Crónica particular de PhotoEspaña 2017 (I)

Ya ha llegado la edición número veinte de PhotoEspaña, Madrid es un paraíso para los amantes de la fotografía y comienzo mis reseñas de las exposiciones de PhotoEspaña 2017 así como de aquellos eventos a los que pueda asistir.

Anders Petersen. Cafe Lehmitz © Anders Petersen

Las exposiciones

Con los ojos bien abiertos.
Cien años de fotografía Leica

la exposición que se exhibe en el Espacio Telefónica hasta el 10 de septiembre de 2017 es, sencillamente, imprescindible.
Con la excusa del centenario de la construcción de esa maravilla mecánica y óptica que se llama Leica, se reúnen en una exposición una enorme cantidad de fotografías que tienen como nexo de unión, haber sido tomadas con la mítica cámara.
En esta exposición podemos disfrutar del privilegio de ver copias originales de fotografías históricas, muchas de ellas marcaron su momento histórico por su alta calidad.
Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, René Burri, Guy Le Querrec, Fred Herzog, Bruce Gilden y muchos más grandísimos fotógrafos están representados en una exposición que es, a mi juicio, un excelente punto de partida para disfrutar de esta edición de PhotoEspaña tan llena de grandes exposiciones.
Si hay que poner alguna pega, sería al montaje expositivo, un tanto confuso y sobre todo a las cartelas, colocadas a la altura de los ojos de un niño e impresas en un papel gris oscuro. Ambos factores hacen muy difícil su lectura.

Cien años de Leica© Jeff Mermelstein

Café Lehmitz
Anders Petersen

La brillante idea de darle a Alberto García Alix carta blanca para organizar seis de las exposiciones de PhotoEspaña 2017, ha proporcionado la ocasión de disfrutar de maravillas como la exhibición de las imágenes que integran esta exposición.
Las fotografías tomadas por Anders Petersen durante más de dos años en este café del barrio rojo de Hamburgo, ocupan por derecho propio un lugar privilegiado en la historia de la fotografía.
Los parroquianos del café, con sus miserias y sus grandezas, fueron reflejados de una forma respetuosa que indaga en lo más profundo de la condición humana. No sólo eran clientes de un bar, eran sus amigos, personas con vidas complejas cuya dignidad fue plasmada como pocas veces se ha hecho en fotografía.
Es una exposición que fascina desde su comienzo, cuando el visitante se encuentra sumergido ente impresiones a formato gigante de las hojas de contacto de Anders Petersen, con sus anotaciones, subrayados y tachados.
Hay que verla, sin duda, y varias veces mientras tengamos la oportunidad.

Anders Petersen café lehmitz photoespaña 2017

Anders Petersen. Cafe Lehmitz © Anders Petersen
Vista de la exposición

Pistas de baile (Ciudad Juarez, Chihuahua, México)
Teresa Margolles

De las, imágenes del Café Lehmitz, el espectador pasa sin transición a esta otra, o viceversa, merced a un diseño de las exposiciones que las comunica.
Esta forma de presentarlas no es casual. Teresa Margolles trabaja, al igual que Petersen, en el retrato de los marginados y de los clubs que frecuentaban, pero su enfoque es radicalmente distinto.
Teniendo de fondo la violencia y la situación política en Ciudad Juarez, Teresa Margolles se centra en el proceso de destrucción de clubes nocturnos en el centro de la ciudad. Para ello fotografía a trabajadoras sexuales transgénero, a las que sitúa sobre los restos de las pistas de baile que antes fueran su lugar de trabajo y ahora sólo son ruinas.
Una nueva mirada sobre la violencia mexicana que merece la pena ver por la originalidad de su enfoque y la forma en la que se ha montado la exposición.
Teresa Margolles ciudad juarez photoespaña 2017

Teresa Margolles. 2016 © Teresa Margolles

Eventos

Por el momento sólo he podido asistir a dos eventos.
De la clase magistral de Isabel Muñoz en Alcobendas, mejor no hablo, por educación.
El otro evento ha sido la presentación de “Café Lehmitz“, el libro que La Fábrica ha editado con las fotografías de Anders Petersen.
Este acto, integrado dentro de la Photo Book Week, contó con la presencia de Alberto García Alix y del autor que narró detalles de la intrahistoria de su proyecto.

Presentación libro Anders Petersen café lehmitz photobook week photoespaña 2017

Presentación de Cafe Lehmitz

El libro, firmado y dedicado por Anders Petersen, ocupa ya un lugar privilegiado en mi biblioteca Fotográfica.
Y esto es todo por ahora, en breve continuaré la crónica de las exposiciones de PhotoEspaña 2017, que prometen dar muchas alegrías.

Meudon, por André Kertész

Tras un breve parón veraniego, continuo publicando con un nuevo texto dedicado a una única fotografía.

Húngaro de nacimiento, André Kertész fue el maestro de la foto perfecta, aquella en la que todos los elementos parecían formar parte de una coreografía vital que los situara en una perfecta armonía.
Su instante decisivo no era, como ocurriera más tarde con Cartier-Bressón y muchos otros, aquél en el que sucedía una anécdota, un suceso peculiar, sino el momento perfecto en el que todos lo que aparece en la fotografía parece estar relacionado, todos los elementos de la imagen se comunican, se necesitan y constituyen una perfecta unidad.
Maestro de Brassai entre otros, Kertész planificaba de forma minuciosa y obsesiva sus fotografías, entre otros motivos por la obvia limitación que imponía usar un carrete con un número finito de exposiciones. Su actitud planificadora y minuciosa a la hora de tomar fotografías produjo una larga colección de obras maestras. Para mí la mejor es “Meudon”.

Meudon-kerteszMeudon © André Kertész

Tomada en 1928 y publicada en 1935 con el título “Retrato del extrarradio” en el nº  51 de la revista París Magazine, no obtuvo una especial celebridad. Diez años después se volvió a publicar junto a otras del autor en el libro titulado “Un día en París”, un volumen editado por George Davis. Se trataba de un volumen muy bien editado y si bien era una publicación modesta en cuanto a formato y difusión, para el autor fue importante por la publicidad que le dio en un momento delicado.
André Kertész dejó París en 1936 para ir a Nueva York llevando todo su archivo en una maleta y de ese archivo salió el libro “Un día en París” Siempre considero un error haber ido a Estados Unidos porque su situación personal sólo empeoró con el traslado, sufriendo multitud de problemas como que fuera declarado persona non grata. La publicación de ese libro fue una especie de merecida recompensa
Si bien algunos vieron el libro como una secuela de “París de Nuit” que Brassai había publicado en 1933 y que en origen había ofrecido por Davis a Kertész, en realidad se trata de la obra de un autor singular. La fotografía “Meudón” aparece a página completa y en el pie de foto escrito por Davis se lee “La intensa irrealidad de los escenarios. Como un juguete, un tren cruza el viaducto en un barrio periférico ” Este pie de foto no es inocente pues da constancia de la irritación y molestia que esta fotografía despertó entre otros fotógrafos coetáneos pues, desde su perfección, se alejaba de las corrientes al uso en la fotografía de la época. André Kertész tomó esta fotografía cuando ya tenía 34 años y era un fotógrafo admirado y conocido en París tanto que Julien levy lo definió como un líder prolífico de la nueva escuela fotográfica documental, sin embargo no siempre llueve a gusto de todos.
La fotografía es perfecta o está muy cerca de la perfección. Todos los elementos que aparecen en ella han sido captados en el momento exacto. Un segundo antes o un segundo después la fotografía no tendría interés. El tren con su icónica columna de vapor, el hombre cargando lo que parece un cuadro, las personas que caminan por la calle, las obras al pie del puente. Todo encaja de manera sincrónica y perfecta.
Todo entra dentro de la normalidad en esta fotografía, todos son elementos cotidianos; Gente en la calle, un tren, edificios, obras, no hay nada extraordinario, pero la conjunción de todos los elementos le confiere a la fotografía el carácter de obra única e irrepetible, la perfección. Pero, como suele ocurrir con este tipo de fotografías, su calidad no es fortuita ni fruto de una única toma milagrosa.

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Las otras dos fotografías © André Kertész

Hay al menos otros dos negativos de fotografías que tomó en el mismo escenario. Una de ellas muestra sólo edificios, sin personas ni tren. Las otras dos se tomaron en otro momento porque, si bien no están fechadas, hay elementos que indican el paso del tiempo. De las otras dos una muestra una escena anodina y sin interés, la otra es la célebre fotografía fruto de la insistencia y el estudio detallado del lugar y de lo que sucede en él cada día. La existencia de las dos fotos de muestra hasta qué punto era importante para el autor insistir en un tema hasta encontrar la foto perfecta y resulta de gran utilidad para desmentir el mito del momento perfecto causado por el azar.
Se ha especulado sobre quién es la persona central en la fotografía, se habla de Willi Baumeister, y de ser así la fotografía sería un retrato pero no tendrían sentido las otras tomas sin el personaje protagonista. Sea como fuera, eso no tiene la mayor importancia.

Enlaces de interés:
Kertész en Wikipedia

Crónica de PhotoEspaña 2015 (I)

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Como cada año, PhotoEspaña comienza una nueva edición que llenará Madrid de fotografía por una temporada en la que las ofertas expositivas serán tan amplias que salir a pasear por la capital será, sin lugar a dudas, un lujo. Esta edición, continuando con la tendencia iniciada el pasado año, tendrá una temática geográfica, siendo Hispanoamérica el ámbito del que provengan muchas exposiciones. No tantas como esperaba, es cierto, pues una vez examinado el programa me sorprende que, incluso en la sección oficial, muchas de las exposiciones no provengan del continente. De todos modos, la cantidad y seguramente la calidad es tan grande que la experiencia merecerá la pena. Confieso mi ignorancia sobre la fotografía que se hace en Hispanoamérica, aunque supongo que mi caso no es único, así que bienvenida sea esta iniciativa si sirve para abrir los ojos hacia las miradas de los artistas latinos. Como suelo hacer cada año, me meto en el berenjenal de realizar una crónica siempre subjetiva de aquellas exposiciones que tenga ocasión de visitar, espero que su número sea alto. Comienzo la crónica hablando de una muestra que me ha gustado de forma especial dentro de lo que he tenido ocasión de ver.

Círculo de Bellas Artes

Kinderwunsch

Este es un término que en alemán habla sobre el deseo de la maternidad, el anhelo de ser madre. La infertilidad, la frustración y la alegría del parto, todo cabe en esta palabra. Ana Casas Broda, fotógrafa nacida en Granada en 1965 pero trasladada con su madre a México en 1974, ha realizado un magnífico trabajo fotográfico de caracter autobiográfico. Subrayo que me parece magnífico, tanto a nivel conceptual como plástico. Casas Broda trabajó durante siete años realizando fotografías que hablan de su memoria, de su familia, pero sobre todo de su maternidad. Todo lo que supuso para ella ser madre a los 38 años ha quedado reflejado en potentísimas imágenes que alternan el documento real con recreaciones de ficción que nos muestran más los sentimientos y sensaciones por los que ella pasó a la largo de ese tiempo que los hechos en si. Hay imágenes duras, otras cargadas de felicidad, las hay puramente documentales y recreaciones de ficción, y todas encajan como una perfecta unidad. La exposición, como dije, es excelente por la calidad de las fotografías, por el inteligente uso del color y de los formatos de las imágenes que se hayan distribuidas por la sala en base a un diseño expositivo que alterna formatos y esquemas opuestos entre sí para guiar al visitante a lo largo de la maternidad de Ana Casas Broda. Recomiendo comenzar a ver PhotoEspaña por esta exposición, por hacerlo con buen pie y a lo grande. No defraudará. Ana-Casas-2 IMG_3705

Lola Álvarez Bravo

Lola Álvarez Bravo (México, 1903-1993) fue una fotógrafa mexicana que destacó por la abundancia de su obra, por la cantidad de fotografías que tomó y de temas que trató. Esposa de Manuel Álvarez Bravo, fue coetanea de nombres como Tina Modotti, Diego Rivera o Frida Kalho y con ellos compartió experiencias que quedaron reflejadas en sus fotografías. Siempre se consideró deudora de autores como Edward Weston o Cartier-Bresson, y eso se puede comprobar en el caracter documental pero expontáneo de gran parte de su obra. Su trabajo fue prolífico, constante a lo largo de su vida. Hizo fotografía comercial, documentó eventos, creó un taller de fotografía y fundó la Galería de Arte Contemporáneo. Esta es una exposición de caracter testimonial que reune un buen número de sus fotografías. La suya es, a juzgar por lo visto en la sala, una obra fruto de su tiempo, del despertar de la cultura y de una curiosidad por desviar la mirada hacia aquello que hasta entonces quedaba alejado del arte. Diego Rivera pintaba campesinos y Lola Álvarez Bravo fotografiaba la calle y a los intelectuales mexicanos. Las fotos expuestas acusan la influencia de los maestros que ella seguía, más de Cartier-Bresson que de Weston, son fruto de una época, de un descubrimiento de la fotografía como un arte que a la vez puede ser revolución. A pesar del innegable interés de sus fotografías, no pude desprenderme de la sensación de déja vù. Me gustaron especialmente sus collages. Posthumous reproduction from original negative IMG_3726

En la mirada del otro. Fotografía histórica de Ecuador: la irrupción en la Amazonía

Esta es una exposición pequeña, un sencillo testimonio sobre la penetración occidental en los territorios amazónicos a través de las primeras fotografías que se tomaron en el Amazonas. La llegada de la supuesta civilización, que se presentó en la selva de la mano de misioneros y otros religiosos acompañando a los que buscaban la explotación del caucho, irrumpió en las vidas de los indígenas y de todo ello quedó constancia en estas fotografías que nos muestran, no tanto la vida cotidiana de los habitantes de la selva, como la relación con esos inventos de tres patas que capturaban las imágenes. Como ya dije, es una exposición pequeña, que se ve en un momento pero que deja un cierto regusto agradable.

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Casa de América

Latinoamérica es un pueblo al sur de los Estados Unidos

Esta es una exposición muy interesante en su planteamiento pero algo fallida en su resolución. El origen de esta muestra está en Trasatlántica, el foro de fotografía y artes visuales que PHotoEspaña y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo – AECID llevan a cabo en América Latina desde 2008. Su loable objetivo es el de hacer un repaso al estado y el ánimo de la fotografía latinoamericana contemporánea, y para ello se sirve de ocho canciones compuestas por autores latinos. Pertenecientes a muy diferentes géneros musicales pero que, de una u otra forma, hablan sobre el estado y la situación de Latinoamérica. El resultado es una colección muy numerosa de fotografías que en su mayoría tienen un gran interés, y en muchos casos una gran calidad fotográfica. El problema, desde mi punto de vista, es que al intentar reunir tal cantidad de obras en un espacio no muy extenso, a la fuerza hay que sacrificar algo. Las fotografías se muestran clavadas en la pared, organizadas según la canción con la que más relación tengan que ver, en formatos que muchas veces son muy pequeños y con una calidad de impresión que deja bastante que desear. Al mezclar obras y autores, perdemos información sobre las obras, no sabemos a qué series o trabajos pertenecen, sólo vemos imágenes sin mayor información que el título y el autor. Dentro de esta exposición hay imágenes que han pasado antes por PhotoEspaña pero con un formato más digno y con una mayor información. Las fotos de La Casita de Turrón, de Roberto Tondopó. Las Desvestidas de Luis Arturo Aguirre o, por ejemplo, las Guaritas de Stefan Schmeling, pierden aquí gran parte de su potencia al carecer el espectador de la información necesaria. Aún así, es una muestra interesante, llena de buenas fotografías, y sólo por eso merece una visita detenida.

IMG_3787   IMG_3789 Continuará.

Pérez Siquier ESENCIAL

Publico una nueva reseña de un libro fotográfico de interés. Al igual que la anterior, esta ha sido publicada en www.camaramagazine.com

Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930) es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes fotógrafos españoles, lo cual le ha valido un reconocimiento internacional y también nacional pues fue premio nacional de fotografía en 2003.
Pero la obra de este maestro es desconocida para gran parte del público, tal vez por aquello de ser profeta en tierra propia. Tal vez para remedar este desconocimiento, tal vez sólo porque lo merece, ha visto la luz este libro que, como reza su título, resulta esencial para cualquier apasionado de la fotografía española.
El instituto de Estudios Almerienses de la Diputación de Almería y la Casa Museo “Casa Ibáñez “, en colaboración con los ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, el grupo Cosentino y la Ciudad Autónoma de Melilla se han unido para dar a luz esta obra de 400 páginas que reúne cerca de 300 fotografías del autor acompañadas por textos de Juan Manuel Martínez Robles.
Esta magna obra se encuentra organizada en base a bloques temáticos, cada uno con una entidad propia aunque la mirada particular de Pérez Siquier sea el común denominador en todos ellos.

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La Chanca. 1956 – 1965
Las fotografías en blanco y negro con las que se abre este primer apartado, muestran al barrio almeriense de La Chanca como un conjunto de casitas blancas desperdigadas en la falda de La Alcazaba como si fueran los juguetes de un niño, como cubos de un rompecabezas descompuesto. Pero este aparente juego escondía en aquellos años, y aún hoy aunque en menor modo, una bolsa de miseria que bullía de vida, la vida que las fotografías de Siquier captaron con precisión y pasión.
Hay en estas fotos de gitanillos felices algo del tipismo tan aplaudido por la oficialidad cultural de la época pero no exento de denuncia, una mirada agridulce, un desgarro que muestra la realidad detrás del folclore.
Entre las fotografías, algunas recuerdan a la serie “Spanish Village” de William Eugene Smith, pero no es en este caso la mirada de un extranjero la que fotografía la pobreza española de la época, sino la de alguien que se ha criado en Almería y conoce su realidad como pocos. Hay algo del documentalismo condicionado de Eugene Smith, pero hay mucho más del realismo luminoso de Antonioni.
Fotografías en blanco y negro, el blanco de las fachadas, el negro de las vestimentas, del luto eterno de los gitanos. Tanto importan en estas fotos las personas como los edificios, los objetos, el entorno en el que transita la vida de La Chanca, de toda España en aquél momento.
Y, de repente, aparece el color. Un color que incide en la decadencia, en la miseria. Son más tristes las fotografías que muestran el color vibrante de La Chanca, las que muestran la capas de pinturas sumadas en una misma pared y los mapas inciertos que esta dibuja al desprenderse que los retratos amables pero dramáticos de gitanos erráticos.

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Almería. 1956 – 1975
Almería es un pueblo que vive desde siempre la ilusión de ser ciudad. En ese delirio de grandeza tal vez no deseado vive una ciudad pequeña en su geografía y grande en su riqueza cultural.
Olvidada incluso por la Andalucía de la que estuvo a punto de desprenderse por aquellos vaivenes de la política, la ciudad vive una vida en comunidad, desinhibida y espontánea. En Almería, sobre todo en los barrios que abrazan el centro, la gente sale a la calle como al patio de su casa.
En las fotografías de Pérez Siquier aflora la vida de una provincia que se repliega sobre si misma y atrapa consigo el tiempo resignado a interrumpir su fluir.
Aparece en estas fotografías la Almería cotidiana, la que permanece ajena a grandes fastos y se ocupa de sobrevivir con éxito a cada nuevo día. Son los almerienses los que protagonizan esta crónica de su provincia por encima de la arquitectura o cualquier otro reclamo de turistas. Son las fotografías de lo bizarro y lo hermoso de una tierra pequeña que no necesita ser más grande.

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La Isleta del Moro. 1970
Actual refugio de hippies y otros escapados de la cárcel de las redes sociales, el tráfico y las hipotecas, La Isleta del Moro es un diminuto paraíso de casitas blancas y calas siempre vírgenes sumergido en una luz irreal.
Lo era ya en el año en que Carlos Pérez Siquier retrato la vida de sus habitantes, de los oriundos y de los que llegaban a ella en busca de su particular mundo feliz.
Es un reportaje calmado, empeñado en mostrar el lado idílico de una comunidad de pescadores y recién llegados, y lo es tanto que casi cuesta creerlo aunque sé que así es La Isleta del Moro como así es Almería, una isla de Nunca Jamás, no en los mapas sino en el alma.

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Retratos. 1958-2014.
Pérez Siquier fotografió de forma constante a sus amigos, a los fotógrafos del mítico grupo AFAL del que fue miembro destacado, a los pintores indalianos.
Se recogen aquí muchas de esos retratos, de las miradas clavadas en la cámara del fotógrafo almeriense durante su vida como autor.
Aparece Jesús de Perceval, el líder del movimiento indaliano, fotografiado en diferentes lugares y ambientes. Aparece el Psiquiatra José Arigo en un retrato que parece aquél que Cartier-Bresson hizo de Matisse pero en este no hay palomas, sino libros y cajas de medicinas.
Hay, entre todos ellos, uno que me gusta especialmente, el de un jovencísimo Ramón Masats, tomado en 1958, cuando sólo tenía 27 años y no era el señor de cabellera blanca que muchos hemos conocido, sino un fotógrafo del que ya se hablaba y se intuía que llegaría a ser uno de los grandes nombres de nuestra fotografía.

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La Playa. 1972-1996
Son estas las fotografías por las que muchas personas identifican la obra de Pérez Siquier fuera de Almería. Esta es la serie en la que su mirada cambia, se hace más certera y mordaz, y es sobre todo la serie de fotografías en las que el color entra en su vida para quedarse.
Con un planteamiento estético cercano a Stephen Shore o a William Egglestone. En el espejo de estas fotografías se reflejaría algún año más tarde Martin Parr
Para las fotos de playa, Pérez Siquier abandona cierto tipismo documental para adentrarse en lo estrafalario que es parte de la identidad mediterránea pero sin abandonar el respeto por lo fotografiado.
Sus fotografías muestran la desinhibición de veraneantes y otros pobladores de la arena ardiente, aquellos que acuden allí a dejar que el sol se apodere de sus cuerpos.
No sólo el color es protagonista, también lo es la simetría y una muy cuidada composición. Bañadores de colores estridentes, atiborrados de carne humana, componen bodegones bizarros, como fetiches pseudo-eróticos de los adoradores del olor a bronceador o a sardinas asadas en un chiringuito.
En un momento de su historia en el que Almería se abría al turismo extranjero y las playas comenzaban a mostrar un sarpullido de alemanas o las famosas suecas exuberantes y exentas de tabúes, Pérez Siquier se centra en la mujer mediterránea, en sus curvas, en sus excesos, en la celulitis y en las varices que, atrapadas por su lente, son fuente de belleza.

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Color del Sur. 1980 – 2012
Color, y geometría, como protagonistas omniscientes. En estas fotos es más Egglestone. Pero eso no significa que su mirada no sea particular, al contrario, aquí el maestro demuestra su singularidad capturando la luz mediterránea a través de retratos de objetos que estallan ante la mirada del espectador como un espectáculo de pirotecnia geométrico y colorista que tiene algo de sublime.
En sus fotografías de coches enfundados y paredes de colores está Almería y están otras partes de Andalucía, está lo que las une, la luz, el color, una fuerza vital única.

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Informalismos. 1990 – 2000
Si en las fotos tomadas en la playa la mirada de Pérez Siquier se había vuelto más concreta, más centrada en lo particular, ahora reduce aún más su campo y son los detalles los que conquistan su lugar en la obra del autor almeriense.
Pérez Siquier acerca su cámara a las paredes del sur, a las manchas de pintura, a los relieves de sucesivos encalados, los trazos ilegibles pero caligráficos de la pintura en las paredes de casas derrumbadas. Cal, barro, pintura, sombra y luz rozando la abstracción. Y entre todas las fotos, una que me fascina e inquieta desde la primera vez que la vi hace ya muchos años. La tomó en Nijar en 1992 y no deja de atrapar mi mirada un conejo sobre una pared que no sé si está disecado, sólo muerto o vivo a punto de escapar de un violento salto.

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El viaje. 2001-2002.
La crónica de un viaje, o de la suma de muchos, en fotografías tomadas en el tren, desde el tren, en espacios de tránsito.
Fotografías movidas, impresiones fugaces, fogonazos de luz que son retazos de historias inconclusas.
Aquí, Carlos Pérez Siquier parece otro fotógrafo, más cercano a la fotografía Instagram, seducido tal vez por la inmediatez de lo digital que siempre induce a explorar nuevos campos.

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Resumiendo, este es un libro magnífico que no nos llega de manos de ninguna editorial especializada, como suele ocurrir, sino de instituciones y organismos oficiales empeñados en realizar una tarea divulgativa impecable sobre la obra de un paisano. Ocurre esto tan poco a menudo que de por sí ya es motivo de celebración, y este regocijo es doble cuando uno se sumerge en la luz mediterránea que emana de las fotografías de Carlos Pérez Siquier.

Datos de interés:
Edita: Museo Casa Ibáñez y el Instituto de Estudios Almerienses. (I.E.A)
Colaboran: Consejería de Cultura de la Ciudad Autónoma de Melilla, Ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, Empresa Cosentino S.A
Texto: Juan Manuel Martín Robles
Digitalización y retoque fotográfico: Carlos De Paz
Diseño: Andrés García Ibáñez
Maquetación e impresión: Cartel C.B. de Olula del Río
ISBN: 978-84-8108–584-6