Joan Colom, adiós al maestro.

Acaba de fallecer Joan Colom, el fotógrafo que reunía en su persona dos características antagónicas; ser uno de los más grandes de nuestra historia fotográfica y uno de los más desconocidos.
Considero oportuno reseñar algún detalle de su biografía.
Joan Colom

© Joan Colom

Colom nació y vivió en Barcelona, y se convirtió en un cronista meticuloso de la vida en la ciudad condal. Habitante del barrio chino en los años cincuenta, Joan Colom empleaba los ratos libres que le proporcionaba su oficio de contable para salir a las calles y fotografiar su entorno vital.
Casi a escondidas, con una cámara que se refugiaba furtiva entre sus ropas, fotografiaba todo lo que se encontraba, sin distinguir clases sociales o profesiones.
En sus fotografías del barrio chino hay amor por la vida y un tremendo respeto por sus fotografiados. Pasión por la vida en las aceras y amor por la fotografía. Por desgracia, no todos lo vieron así, y ello le acarreó problemas serios.

© Joan Colom

Como fotógrafo, Joan Colom llevaba una vida discreta, más bien fotografiaba por placer, si bien tuvo contacto con actividades fotográficas que fueron definitorias de su trayectoria. En el año 1957 pasó a formar parte de la Agrupación Fotográfica de Catalunya y en 1960 participó en la creación del grupo artístico El Mussol.
Fue el contacto con la AFC lo que le animó a retratar las calles, inspirado por algunos coetáneos tales como Ramón Masats, Javier Miserachs u Oriol Maspons, los maestros del reporterismo y la fotografía humanista, tan relacionados con AFAL.

Joan Colom - La mirada de polifemo© Joan Colom

Sus fotografías del barrio chino se expusieron por primera vez en el año 1961, dentro de la sala Aixelá, con el título de “El Carrer” (La Calle), que ya era una declaración de intenciones. Esta muestra de sus imágenes le procuró fama entre los que fotógrafos que admiraban su trabajo. Fue Oriol Maspons quién le animó a hablar con Esther Tusquets, editora de Lumen, para mostrarle sus fotografías.
La editora no tardó en encontrar motivo para la publicación de un libro. En la editorial consideraron que el libro debía ir acompañado de un texto, que encargaron a Camilo José Cela.
Cela escribió un texto centrándose en las muchas prostitutas que aparecían en las fotografías del barrio chino y obviando las demás. Tituló al libro “Izas, rabizas y colipoterras” en uno de sus alardes de conocimiento del castellano, pues son tres sinónimos de la palabra “Prostituta”. En el libro sólo se mostraron las fotografías que tenían alguna relación con la prostitución, desaparecieron los niños, los obreros y tantas otras. Se publicó en 1964 y con él llegó la gloria y el escándalo.

Joan Colom - La mirada de polifemo© Joan Colom

Una de las prostitutas, Eloísa Sánchez, presentándose como camarera hija de un militar y director de prisiones en Valencia, presentó una denuncia contra el libro, el fotógrafo y el autor del texto, reclamando un millón de pesetas.  Parece ser que en realidad, esta mujer era amante del comisario del barrio chino, y que fue este quien amenazó al fotógrafo si volvía a hacer fotos en su barrio.
Sea como fuere, aunque el día del juicio ella no se presentó y la causa fue sobreseída, Joan Colom pasó treinta años retirado de la fotografía.
Renunció a la fotografía, perdió todo interés y no regresó a su arte hasta pasada su jubilación. De esa época destaca su experimentación con el color y sus imágenes sobre la Barcelona Olímpica, que mostraban una cara oscura diferente a la oficial.

Aún así, el fotógrafo deja un legado de magníficas fotografías, editadas en diferentes libros que le hicieron merecedor del Premio Nacional de Fotografía (2002), la Medalla de Oro al Mérito Cultural del Ayuntamiento de Barcelona (2003), el Premio Nacional de Artes Visuales (2004) o la Creu de Sant Jordi (2006) entre otros premios y galardones.
En el mes de diciembre del año 2013, el MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluna) montó una exposición retrospectiva con el título “Yo hago la calle” mostrando más de 500 fotografías.

La obra de Joan Colom está presente en libros o en internet. Yo he obtenido algunos de estos datos de “La calle en un instante“, un magnífico documental sobre la fotografía de calle en España, imprescindible para cada fotógrafo amante de la fotografía callejera.

Enlaces de interés.
Cronología de la obra de Joan Colom
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Afal, una publicación y una época.

Hace tiempo que participo en la revista Abre el Ojo que edita en formato digital el Instituto Europeo del Diseño.
Hasta ahora mi temática ha sido el cómic clásico, pero a partir del último número ampliaré la temática a otros campos, entre ellos la fotografía.
Para comenzar mi serie de artículos sobre fotografía en la revista he elegido Afal, la revista y asociación almeriense a la que tanto le debe la fotografía española.

Reproduzco el artículo a continuación si bien aconsejo consultarlo en la revista y echar un vistazo a todo su contenido siguiendo el enlace publicado al final de esta entrada.

AFAL, UNA PUBLICACIÓN Y UNA ÉPOCA

La fotografía, presente por lo general en exposiciones temporales, galerías y ferias o certámenes como PhotoEspaña, tiene sin embargo poca cabida en los museos y en sus colecciones permanentes. Salvo excepciones como la colección de Fundación Telefónica, que además no se expone de forma duradera, poco podemos ver del arte de Niepce en los museos.
Hace pocos años, el Museo Reina Sofía de Madrid comenzó a destacarse fuera de esa tendencia incluyendo a grandes maestros de la fotografía española en su salas permanentes y en su programación temporal. Ahora ha vuelto a hacerlo creando una sala dedicada en exclusiva y de forma permanente al Grupo AFAL.
Esta decisión por parte del museo hace justicia a esta asociación a la que pertenecieron algunos de los más importantes fotógrafos españoles y que, a pesar de su gran importancia, es bastante desconocida fuera de ámbitos fotográficos.
El Grupo AFAL, acrónimo de Asociación Fotográfica Almeriense, fue fundado en el año 1950 como una asociación que buscaba la difusión de la fotografía. Su fundación obedeció a una tendencia de la época que generó agrupaciones fotográficas en toda España; antes de la Guerra Civil apenas existían la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, la Agrupación Fotográfica de Cataluña y poco más. Sin embargo, en 1960 ya se contaban más de treinta.

Fotografías y material gráfico expuesto

Un detalle de la nueva sala en el Museo Centro de Arte Reina Sofía


La Asociación Fotográfica Almeriense inició su andadura, como tantas de su categoría, reuniendo a un grupo de aficionados que compartían su pasión por la fotografía, hasta que en 1955 se nombró presidente a José María Artero García y secretario a Carlos Pérez Siquier. Estos nombramientos trajeron un nuevo planteamiento de la filosofía de la asociación, que ahora bebía de las tendencias y corrientes que imperaban en el extranjero, y que impulsaron la decisión de editar una revista que diera cabida a esas nuevas tendencias. En aquel momento, tras el nacimiento de Arte Fotográfico en el año 1952, las revistas fotográficas apenas si pasaban de meros boletines. Pero Arte Fotográfico se centraba más en la fotografía de inspiración pictorialista o academicista, lo cual motivó que en enero de 1956 naciera la revista AFAL.
Este primer número, con formato de boletín similar a los que editaban otras agrupaciones, como el Sombras de la Asociación Fotográfica de Madrid, algunos editados por la Agrupación Fotográfica de Cataluña o el Foto Club de Valencia, seguía la misma línea de sus predecesores, pero a partir del número cuatro la revista cambió su dirección pasando a ser una publicación centrada en la fotografía documental y humanista. La existencia de una revista de estas características dio paso a que un buen número de grandes fotógrafos encontraran un espacio para difundir sus fotografías; y así fue hasta que la revista publicó su último ejemplar en 1963, si bien en los números publicados entre 1959 y 1963 el cine ocupó un espacio considerable dentro de sus páginas.
A partir del número cuatro la revista cambió su dirección pasando a ser una publicación centrada en la fotografía documental y humanista. La existencia de una revista de estas características dio paso a que un buen número de grandes fotógrafos encontraran un espacio para difundir sus fotografías
En el año 1958 se publicó el Anuario de la Fotografía Española que obtuvo una importante difusión y algún enfrentamiento con los censores a causa de algunos desnudos publicados. La tirada de este anuario fue de 2500 ejemplares, algo extraordinario en aquel momento. A lo largo de su existencia, AFAL organizó eventos como el Salón de Invierno de Almería, una exposición itinerante del fotógrafo Otto Steinert o algunos proyectos en colaboración con el célebre Club Fotográfico de París Les 30 x 40.
Las actividades de AFAL dieron un impulso a la fotografía nacional y a la provincia en la que tenían lugar, alejada en esa época de los eventos culturales. Para resaltar la influencia que este colectivo tuvo en la fotografía y la cultura española, cabría destacar que gracias a la revista se pudo ver en nuestro país el trabajo de autores como Henri Cartier-Bresson, William Kelin, Robert Frank y Steinert, entre otros. Además, dieron a conocer en el extranjero a los fotógrafos españoles: tal fue su importancia que Edward Steichen invitó a algunos de los participantes a una exposición fotográfica mundial celebrada en 1959 en el MoMA de Nueva York. Sin embargo, este reconocimiento no los convirtió en profetas en su tierra y en España la crítica especializada no valoró positivamente su publicación u otras similares.

Material gráfico y documental expuestoMaterial gráfico expuesto en la sala dedicada a Afal en el Museo Centro de Arte Reína Sofía

Hasta que apareció la revista Nueva Lente, las publicaciones fotográficas no encontraron el espacio que merecían. AFAL desarrolló su actividad durante una dictadura que intentaba ocultar al mundo las condiciones de pobreza en las que vivía el país y, de este modo, todo aquello que contribuyera a documentar esa realidad y ponerla de manifiesto se consideraba sabotaje. Esto provocó que la revista tuviera serios problemas, pero aun así se publicó hasta 1963 con un total de 36 números. Poco después el grupo se disolvió.
En 2006, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo realizó una exposición titulada “AFAL. El Grupo fotográfico 1956/1963” acompañada de un seminario en el que se analizó la influencia de AFAL en la fotografía española.
Los fotógrafos que publicaban en la revista tenían diferentes orígenes y sus trabajos definían con claridad el estilo de cada cual. No constituían un grupo homogéneo que siguiera una tendencia determinada, más bien coincidían en una filosofía y les unía una serie de “peculiaridades que la hacen independiente, soberana de su propio campo de expresión y con posibilidades inéditas no soñadas ni explotadas por otras artes más antiguas en el tiempo”, según se describieron en la publicación. Realizaban una fotografía humanista: el ser humano era el centro de su trabajo aunque no descartaban temas como paisajes o naturalezas muertas a los que trataban con la misma pátina humanista e intimista.
Fueron muchos los fotógrafos que pasaron por las páginas de AFAL, muchos los grandes nombres entre los que se encuentran Gabriel Cualladó, Joan Colom, Ramón Masats, Pago Gómez, Carlos Pérez Siquier, Alberto Shommer, Ricard Terré, Oriol Maspons, Francesc Catalá Roca, Julio Ubiña, Xavier Miserachs, Gerardo Vielba, Ramón Barqués, Leopoldo Pomés, Francisco Ontañón y otros de los grandes precursores de lo que hoy, con el afán etiquetador anglosajón que nos invade, se denomina Street Photography, pero que entonces no era más que un interés maravilloso por captar la vida en toda su magnitud, lejos de modas y cerca del corazón. De aquellos fotógrafos, todos destacables, considero oportuno reseñar algunos nombres:

Carlos Pérez Siquier
Fundador de la agrupación junto con José María Artero, así como de la revista, es el único almeriense entre los más célebres. Sus fotografías del barrio de La Chanca le dieron la fama por su enfoque humanista y cercano de un barrio marginado, si bien fueron sus fotografías de veraneantes en la playa o de los rótulos y paredes mediterráneos las más conocidas por el público, por su novedad en su día (se anticipó a autores similares como Martin Parr) y por su tremenda fuerza visual.

Pérez Siquier© Carlos Pérez Siquier

Oriol Maspons
Oriundo de Barcelona, como muchos de los que publicaron en AFAL, se formó como fotógrafo en París, donde se empapó de las tendencias imperantes en Europa. Su fotografía se encauzó a terrenos como la moda, la publicidad y el retrato, trabajando para publicaciones prestigiosas, como Gaceta Ilustrada. Sus imágenes eran sencillas pero cargadas de fuerza.

Maspons© Oriol Maspons

Joan Colom
Nacido en Barcelona, es uno de los más grandes nombres de la historia de la fotografía española. Trabajando como contable, aprovechaba sus ratos libres para fotografiar casi a escondidas el barrio chino de Barcelona, por ser el vecindario en el que habitaba. Sus fotografías captan la vida en la calle, están llenas de amor hacia las personas que aparecen en sus fotografías y a las que retrató desde el respeto.

Joan Colom

© Joan Colom

Ricard Terré
También catalán, pintor y caricaturista en sus inicios, se colgó la cámara al cuello en 1955 y se lanzó a fotografiar la calle. Es el fotógrafo de las procesiones y los eventos religiosos, donde retrató a los participantes buscando lo anecdótico sin faltar al respeto y al espíritu del mejor fotorreportaje. Su imagen de la niña bizca vestida de comunión es el mejor ejemplo de su obra y de todo el espíritu del Grupo AFAL, del que fue miembro desde su comité directivo.

Ricard Terre

© Ricard Terré

Francisco Ontañón
Nació en Barcelona, realizó un buen número de portadas de discos, pero su trabajo en sus reportajes fotográficos es sin duda lo mejor de su carrera. Fue uno de los fundadores de La Palangana, el grupo “rival” de AFAL, y formó parte del equipo del diario El País y recibió el premio Nacional de Periodismo Gráfico.

Francisco Ontañón© Francisco Ontañón

 

Ramón Masats
Fotógrafo catalán nacido en 1931. Ingresó en el Grupo AFAL acompañado por Xavier Miserachs y Ricard Terré. Maestro de la fotografía humanista, recibió en 1956 el Premio Luis Navarro de Fotografía de Vanguardia y trabajó como fotógrafo para La Gaceta Ilustrada. También fue miembro del grupo La Palangana, antes de serlo de AFAL. Aunque trabajó en formatos cinematográficos y Televisión Española -emitió algunos trabajos suyos de gran importancia como Los Ríos o El Prado Vivo-, su medio de expresión natural fue la fotografía, donde destacó de forma especial.

Masats

© Ramón Masats

Gabriel Cualladó
Valenciano nacido en 1925, mostró sus primeras fotografías en 1951. Desde 1956 formó parte de la Real Sociedad Fotográfica e ingresó en el Grupo AFAL. Inició su gran carrera con el premio de honor del salón nacional de la Real Sociedad Fotográfica. Además, también fue integrante de La Palangana para evolucionar y no estancarse en el documentalismo. Consiguió una gran cantidad de premios entre los cuales se encuentran el Trofeo Luis Navarro de Fotografía Vanguardista o el Premio al Mejor Retrato de la Fotografía de Sandes (Noruega).

Cualladó
© Gabriel Cualladó

Alberto Schommer
Fotógrafo de Vitoria nacido en 1928. Por imposición de su padre, se dirigió al retrato, terreno que mejor conoció en su trayectoria fotográfica. En 1959 se unió al Grupo AFAL. En sus retratos hay tanta presencia del retratado como de su personalidad, que se plasmaba gracias a una fuerza expresiva única. Si bien la mayor parte de su obra se encuadra en esta especialidad, no dejó de lado otros ámbitos. Difundió su trabajo en instituciones como el Museo Español de Arte Contemporáneo y el Centro de Fotografía Creativa de Tucson. En 1956 fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Schommer© Alberto Schommer

La sala que ahora les dedica el Museo Centro de Arte Reina Sofía es pequeña pero suficiente para constituir el testimonio necesario de estos fotógrafos y su publicación. Se exhiben fotografías, ejemplares de la revista, bocetos previos a la maquetación y otros documentos de gran interés. Su visita siempre será recomendable como homenaje a uno de los momentos más elevados de la historia de nuestra fotografía.

 

Enlaces de interés:
El artículo en Abre El Ojo
Instituto Europeo de Diseño
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Pérez Siquier ESENCIAL

Publico una nueva reseña de un libro fotográfico de interés. Al igual que la anterior, esta ha sido publicada en www.camaramagazine.com

Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930) es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes fotógrafos españoles, lo cual le ha valido un reconocimiento internacional y también nacional pues fue premio nacional de fotografía en 2003.
Pero la obra de este maestro es desconocida para gran parte del público, tal vez por aquello de ser profeta en tierra propia. Tal vez para remedar este desconocimiento, tal vez sólo porque lo merece, ha visto la luz este libro que, como reza su título, resulta esencial para cualquier apasionado de la fotografía española.
El instituto de Estudios Almerienses de la Diputación de Almería y la Casa Museo “Casa Ibáñez “, en colaboración con los ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, el grupo Cosentino y la Ciudad Autónoma de Melilla se han unido para dar a luz esta obra de 400 páginas que reúne cerca de 300 fotografías del autor acompañadas por textos de Juan Manuel Martínez Robles.
Esta magna obra se encuentra organizada en base a bloques temáticos, cada uno con una entidad propia aunque la mirada particular de Pérez Siquier sea el común denominador en todos ellos.

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La Chanca. 1956 – 1965
Las fotografías en blanco y negro con las que se abre este primer apartado, muestran al barrio almeriense de La Chanca como un conjunto de casitas blancas desperdigadas en la falda de La Alcazaba como si fueran los juguetes de un niño, como cubos de un rompecabezas descompuesto. Pero este aparente juego escondía en aquellos años, y aún hoy aunque en menor modo, una bolsa de miseria que bullía de vida, la vida que las fotografías de Siquier captaron con precisión y pasión.
Hay en estas fotos de gitanillos felices algo del tipismo tan aplaudido por la oficialidad cultural de la época pero no exento de denuncia, una mirada agridulce, un desgarro que muestra la realidad detrás del folclore.
Entre las fotografías, algunas recuerdan a la serie “Spanish Village” de William Eugene Smith, pero no es en este caso la mirada de un extranjero la que fotografía la pobreza española de la época, sino la de alguien que se ha criado en Almería y conoce su realidad como pocos. Hay algo del documentalismo condicionado de Eugene Smith, pero hay mucho más del realismo luminoso de Antonioni.
Fotografías en blanco y negro, el blanco de las fachadas, el negro de las vestimentas, del luto eterno de los gitanos. Tanto importan en estas fotos las personas como los edificios, los objetos, el entorno en el que transita la vida de La Chanca, de toda España en aquél momento.
Y, de repente, aparece el color. Un color que incide en la decadencia, en la miseria. Son más tristes las fotografías que muestran el color vibrante de La Chanca, las que muestran la capas de pinturas sumadas en una misma pared y los mapas inciertos que esta dibuja al desprenderse que los retratos amables pero dramáticos de gitanos erráticos.

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Almería. 1956 – 1975
Almería es un pueblo que vive desde siempre la ilusión de ser ciudad. En ese delirio de grandeza tal vez no deseado vive una ciudad pequeña en su geografía y grande en su riqueza cultural.
Olvidada incluso por la Andalucía de la que estuvo a punto de desprenderse por aquellos vaivenes de la política, la ciudad vive una vida en comunidad, desinhibida y espontánea. En Almería, sobre todo en los barrios que abrazan el centro, la gente sale a la calle como al patio de su casa.
En las fotografías de Pérez Siquier aflora la vida de una provincia que se repliega sobre si misma y atrapa consigo el tiempo resignado a interrumpir su fluir.
Aparece en estas fotografías la Almería cotidiana, la que permanece ajena a grandes fastos y se ocupa de sobrevivir con éxito a cada nuevo día. Son los almerienses los que protagonizan esta crónica de su provincia por encima de la arquitectura o cualquier otro reclamo de turistas. Son las fotografías de lo bizarro y lo hermoso de una tierra pequeña que no necesita ser más grande.

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La Isleta del Moro. 1970
Actual refugio de hippies y otros escapados de la cárcel de las redes sociales, el tráfico y las hipotecas, La Isleta del Moro es un diminuto paraíso de casitas blancas y calas siempre vírgenes sumergido en una luz irreal.
Lo era ya en el año en que Carlos Pérez Siquier retrato la vida de sus habitantes, de los oriundos y de los que llegaban a ella en busca de su particular mundo feliz.
Es un reportaje calmado, empeñado en mostrar el lado idílico de una comunidad de pescadores y recién llegados, y lo es tanto que casi cuesta creerlo aunque sé que así es La Isleta del Moro como así es Almería, una isla de Nunca Jamás, no en los mapas sino en el alma.

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Retratos. 1958-2014.
Pérez Siquier fotografió de forma constante a sus amigos, a los fotógrafos del mítico grupo AFAL del que fue miembro destacado, a los pintores indalianos.
Se recogen aquí muchas de esos retratos, de las miradas clavadas en la cámara del fotógrafo almeriense durante su vida como autor.
Aparece Jesús de Perceval, el líder del movimiento indaliano, fotografiado en diferentes lugares y ambientes. Aparece el Psiquiatra José Arigo en un retrato que parece aquél que Cartier-Bresson hizo de Matisse pero en este no hay palomas, sino libros y cajas de medicinas.
Hay, entre todos ellos, uno que me gusta especialmente, el de un jovencísimo Ramón Masats, tomado en 1958, cuando sólo tenía 27 años y no era el señor de cabellera blanca que muchos hemos conocido, sino un fotógrafo del que ya se hablaba y se intuía que llegaría a ser uno de los grandes nombres de nuestra fotografía.

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La Playa. 1972-1996
Son estas las fotografías por las que muchas personas identifican la obra de Pérez Siquier fuera de Almería. Esta es la serie en la que su mirada cambia, se hace más certera y mordaz, y es sobre todo la serie de fotografías en las que el color entra en su vida para quedarse.
Con un planteamiento estético cercano a Stephen Shore o a William Egglestone. En el espejo de estas fotografías se reflejaría algún año más tarde Martin Parr
Para las fotos de playa, Pérez Siquier abandona cierto tipismo documental para adentrarse en lo estrafalario que es parte de la identidad mediterránea pero sin abandonar el respeto por lo fotografiado.
Sus fotografías muestran la desinhibición de veraneantes y otros pobladores de la arena ardiente, aquellos que acuden allí a dejar que el sol se apodere de sus cuerpos.
No sólo el color es protagonista, también lo es la simetría y una muy cuidada composición. Bañadores de colores estridentes, atiborrados de carne humana, componen bodegones bizarros, como fetiches pseudo-eróticos de los adoradores del olor a bronceador o a sardinas asadas en un chiringuito.
En un momento de su historia en el que Almería se abría al turismo extranjero y las playas comenzaban a mostrar un sarpullido de alemanas o las famosas suecas exuberantes y exentas de tabúes, Pérez Siquier se centra en la mujer mediterránea, en sus curvas, en sus excesos, en la celulitis y en las varices que, atrapadas por su lente, son fuente de belleza.

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Color del Sur. 1980 – 2012
Color, y geometría, como protagonistas omniscientes. En estas fotos es más Egglestone. Pero eso no significa que su mirada no sea particular, al contrario, aquí el maestro demuestra su singularidad capturando la luz mediterránea a través de retratos de objetos que estallan ante la mirada del espectador como un espectáculo de pirotecnia geométrico y colorista que tiene algo de sublime.
En sus fotografías de coches enfundados y paredes de colores está Almería y están otras partes de Andalucía, está lo que las une, la luz, el color, una fuerza vital única.

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Informalismos. 1990 – 2000
Si en las fotos tomadas en la playa la mirada de Pérez Siquier se había vuelto más concreta, más centrada en lo particular, ahora reduce aún más su campo y son los detalles los que conquistan su lugar en la obra del autor almeriense.
Pérez Siquier acerca su cámara a las paredes del sur, a las manchas de pintura, a los relieves de sucesivos encalados, los trazos ilegibles pero caligráficos de la pintura en las paredes de casas derrumbadas. Cal, barro, pintura, sombra y luz rozando la abstracción. Y entre todas las fotos, una que me fascina e inquieta desde la primera vez que la vi hace ya muchos años. La tomó en Nijar en 1992 y no deja de atrapar mi mirada un conejo sobre una pared que no sé si está disecado, sólo muerto o vivo a punto de escapar de un violento salto.

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El viaje. 2001-2002.
La crónica de un viaje, o de la suma de muchos, en fotografías tomadas en el tren, desde el tren, en espacios de tránsito.
Fotografías movidas, impresiones fugaces, fogonazos de luz que son retazos de historias inconclusas.
Aquí, Carlos Pérez Siquier parece otro fotógrafo, más cercano a la fotografía Instagram, seducido tal vez por la inmediatez de lo digital que siempre induce a explorar nuevos campos.

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Resumiendo, este es un libro magnífico que no nos llega de manos de ninguna editorial especializada, como suele ocurrir, sino de instituciones y organismos oficiales empeñados en realizar una tarea divulgativa impecable sobre la obra de un paisano. Ocurre esto tan poco a menudo que de por sí ya es motivo de celebración, y este regocijo es doble cuando uno se sumerge en la luz mediterránea que emana de las fotografías de Carlos Pérez Siquier.

Datos de interés:
Edita: Museo Casa Ibáñez y el Instituto de Estudios Almerienses. (I.E.A)
Colaboran: Consejería de Cultura de la Ciudad Autónoma de Melilla, Ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, Empresa Cosentino S.A
Texto: Juan Manuel Martín Robles
Digitalización y retoque fotográfico: Carlos De Paz
Diseño: Andrés García Ibáñez
Maquetación e impresión: Cartel C.B. de Olula del Río
ISBN: 978-84-8108–584-6