas, La Isleta del Moro es un diminuto paraíso de casitas blancas y calas siempre vírgenes sumergido en una luz irreal.
Lo era ya en el año en que Carlos Pérez Siquier retrato la vida de sus habitantes, de los oriundos y de los que llegaban a ella en busca de su particular mundo feliz.
Es un reportaje calmado, empeñado en mostrar el lado idílico de una comunidad de pescadores y recién llegados, y lo es tanto que casi cuesta creerlo aunque sé que así es La Isleta del Moro como así es Almería, una isla de Nunca Jamás, no en los mapas sino en el alma.

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Retratos. 1958-2014.
Pérez Siquier fotografió de forma constante a sus amigos, a los fotógrafos del mítico grupo AFAL del que fue miembro destacado, a los pintores indalianos.
Se recogen aquí muchas de esos retratos, de las miradas clavadas en la cámara del fotógrafo almeriense durante su vida como autor.
Aparece Jesús de Perceval, el líder del movimiento indaliano, fotografiado en diferentes lugares y ambientes. Aparece el Psiquiatra José Arigo en un retrato que parece aquél que Cartier-Bresson hizo de Matisse pero en este no hay palomas, sino libros y cajas de medicinas.
Hay, entre todos ellos, uno que me gusta especialmente, el de un jovencísimo Ramón Masats, tomado en 1958, cuando sólo tenía 27 años y no era el señor de cabellera blanca que muchos hemos conocido, sino un fotógrafo del que ya se hablaba y se intuía que llegaría a ser uno de los grandes nombres de nuestra fotografía.

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La Playa. 1972-1996
Son estas las fotografías por las que muchas personas identifican la obra de Pérez Siquier fuera de Almería. Esta es la serie en la que su mirada cambia, se hace más certera y mordaz, y es sobre todo la serie de fotografías en las que el color entra en su vida para quedarse.
Con un planteamiento estético cercano a Stephen Shore o a William Egglestone. En el espejo de estas fotografías se reflejaría algún año más tarde Martin Parr
Para las fotos de playa, Pérez Siquier abandona cierto tipismo documental para adentrarse en lo estrafalario que es parte de la identidad mediterránea pero sin abandonar el respeto por lo fotografiado.
Sus fotografías muestran la desinhibición de veraneantes y otros pobladores de la arena ardiente, aquellos que acuden allí a dejar que el sol se apodere de sus cuerpos.
No sólo el color es protagonista, también lo es la simetría y una muy cuidada composición. Bañadores de colores estridentes, atiborrados de carne humana, componen bodegones bizarros, como fetiches pseudo-eróticos de los adoradores del olor a bronceador o a sardinas asadas en un chiringuito.
En un momento de su historia en el que Almería se abría al turismo extranjero y las playas comenzaban a mostrar un sarpullido de alemanas o las famosas suecas exuberantes y exentas de tabúes, Pérez Siquier se centra en la mujer mediterránea, en sus curvas, en sus excesos, en la celulitis y en las varices que, atrapadas por su lente, son fuente de belleza.

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Color del Sur. 1980 – 2012
Color, y geometría, como protagonistas omniscientes. En estas fotos es más Egglestone. Pero eso no significa que su mirada no sea particular, al contrario, aquí el maestro demuestra su singularidad capturando la luz mediterránea a través de retratos de objetos que estallan ante la mirada del espectador como un espectáculo de pirotecnia geométrico y colorista que tiene algo de sublime.
En sus fotografías de coches enfundados y paredes de colores está Almería y están otras partes de Andalucía, está lo que las une, la luz, el color, una fuerza vital única.

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Informalismos. 1990 – 2000
Si en las fotos tomadas en la playa la mirada de Pérez Siquier se había vuelto más concreta, más centrada en lo particular, ahora reduce aún más su campo y son los detalles los que conquistan su lugar en la obra del autor almeriense.
Pérez Siquier acerca su cámara a las paredes del sur, a las manchas de pintura, a los relieves de sucesivos encalados, los trazos ilegibles pero caligráficos de la pintura en las paredes de casas derrumbadas. Cal, barro, pintura, sombra y luz rozando la abstracción. Y entre todas las fotos, una que me fascina e inquieta desde la primera vez que la vi hace ya muchos años. La tomó en Nijar en 1992 y no deja de atrapar mi mirada un conejo sobre una pared que no sé si está disecado, sólo muerto o vivo a punto de escapar de un violento salto.

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El viaje. 2001-2002.
La crónica de un viaje, o de la suma de muchos, en fotografías tomadas en el tren, desde el tren, en espacios de tránsito.
Fotografías movidas, impresiones fugaces, fogonazos de luz que son retazos de historias inconclusas.
Aquí, Carlos Pérez Siquier parece otro fotógrafo, más cercano a la fotografía Instagram, seducido tal vez por la inmediatez de lo digital que siempre induce a explorar nuevos campos.

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Resumiendo, este es un libro magnífico que no nos llega de manos de ninguna editorial especializada, como suele ocurrir, sino de instituciones y organismos oficiales empeñados en realizar una tarea divulgativa impecable sobre la obra de un paisano. Ocurre esto tan poco a menudo que de por sí ya es motivo de celebración, y este regocijo es doble cuando uno se sumerge en la luz mediterránea que emana de las fotografías de Carlos Pérez Siquier.

Datos de interés:
Edita: Museo Casa Ibáñez y el Instituto de Estudios Almerienses. (I.E.A)
Colaboran: Consejería de Cultura de la Ciudad Autónoma de Melilla, Ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, Empresa Cosentino S.A
Texto: Juan Manuel Martín Robles
Digitalización y retoque fotográfico: Carlos De Paz
Diseño: Andrés García Ibáñez
Maquetación e impresión: Cartel C.B. de Olula del Río
ISBN: 978-84-8108–584-6

 

Viajes fotográficos en la carretera por Norteamérica

Poco a poco quiero dedicar entradas de este blog a hablar de libros fotográficos o sobre fotografía que en mi opinión lo merezca.
Comienzo con la reseña de un magnífico libro que he publicado en www.camaramagazine.com.

Estados Unidos es un territorio inmenso donde hay lugar para todo tipo de escenarios, donde caben todas las estaciones a la vez, todos los paisajes y todos los tipos humanos y todo ese entramado de prodigios simultáneos se vertebra a través de sus carreteras.
Inmensas, interminables, rectas, monótonas y a la vez simultáneas, las carreteras dan sentido al país, actúan como un sistema linfático que trae y lleva a los americanos en el trasiego entre sus dichas y sus penurias y mantiene con vida la unión de cincuenta estados.
La importancia de las carreteras para los Estados Unidos la tuvieron muy presente todos aquellos fotógrafos que se subieron en un coche y se adentraron en el laberinto de asfalto para plasmar con sus cámaras la intrahistoria de los norteamericanos. De algunos de ellos se ocupa el libro “En la carretera, viajes fotográficos a través de Norteamérica” que acaba de publicar la editorial “La Fábrica

Foto-inicio-textoLa Fábrica” nos tiene acostumbrados a un muy alto nivel en sus publicaciones. Todos sus libros demuestran un amor por la fotografía que se plasma en forma de excelentes ediciones, pero tal vez sea este el mejor de sus trabajos recientes y digno de ser tenido en cuenta de forma especial.

Este libro habla de Estados Unidos, de sus carreteras, de sus gentes, pero también habla del viaje como iniciación, como forma de descubrimiento continuo, como método de ruptura con el pasado y camino decidido hacia la incógnita del futuro. El trabajo de los fotógrafos seleccionados nos muestran una américa que no vemos en lo que nos llega de Hollywood pero que se intuye. Es la américa de los americanos, la del día a día, la más cotidiana exaltada en su gloria y no olvidada en su miseria.
El libro es de por sí un objeto bello, desde el diseño no fotográfico de su portada hasta cada una de sus páginas, pero su contenido lo convierte en la obra imprescindible que ya es.
David Campany es el coordinador y autor del libro.
El historiador de la fotografía, comisario y artista londinense pone de nuevo en negro sobre blanco su amor por la fotografía norteamericana, como hiciera en “Arte y fotografía” una pequeña Biblia sobre el arte de Niepce en Los Estados Unidos. En el texto titulado “Breve historia del largo camino” hace un repaso a la historia de las carreteras y el transporte por esas vías en Estados Unidos y después repasa con maestría la trayectoria de lo fotógrafos que las han recorrido así como de las “Road movies” que han tratado el tema.

Lo que sigue al texto introductorio es una selección de fotógrafos y fotografías que hay que disfrutar con calma, empapándose de arte a cada nueva página.

ROBERT FRANK
“Los americanos”, la obra clave en la carrera de este fotógrafo, se ve reflejada con una selección de fotografías en las que Frank retrata la Norteamérica de su época, la más cotidiana, la más dura incluso aunque la suya no es una mirada amarga, al contrario, está llena de amor por su país y sus gentes

robert-frank
ED RUSHA
“Veintiséis gasolineras” es un libro que Ed Rusha publicó en 1962 en el que fotografía veintiséis estaciones de gasolina situadas en la famosa Ruta 66. Con el retrato sobrio de cada uno de estos establecimientos está retratando la esencia de las rutas internas norteamericanas, su sobriedad, su soled incluso, y desde luego deja una constancia de su época a través de la arquitectura y la publicidad que perdurará para siempre.

ed-ruscha

INGE MORATH
La fotógrafa austriaca miembro de Magnum fue invitada junto a otros ocho miembros de la agencia para documentar el rodaje de la película de John Huston “The Misfits”. Al acabar el trabajo, realizó un viaje de regreso junto a Cartier-Bresson y su máquina de escribir, el resultado es un conjunto de fotografías y textos que se publicó como “La carretera de Reno”. Las fotografías reflejan lo que ella encontró y los textos dejan constancia de sus impresiones, el resultado ya es historia.

inge-morath
GARRY WINOGRAND
El maestro de la fotografía callejera encontró en sus viajes por las carreteras estadounidenses la ocasión perfecta para captar la vida y lo hizo con un trabajo que supuso el paso de la fotografía publicitaria o eventos hacia aquella que lo incluyó en la historia de la fotografía. Cruzando catorce estados en un Ford Fairlane, gastó quinientos cincuenta carretes y encontró su vocación realizando un trabajo inolvidable.

Gary-Winogrand
WILLIAM EGGLESTON
El pionero y maestro del color también se dejó seducir por las carreteras y por el viaje a lo largo de Norteamérica. En su obra “Los Álamos”, resultado final de tomar más de dos mil doscientas imágenes entre los años 1965 y 1974, Eggleston se confirmó como el maestro de lo cotidiano, como el especialista en magnificar lo insignificante. Sus composiciones geométricas y su amor por el color están reflejados en estas fotografías.

Untitled, n.d., from Los Alamos, 1965-68 and 1972-74
LEE FRIEDLANDER
En “El monumento americano”, Friedlander fotografía estatuas situadas a lo largo de todo el país. Estatuas y efigies de todo tipo erigidas en honor de los héroes de la nación o de personajes casi desconocidos están distribuidas a lo largo de un país muy dado a la adoración por sus personajes más destacados.
Pero la intención de Friedlander no era retratar estos monumentos, en su mayoría aburridos e insignificantes. Junto a cada estatua aparece la vida norteamericana, su entorno, y en ocasiones estos son más protagonistas que el sujeto original de la imagen. Una forma original y única de retratar la idiosincrasia de una nación.

Lee-Friedlander

JOEL MEYEROWITZ
El automóvil es un medio de transporte pero también es un parapeto. La ventanilla indiscreta del coche convierte al ocupante en un voyeur que observa a través del cristal como quien mira el resultado de la grabación de una cámara oculta, con la misma sensación de distancia a pesar de la presencia real. Así actúa Meyerowitz, se sitúa en su coche y se transforma en el gran espía, el mirón absoluto que registra lo que aparece al otro lado de la ventanilla y a su vez le cuenta al mundo cómo es realmente esa nación.

joel-Meyerowitz
JACOB HOLT
Holt es danés, su origen es un país distante de Norteamérica no sólo en la distancia física, sino también social. Tal vez por ello, durante los cinco años que estuvo haciendo auto stop por Estados Unidos sobreviviendo con lo que sacaba de vender su plasma a bancos de sangre, retrató la vida de las cuatrocientas catorce familias que le acogieron y su entorno, casi todas ellas humildes e incluso muy pobres.
Inició su viaje sin vocación fotográfica pero el relato de sus experiencias a sus padres por correo llevó a estos a enviarles una cámara con la que comenzó el retrato de la Norteamérica más dañada, de las víctimas del sistema, los alejados del American Way of Life devolviéndoles la dignidad que el capitalismo les negaba, en forma de crónica dura y descarnada, pero no ausente de belleza.

Jacob Holdt - Bilder aus Amerika
STEPHEN SHORE
Los “Lugares poco comunes” de Shore en realidad eran los más comunes en los Estados Unidos cuando se decidió a fotografiarlos con su particular mirada, pero no lo eran para la fotografía de la época que aún consagraba al blanco y negro y negaba al color el acceso a los museos y otros ámbitos artísticos.
En las fotografías de Shore, Estados Unidos se muestra como un país Kitsch, poco dado al gusto estético y seducido por los nuevos materiales industriales, los tubos de neón, los adornos grandilocuentes y los colores pastel.
Estas imágenes no sólo dignificaron la fotografía en color sino que hicieron que los americanos volvieran la mirada hacia sí mismos e hicieran un particular examen de conciencia plástica.

stephen-shore
BERNARD PLOSSU
El fotógrafo francés (Nacido en Vietnam) fotografió durante alrededor de veinte años los entornos de las carreteras norteamericanas desde su coche captando la luz y las gentes del sudoeste. Retrató los paisajes áridos, las escenas cotidianas de los lugares donde siempre es verano, lo extraño y lo cotidiano, los pueblos fantasmas y los últimos coletazos del movimiento hippie, la vida relajada del sur y el peso del sol.

Phoenix, 1980
VICTOR BURGIN
Las fotografías de Burgin, con los textos sobreimpresos que escribió para cada una de ellas, parecen extractos de periódicos, mutilaciones de algún diario norteamericano del que no ha quedado más que la imagen y el pie de foto, pero lejos del estilo periodístico, hay literatura en cada una de sus fotos, hay una historia narrada en el texto y en la imagen, hay un retrato de una generación educada por la publicidad y los medios visuales.

victor burgin

JOEL STERNFELD
Sternfeld fotografía la vida diaria de las familias de clase media norteamericana, sus vehículos, sus casas, sus actividades de ocio. Pero en cada una de sus fotografías hay un elemento perturbador, algo que no encaja pero que es real, no añadido por el artista.
Una urbanización idílica al pie de una gigantesca brecha donde ha caído un coche. El bombero comprando calabazas mientras al fondo arde una casa. El elefante renegado y agotado en una carretera cualquiera. Cachalotes varados en una playa. El bebé casi olvidado dentro de su parquecito portátil mientras los adultos se asoman a la presa del Cañón de Glen.
Todas sus fotos parecen escenas familiares tomadas por cualquier familia en su día libre pero cuando ponemos algo de atención salta un resorte en nuestra mente y todo se nubla.

joel-sternfeld
SHINYA FUJIWARA
Las imágenes de Fujiwara aportan una mirada oriental al libro. Esta fotógrafa ha retratado con su cámara muchos países, sobre todo lugares como la India o el Tibet. Para fotografiar los Estados Unidos recorrió el país en una caravana, pues para ella son los nuevos vagones y posó su mirada en su entorno, recogiendo todo tipo de instantes pues todo llamaba su atención aunque en cada imagen hay algo extraño y fuera de lugar. Alguna foto me recuerda a Moriyama por el tratamiento del blanco y negro o por el encuadre pero su originalidad es indiscutible.

SHINYA-FUJIWARA
ALEC SOTH
“Durmiendo a orillas del Mississippi” es el resultado del tiempo que Soth dedicó a fotografiar su estado natal, Minnesota. Un territorio alejado de las rutas principales, carente de la luz del sudoeste y menos interesante para algunos ojos, no así para los de este fotógrafo que, fotografiando un estado estaba captando la esencia de todo un país.

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TODD HIDO
La repetición de unos pocos esquemas elementales parece ser la base en torno a la cual se estructura la arquitectura doméstica norteamericana. Las casas de madera repiten patrones a lo largo de todo el país y esa monotonía es al que retrata Hido dese su coche otorgando a las típicas viviendas con tejados a dos aguas y a los paisajes que las circundan una nueva dimensión que raya en lo onírico merced al uso del color y a esa niebla misteriosa que aparece en casi toda su obra. Una niebla que, muchas veces, no era más que su propio aliento sobre la ventanilla del coche.

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RYAN MCGINLEY
Ver las fotografías de este reportaje que es real sólo a medias produce un efecto lisérgico en el espectador. Las imágenes de estos jóvenes que desnudos o semidesnudos recorren las carreteras en una suerte de viaje iniciático confunde al espectador merced a una suerte de hipnosis que atrapa desde la primera imagen y que aumenta ante la irrealidad meditada de cada fotografía. Uno no sabe si todo es un gran montaje o es un sueño hippie convertido en realidad. Eso sí, la impresión de estar ante una obra inigualable en cuanto a su belleza se aferra al espectador como la más real de las sensaciones.

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JUSTINE KURLAND
Las fotografías de Kurland no son las de alguien que recorre las carreteras, sino la de alguien que vive en ellas. Ella y su hijo Casper recorrieron las rutas norteamericanas en una furgoneta adaptada a la vida en ruta y allá por donde pasaron fotografió a otros que, del mismo modo, habían decidido hacer de la carretera su hogar en una forma de vida alternativa y libre, sobre todo libre. Los “Outsiders” que aparecen en sus fotografías son la otra Norteamérica, la que vive al margen de cánones establecidos, la que ha conocido un significado diferente de la palabra libertad.

Claire, 8th Ward, 2012
TAIYO ONORATO Y NICO KREDS
Las carreteras fotografiadas por Onorato y Kreds no existen, bueno, sí, pero no del todo, no como aparecen en las fotografías. Son carreteras inventadas sobre otras reales, son ficción y realidad confundidas. Donde está lo real y donde lo imaginado es el juego que proponen las imágenes que forman parte de “El gran irreal”, el libro que publicaron en 2009 y que da un nuevo significado a la fotografía de carretera.

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Para concluir, el libro se completa con mapas que reflejan los itinerarios de algunos de los fotógrafos reseñados siendo el remate perfecto a una magnífica obra que recomendamos como imprescindible en cualquier biblioteca fotográfica.

Viajes fotográficos en la carretera a través de Norteamérica.
25×29 cm
336 páginas
Prólogo: David Campany
ISBN : 978-84-15691-82-2″