Los otros caminos del sexo.

Hace pocos días que se ha publicado el nuevo número de la revista Abre el ojo, editada por el Instituto Europeo del Diseño. Como ya hiciera en otras ocasiones, he escrito un artículo sobre fotografía.
Este nuevo número es el primero de una trilogía sobre el deseo y va dedicado al sexo. Mi artículo habla sobre aquellos autores que han usado el sexo en sus fotografías pero no desde un punto de vista erótico.
Aquí dejo el artículo completo. También aconsejo leer Abre el ojo en este enlace.

Los otros caminos del sexo

Casi desde el comienzo de su existencia, al menos desde que fue posible fotografiar cuerpos y elementos animados sin recurrir a prolongadas exposiciones, la fotografía ha formado un binomio duradero y fructífero con el sexo.
Obviando usos pornográficos de la imagen, la fotografía descubrió hace mucho tiempo una fuente de inspiración y de creación en el cuerpo humano desnudo y en su relación con otros cuerpos. De los desnudos más sutiles a los más explícitos, de los besos más cándidos a los cuerpos unidos sin censura, en la historia de la fotografía son tantos los autores que han explotado este campo del arte de Niepce que elaborar una lista con ellos sería una tarea ímproba.
Una imagen de un cuerpo desnudo o varios conlleva siempre una carga sexual pues la figura humana no puede desligarse de la visión erótica, ya sea un detalle de la piel como en una imagen explícita. El sexo y la fotografía corren paralelos merced a la percepción particular del erotismo por parte del observador.
Pero son también muchos los fotógrafos que han tratado el sexo con sus fotografías sin buscar el erotismo sino acercándose a la materia por caminos paralelos muy diferentes entre sí pero que siempre acaban mostrando el sexo desde otro punto de vista y con muy diferentes contenidos.
Como dije, la lista de autores es larga, valga como ejemplo esta selección de nombres.
Nan Goldin.
Su tratamiento del sexo en la fotografía es uno de los más valientes e interesantes de cuantos conozco.
De origen Judío, Goldin creció de familia en familia tras el suicidio de su hermana. Tras su paso por la Satya Community School de Boston comenzó su relación con la fotografía que se solidificaría en los setenta tras conocer Provincetown, una comunidad de vacaciones en Massachusetts muy popular entre público homosexual. Allí entró en contacto con las personas que retrataría en sus fotografías durante veinte años; Sharon, Waters, Bruce, Cookie, etc. Sus amigos, los que ella llamaba Su Tribu.
Estudió en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, graduándose en 1978. En su misma promoción estudiaron algunos grandes de la fotografía como Philip-Lorca Di Corcia.
Fue en esos años cuando incorporó a sus fotografías el flash y la película de color.
Después de dejar Boston comenzó una nueva vida en Manhattan, en el barrio de Bowery. Allí conoció el estallido del movimiento punk y la contracultura, también encontró el tema que marcaría toda su obra, la descripción de la vida sexual y sentimental de los que poblaban el ambiente contracultural.
En sus magníficas imágenes, Nan Goldin muestra la vida de sus amigos desde dentro, con una mirada cercana, como una más entre ellos. Siempre quiso ser una Drag según sus propias palabras pues las fotografió cuando hizo fotografía de moda y quedó fascinada por ellas.
En las fotografías de Goldin hay pobreza, hundimiento, enfermedades, diferencia, provocación, violencia, aislamiento, un sinfín de sentimientos y experiencias representados en sus imágenes descuadradas, saturadas e impactantes.
Nan Goldin presenta sus fotografías en forma de películas en las que las imágenes se suceden. La más famosa de esas películas es La Balada de la Dependencia Sexual, título extraído de una canción de Bertolt Brecht. Esta serie de fotografías tomadas entre 1982 y 1995 es un documento único sobre los estragos del Sida.
“La balada de la dependencia sexual y otras anteriores fueron hechas en un loft que tengo en Nueva York, donde vivíamos más de diez personas, y era un lugar donde pasaba mucha gente cada día”, recuerda la fotógrafa. “No teníamos barreras, fueron fotos hechas a finales de los setenta. Fue una época muy salvaje, pero muy creativa”.
Otra de sus series, la titulada La Balada de la Morgue trata el mismo tema.
Tras la presentación de La Balada de la Dependencia Sexual ingresó en una clínica de desintoxicación europea donde comenzó a autoretratarse y donde rodó el documental autobiográfico I’ll be your Mirror, titulado como una canción de la Velvet Underground.

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Kohei Yoshiyuki

Entre los autores orientales, especialmente entre los japoneses, el sexo es una continua fuente de creación e incluso una obsesión. Araki, Moriyama y otros han tratado el erotismo con visiones muy interesantes que merecen su espacio en otro texto. El caso de este autor supone un tratamiento del sexo diferente y original.
Nacido en 1946, sería en los años setenta cuando Yoshiyuki se hiciera famoso gracias a un incidente particular.
Por aquél entonces era un fotógrafo comercial desconocido y una noche, caminando por el parque Chuo en Shinjuku, llamó su atención una pareja de enamorados tumbada en el suelo pero sobre todo el grupo de personas que los espiaban desde los arbustos.
Llevaba su cámara encima y tomó algunas fotografías, pero la oscuridad no le permitió realizar ninguna fotografía con calidad de aquella peculiar situación.
Cuando Kodak comercializó sus flashes infrarrojos, Yoshikuki decidió volver al lugar y además exploró otros parques como los de Aoyama o Yoyogi, parques que por el día se poblaban de madres y niños que jugaban y al caer la noche se convertían en lugares de furtivos encuentros sexuales. Comenzó entonces a fotografiar a las parejas entregadas a sus actividades sexuales mientras eran observadas y espiadas por voyeurs descarados que apenas se escondían para llevar a cabo su espionaje, poco a poco sus fotografías se centraron en los mirones más que en las parejas.
Para realizar sus fotos, estuvo seis meses recorriendo los parques sin tomar fotografías, sólo para conseguir la confianza de los mirones, para que lo considerasen uno más. Se comportó como ellos lo hacían, mostraba el mismo interés que ellos pero ocultando una cámara pequeña cargada con película infrarroja. Pasó así tres años.
Él quería fotografiar a los voyeurs pero teniendo claro que eso le convertía a su vez en otro mirón, en un voyeur de voyeurs. Pero al fin y al cabo es algo inherente al acto fotográfico.
Las fotografías de esta serie, titulada El parque fueron expuestas en 1979 dentro de la galería Komai de Tokio. Todas las fotografías se positivaron en tamaño real y se apagaron todas las luces. Cada visitante recibió una linterna para que experimentara lo mismo que el fotógrafo o que los voyeurs.
Realizó otras series, como Love Hotel, con fotografías a partir de cintas de video amateur de contenido erótico tomadas por clientes de algunos hoteles destacados de tokio.

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Oliviero Toscani

Si Goldin y Yoshiyuki buscaban con sus fotografías el documento artístico de una situación o un entorno, Toscani es el perfecto ejemplo del uso del sexo como provocación con fines comerciales.
Nacido en Milán en 1942, este fotógrafo, que estudió en Zúrich entre 1961 y 1965, tiene una capacidad especial para provocar opiniones encontradas con sus imágenes. Se pueden odiar o amar, pero nunca dejan indiferente al espectador. Tras pasar por varias empresas, en los años ochenta Benetton lo contrató para darse a conocer. No tenía un departamento de publicidad específico, ni contaba con una agencia que lo respaldara, pero la marca italiana, aún una firma bastante joven, confió en el fotógrafo.
El trabajo y desarrollo de la temática para las campañas que realizarían junto a Oliviero Toscani fueron trazándose mediante reuniones en las cuales el artista exponía sus ideas. Benetton se entregó ciegamente al estilo de Toscani y se rumorea que le dieron “carta blanca” para realizar sus campañas. Entonces nació una relación con la marca que duró hasta el año 2000.
Además de con Benetton, Oliviero Toscani ha realizado campañas en la misma línea con otras marcas. Las fotografías de besos iniciaron la polémica. En ellas solo se ve a dos personas besándose, pero es en quienes se besan donde está el problema: un cura y una monja, parejas de políticos antagónicos, israelitas y palestinos, personas del mismo sexo. Estas fotografías no solo aparecían en revistas, sino también en forma de grandes vallas publicitarias con lo que el escándalo entre las mentes “bien pensantes” estaba garantizado.
En 2005 realizó una campaña para la marca Ra-Re en la que parejas homosexuales se besaban junto a un niño o en posturas ligeramente eróticas. Eran imágenes inocentes, pero por desgracia muchas personas se siguen escandalizando ante algo así y la homosexualidad es aún un tabú para un sector amplio de la población. La imagen de dos caballos copulando que realizó para Benetton perdió su carácter documental al ocupar de nuevo las vallas publicitarias y escandalizar a los más proclives al sonrojo.

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Txema Salvans
De entre los fotógrafos españoles me interesan dos autores en activo que han enfocado el sexo, y en concreto la prostitución, desde enfoques muy diferentes pero ambos de gran interés.
Txema Salvans pasó de estudiar biología a destacar en la fotografía ganando el premio Fotopres en 1997. Tras trabajar para Fabrica en Italia y en el International Center of Photography de Nueva York, recibió en 2005 el premio PhotoEspaña al mejor libro de fotografía española por Nice to meet you.
Sus trabajos que se centran en colectivos particulares mostrando sus realidades desde enfoques diferentes son de gran interés, en especial el titulado The Waiting Game.
Este libro presenta a las prostitutas que ejercen su oficio en carreteras del levante español y alrededores de Madrid.
Para realizar este ensayo fotográfico, Salvans montó su cámara sobre el triple de un teodolito de topógrafo y, ataviado con un chaleco fluorescente se acercó a estas mujeres sin levantar sospechas de que estaban siendo fotografiadas.
Las fotografías de The Waiting Game muestran a las prostitutas mientras esperan, no en contacto con sus clientes. Txema Salvans retrata sus largas horas de espera bajo el sol, descansando en muebles de deshecho o en tocones. Las mujeres ocupan un pequeño espacio en cada fotografía, siendo aplastadas por el paisaje industrial y la hostilidad de los entornos en los que pasan sus horas.
El tratamiento del color en estas imágenes insiste en el castigo del sol sobre las mujeres mediante unos colores claros y luminosos.
The Waiting Game es un excelente grito de denuncia sobre la realidad de la prostitución en las carreteras y a la vez una bella obra de arte.

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Fosi Vegue
Oriundo de Talavera de la Reina, Toledo, este fotógrafo es uno de los miembros más destacados de la generación dorada de la fotografía española, según afirma el British Journal of Photography.
Fosi Vegue es uno de los miembros más destacados de Blank Paper, el colectivo fotográfico que incluye a fotógrafos como Ricardo Cases y Oscar Monzón.
En 2006 fundó la escuela Blank Paper donde ejerce como director y profesor y gracias a ello puede desarrollar proyectos con creadores emergentes y entidades de fotografía con renombre nacional o internacional.
Autor de proyectos como Extremaunción, donde disecciona a la Iglesia en España o Grande Éxitos, un retrato detallado sobre una sala de fiestas, entre otros.
En 2014 publicó en la editorial Dalpine el libro XY XX, definido como un estudio sobre el sexo como catalizador de nuestros instintos, de nuestros deseos.
Vegue trabaja en este libro sobre un tema muy cercano a tratado por Salvans en The Waiting Game, él también basa sus fotografías en el tema de la prostitución pero su enfoque es muy diferente, antagónico, pero no por eso menos interesante.
El autor descubrió que algunas ventanas de un patio de vecinos al que tenía acceso daban a las habitaciones a un prostíbulo y eso le llevó a realizar este trabajo que él considera una actualización del Dirty Windows de Merry Alpern o incluso de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock.
Vegue ha fotografiado con un teleobjetivo el interior de esas habitaciones y el resultado es un conjunto de imágenes confusas, donde no distinguimos rostros pero sí espaldas, manos o piernas, pues no es su intención documentar la vida privada de quienes allí operan, clientes y prostitutas, sino hacer una interesante reflexión del sexo como sistema de control o como catalizador de nuestros instintos y nuestros deseos y contradicciones.
El resultado es un conjunto de imágenes poderosas en las que el rojo y el negro son casi los colores únicos. El rojo de las bombillas, el negro de la oscuridad, de las pieles. Imágenes en las que lo escabroso del sexo practicado en esas habitaciones no se ve pero se siente, casi se respira.
Un enfoque fascinante y novedoso sobre el tema más antiguo.

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Philip Lorca Di-Corcia
Este maestro de la luz y el color trabaja sobre series temáticas en las que las fotografías han sido estudiadas al milímetro para que la luz esté bajo el control del autor en cada rincón de cada fotografía.
De entre las muy interesantes series de este autor, me interesa hablar de Hustlers (Chaperos) por el acercamiento tan original y bello del autor hacia el tema de la prostitución masculina.
Para encontrar modelos para sus fotografías recorrió en su coche las calles de Hollywood entre 1990 y 1992 buscando jóvenes que se prostituyeran. La mayoría de los chicos los encontró en “Boystown”, al este de Hollywood. A cada uno de ellos les propuso pagarles lo que cobraran por su servicio más básico a cambio de ser retratados.
Di Corcia seleccionó previamente las localizaciones y con un asistente realizó pruebas de la iluminación antes de encontrar a sus modelos.
Cada foto es un excelente retrato que se acompaña con el nombre del modelo, su edad, el lugar desde el que habían llegado a Los Ángeles y la tarifa pagada a cada uno.
Esta serie se finació con una beca obtenida del National Endowment por valor de 45.000 €. En aquél momento el gobierno estaba siendo muy criticado por parte de grupos religiosos que acusaban al NEA de financiar contenido gay, obsceno o político.
No les faltaba razón pues entre las obras subvencionadas que disgustaron al “700 Club” estaban las fotografías de negros desnudos de Mapplethorpe o Piss Christ, una fotografía de un crucifijo en un vaso de orina, de André Serrano.
Sea como fuere, Hustlers es un conjunto de hermosas imágenes cuyo interés se acrecenta por su contexto y por aquello que retratan.

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Cindy Shermann
Cynthia Morris Sherman (Nueva Jersey, 1954) es una de las fotógrafas norteamericanas e incluso de todo el mundo más respetada y admirada, por la calidad y coherencia de su trabajo.
Era la menor de cinco hermanos habitantes de un suburbio newyorkino . Como tantos artistas, comenzó dedicándose a la pintura pero pronto sintió que en ese terreno no tenía nada que decir y así pasó a la fotografía. En la universidad formó un espacio para artistas llamado Hallwalls donde ella y otros artistas exponían, y de allí se mudó a Nueva York para dedicarse por entero a la fotografía en un loft en Fulton Street. Sería en este espacio donde comenzaría a realizar sus primeros autoretratos conceptuales que serían conocidos como Complete Unititled Film Stills (1977-1980).
En estos retratos, Sherman se retrata disfrazada  para que sus fotografías parezcan escenas de películas desconocidas con una estética muy cercana al cine negro. No reproduce imágenes de películas reales, sino que sus fotografías parecen extraídas de películas, o incluso de la vida diaria.
Aquí comenzaría a descubrir lo mucho que podía expresar siendo ella el motivo principal de sus fotografías en las que el contenido conceptual era tan importante como la imagen.
En todas sus series hay un fuerte componente feminista lo que le ha llevado a realizar fotografías que aluden al sexo como denuncia. De todas ellas tal vez la más interesante y directa en el tratamiento del tema sea Centerfolds.
Así es como se conoce a las páginas centrales de las revistas masculinas que, en forma de desplegables horizontales muestran fotografías de mujeres objeto en posturas eróticas.
Sherman realizó una serie de imágenes en las que las mujeres que aparecían (Siempre ella misma) parecían haber sufrido malos tratos o mostraban agotamiento, hastío y sufrimiento.
De esta forma la autora da a los consumidores de esas revistas lo que buscan, mujeres en posters desplegables pero sus imágenes les golpean con su crudeza y la fuerza de su mensaje, con una aguda reflexión sobre el papel en la sociedad de muchas mujeres condenadas al dolor sólo por su sexo.

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Vamos a contar mentiras (II)

Toca continuar con la segunda entrada dedicada a fotógrafos que preparan sus fotografías de modo que simulen ser instantáneas. Toca porque lo prometido es deuda y porque la aceptación del anterior texto ha sido muy grande, así que aprovecho para agradecer a todos los que han mostrado su interés.
La lista de fotógrafos que pudiera entrar en esta categoría es amplia y variada, yo reseñaré algunos de los más interesantes entre los que conozco. Confío en que interese tanto como la primera parte.

Joan_Fontcuberta_ARAIMA20110221_0081_1¿Ivan Istochnikov o Joan Fontcuberta?

Joan Fontcuberta

Convertido motu proprio en el profeta de la postfotografía por su defensa enconada de las tendencias de la nueva fotografía, tales como el apropiacionismo fotográfico y otras similares que convierten en fotógrafos a los que no han tocado una cámara en su vida, Joan Fontcuberta no es solo uno de los teóricos de la fotografía que más conviene seguir en el panorama actual, independientemente de coincidir o no con sus postulados, sino que además es uno de los fotógrafos españoles con una trayectoria más original y personal.
Las series fotográficas del autor catalán (Barcelona, 1955) ahondan en el uso de la ficción al servicio de sus intenciones narrativas y conceptuales, hasta el punto de que él mismo afirma que “El único sincero que existe en esta vida es el que sabe cómo mentir. Las imágenes siempre mienten porque está en su naturaleza interpretar lo que muestran”.
Antes de dedicarse a jugar con el uso de imágenes de otros autores, como hace en sus “Googlegramas“, han sido muchas las series creadas por él en las que la ficción se presenta desde un punto de vista documental que puede inducir a la duda. Series como Fauna, que presenta una colección de animales imposibles, o Sirenas, en las que indaga sobre el supuesto descubrimiento de fósiles pertenecientes a algunos homínidos acuáticos, los “Hydropithecus”. También entra en esta categoría su trabajo “Constelaciones” en la que presentan supuestas fotografías astronómicas que son, en realidad, restos de insectos estrellados en cristales.
Todas estas series coquetean con la realidad y la mentira con un porcentaje de ficción patente y fácil de descubrir para quien desconozca la forma de trabajo del autor, pero la que, a mi juicio, más se acerca a la temática de este texto es su interesantísima Sputnik protagonizada por el cosmonauta fantasma  Ivan Istochnikov.

joan-fontcuberta-1© Joan Fontcuberta

Según las leyendas urbanas, los cosmonautas fantasmas fueron miembros de tripulaciones en viajes espaciales que murieron en el espacio y cuya existencia fue negada por los gobiernos. Entre ellosIvan Istochnikov es uno de los más célebres y presentes en las crónicas de los aficionados a este tipo de teorías conspiratorias.
Según reza su leyenda, Istochnikov viajaba en la Soyuz 2 con el perro Kloka pero un impacto con un meteorito dañó la nave. Cuando la Soyuz 3 se acopló a la nave, la encontró vacía, sólo había una botella de vodka. Ante el riesgo de que se difundiera la noticia de una posible abdución extraterrestre, las autoridades soviéticas ocultaron los hechos.
La realidad es que toda esta historia fue inventada por Fontcuberta como soporte de su serie de fotos titulada Sputnik, creada para la Fundación Telefónica y destinada a mostrarse en exposiciones. Hay que destacar que Istochnikov significa Fuente Cubierta, con lo cual sería una traducción particular del nombre de Joan Fontcuberta, que era el protagonista de las fotografías. Este dato, y algún que otro error de bulto en la historia, no impidió que muchos pensaran que se trataba de una historia real, y que algunas cadena como Tele5 y programas como Cuarto Milenio, presentaron la historia como verdadera. Algunos medios como El Mundo siguieron este juego presentándola como cierta para informar de su carácter ficticio solo al final.

perro© Joan Fontcuberta

No cabe duda de que este proyecto, que fue premio nacional de fotografía en 1998, es un ejemplo de cómo la fotografía puede ser una ilusión de realidad con una capacidad de engaño manifiesto, sobre todo porque es tenida como verdad por la mayoría, algo que tiene muy claro el autor cuando afirma que «A diferencia de lo que mucha gente piensa, no es una ventana abierta y transparente en el mundo (…) cada vez que pulsamos el disparador de una cámara creamos una mirada influida por una cultura tecnocientífica del siglo XIX que está obsesionada con la verdad, la memoria, el archivo, la fragmentación”.

 Gregory Crewdson

He dudado antes de incluir a Crewdson en este texto pues sus fotografías, aunque son calculadas y medidas construyendo interesantes escenificaciones, no siempre pueden dar la sensación de ser instantáneas. De todos modos bien pueden similar fotogramas de alguna película o fotografías captadas por un ojo atento y muy afortunado.
Gregory Crewdson, nacido en Brooklyn en 1962, comenzó en la fotografía después de que visitara, de la mano de su padre, una exposición de Diane Arbus en el Moma a los diez años. Desde entonces su interés se centró en la fotografía hasta hoy.
Este autor crea imágenes cercanas a la ciencia ficción con ecos de Hitchcock o Lynch. A partir de decorados y de detallados story boards, él y su muy completo equipo de decoradores, maquilladores, técnicos de efectos visuales y otros, producen la imagen.

2560_3000© Gregory Crewdson

Sus fotografías, presentadas siempre en grandes tamaños, son enigmas, permiten atisbar una historia de la que conocemos su planteamiento y su desenlace pero que nos hace sumergirnos en el nudo de un relato que sólo está en nuestra mente.
En sus imágenes hay algo del desarraigo del sueño americano nunca cumplido, de la frialdad de las grandes urbes y del misterio que estas tienen a ciertas horas de la noche, un cierto desasosiego e inquietud que deja poso en el espectador.

2560_3000 (2)© Gregory Crewdson

En su serie Beneath the Roses, vemos a figuras hieráticas, al modo de los tableau vivants, paralizadas en situaciones peculiares; Una mujer desnuda y embarazada ante una casa en ruinas, personas semidesnudas en situaciones extrañas. No sabemos qué sucede en ellas pero igualmente nos fascina. Todo es misterio, el mismo misterio que investigaba en su niñez cuando su padre, psicoanalista, recibía a sus clientes en el sótano de casa y él espiaba las sesiones quedando marcado por aquello toda su vida.
Nada en sus imágenes ha sido dejado al azar, todo está medido y calculado, hasta el último objeto, cada color, igual que cada sombra o cada zona de luz, nada es aleatorio.
Hay algo destacable en su método de trabajo, y es que nada de lo que vemos, ni la escenografía, ni la luz o el color, han sido retocados a posteriori, sino que fueron captados en la toma de la imagen merced a un cuidado estudio, como trabajaría un cineasta.
Desde luego, Crewdson es un fotógrafo con un trabajo de gran interés que merece ser seguido de cerca.

2560_3000 (1)© Gregory Crewdson

Cindy Sherman

No se como me las apaño, pero esta mujer siempre encuentra un hueco en mis textos. Sin duda se debe a su versatilidad, a la riqueza de su trabajo tan personal y único.
Cynthia Morris Sherman (Nueva Jersey, 1954) es una de las fotógrafas norteamericanas e incluso de todo el mundo más respetada y admirada, por la calidad y coherencia de su trabajo.
Era la menor de cinco hermanos habitantes de un suburbio newyorkino . Como tantos artistas, comenzó dedicándose a la pintura pero pronto sintió que en ese terreno no tenía nada que decir y así pasó a la fotografía. En la universidad formó un espacio para artistas llamado Hallwalls donde ella y otros artistas exponían, y de allí se mudó a Nueva York para dedicarse por entero a la fotografía en un loft en Fulton Street. Sería en este espacio donde comenzaría a realizar sus primeros autoretratos conceptuales que serían conocidos como Complete Unititled Film Stills (1977-1980).
En estos retratos, Sherman se retrata disfrazada  para que sus fotografías parezcan escenas de películas desconocidas con una estética muy cercana al cine negro. No reproduce imágenes de películas reales, sino que sus fotografías parecen extraídas de películas, o incluso de la vida diaria.

sherman05De la serie “Untitled Film Stills” © Cindy Sherman

Aquí comenzaría a descubrir lo mucho que podía expresar siendo ella el motivo principal de sus fotografías en las que el contenido conceptual era tan importante como la imagen.
Para entender la importancia de su obra hay que situarse en la época, en un momento en el que la presencia femenina en las fotografías solía venir acompañada de un rol erótico, un mero complemento sexual, un adorno. El que Sherman se fotografiara con disfraces, rehuyendo el desnudo o las tomas eróticas, contribuyó a afirmar el feminismo que cobraba auge en la época. Ahora la mujer no era un objeto de deseo, era protagonista, era secundaria, era juez y parte.
Sherman adopta múltiples personalidades y muchas veces sus poses resultan artificiales y teatrales, incidiendo de este modo en las múltiples caras de la femineidad, unas veces representando los más arraigados clichés y en otras dando un paso más allá. A partir de los ochenta, las poses y escenificaciones pasan de reflejar situaciones estereotipadas en las que la mujer desempeña roles clásicos del cine para mostrar en su obra Centerfolds mujeres que son víctimas de abuso sexual, que viven al margen, que son abandonadas, mujeres que sufren. Ese cambio marcó el resto de su carrera, Cindy Sherman ya no era la fotógrafa que captaba la representación clásica de la mujer en el cine y otras artes visuales, ahora ella iba más allá y mostraba a una mujer real dentro de la artificiosidad de sus imágenes como ha seguido haciendo en el resto de su muy extensa obra.Untitled-1

De la serie “Rear Screen Projections” © Cindy Sherman

Para este texto me interesan las series en las que la ficción calculada de Sherman resulta menos obvia, aquellas que realmente parecen extraídas de la realidad, instantáneas de reportero más que cuidados trabajos de una autora conceptual de gran valía.
Untitled Film StillsRear Screen Projections tienen un aire cinematográfico, un halo de fantasía, aún así parecen fotografías de escenas cotidianas en las que Sherman es siempre la protagonista, pero disfrazada de forma que no resulte reconocible.
Las mujeres que aparecen en Centerfolds (Desplegables) parecen víctimas inocentes, tal vez de maltrato o de una sociedad machista. Esta serie,que se publicó en la revista Artforum, apareció en forma de desplegables interiores, justo donde los hombres esperaban encontrar imágenes eróticas, aparecían las mujeres sufridoras de Sherman invitando, una vez más, al desconcierto.
A partir de estas series, Sherman fue consiguiendo el reconocimiento que se le negaba, tal vez por su condición femenina, tal vez por lo peculiar de su trabajo. Sus series son ahora más teatrales, más artificiales, pero no menos interesantes pues produjo trabajos grandiosos como Sex Pictures o Fashion.
Ya sea cuando sus fotos parecen instantáneas como cuando son patentes escenificiaciones, el trabajo de Sherman es siempre interesante.

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De la serie “Centerfolds” © Cindy Sherman

Ryan McGinley

McGinley ( Ransey, New Jersey, 1977) fotografía la juventud, no sólo porque los protagonistas de sus fotos sean jóvenes, sino porque en sus fotos queda plasmado el espíritu de libertad y disfrute vital de los jóvenes.
En 1999 envió a 100 editores, artistas y otras personalidades de la fotografía que el admiraba, un libro de 50 páginas con sus fotografías titulado “The Kids are Alright” en las que mostraba a sus amigos en fiestas, más bien bacanales. A los 26 años fue el artista más joven en exponer de forma individual en el Museo Whitney de Nueva York.
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© Rian McGinley

Sus fotografías, que algunos han comparado con las de Nan Goldin o Larry Clark muestran jóvenes desnudos o semidesnudos disfrutando de su juventud y su sexualidad. La libertad física y mental es la protagonista de sus imágenes, en especial de un trabajo, el titulado “I Know Where the Summer Goes” (Yo sé donde va el verano)
Para realizar este trabajo, viajó por los Estados unidos junto con 16 amigos/modelos y tres asistentes. Utilizando un total de 4000 carretes tomó unas 150000 fotografías de las que seleccionó  5o.
Inspirado en la fotografía amateur de algunas revistas de los años sesenta de temática soft porno, las imágenes muestran al grupo de jóvenes recorriendo las carreteras de los Estados Unidos disfrutando del viaje y la naturaleza, corriendo desnudos por los campos, bañándose en cascadas, entrando en cuevas, practicando sexo y siempre viviendo su sexualidad y su vida sin tapujos ni tabúes.

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© Rian McGinley

El itinerario fue estudiado y calculado  para captar todo tipo de fondos naturales, sin descartar el uso de fuegos artificiales o máquinas de humo. Los modelos sabían donde estarían cada día y allí actuaban con libertad.
Si bien todo el proyecto fue planificado y construido de forma artificial, muchas veces los modelos eran fotografiados desprevenidos, actuando de forma natural. Sus imágenes eróticas y llenas de vida pueden ser casuales, pero obedecen a un cálculo minucioso previo.
En sus fotografías hay sexo y excesos, pero destilan pureza, incluso inocencia. No cabe duda de que constituyen un trabajo maravilloso.

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© Rian McGinley

Clay Lipsky

Este fotógrafo norteamericano nacido en 1974 compagina su trabajo como diseñador gráfico ganador entre otros de un Emmy y autor de muy interesantes trabajos fotográficos.
En su trabajo se encuentran varias series fotográficas de gran belleza e interés, aunque creo que abusa del virado, pero la que me interesa reseñar es la que se aleja del género documental para mostrar una ficción que subyuga ante el terror que produce pensar que podría ser real.

goclaygo-5012c2d3115e4b9© Clay Lipsky

Criado en los tiempos de la guerra fría y acostumbrado a ver en televisión y otros medios noticias relacionadas con la amenaza nuclear, Lipsky creó la serie titulada “Atomic Overlook“. En ella vemos personas que parecen turistas fotografiando o dejándose fotografiar con hongos de explosiones nucleares como telón de fondo.
Al ver estas fotografías por primera vez, es fácil pensar que se trata de una ficción fotográfica, pero la duda asalta pronto. ¿Y si realmente estamos viendo pruebas nucleares a las que la gente asiste indolora? no sólo indolora, sino fascinados o incluso acostumbrados.
los fotomontajes de Lipsky fluctúan en el límite de la verosimilitud, nos hacen dudar y de ese modo nos hacen reflexionar sobre este mundo infectados de armas mortales en el que vivimos.

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© Clay Lipsky

Y como colofón a estos dos artículos, voy a darle la vuelta a la tortilla reseñando a dos autores que hacen justamente lo contrario, presentar fotos que parecen ficciones pero tomadas en la realidad. Casualmente ambos han recurrido a una misma realidad, muy cercana a la ficción, las recreaciones de batallas históricas.
El primero de ellos es español, Mikel Bastida (Bilbao, 1982) que ha recorrido Europa para realizar su serie “War Theatre“. El método de Bastida es muy interesante, viaja al lugar donde se realizan las batallas y se comporta como un fotógrafo de la época (Incluso en batallas de épocas anteriores al descubrimiento de Niepce) y se mezcla entre los participantes para tomar sus fotos como si de un reportaje periodístico se tratara.

bastida_004© Mikel Bastida

El otro autor es Alexander Gronsky (Tallín, Estonia, 1980) que en su serie titulada “Reconstructión” fotografío una recreación del cerco de Leningrado en forma de trípticos que mostraban a los participantes tanto como a los espectadores y transeuntes. El resultado es hermoso.

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© Alexander Gronsky

Y esto es lo que hay por ahora, o no, quién sabe, que la realidad es endeble y uno nunca sabe donde empieza y donde acaba.

 

Enlaces de interés:
Web de Joan Fontcuberta
Gregory Crewdson Movie
Cindy Sherman en Wikipedia
Web de Rian McGinley
Web de Clay Lipsky
Sobre Mikel Bastida
Web de Alexander Gronsky

 

Yo, mi, me, conmigo

Conocemos el mundo a través de los fotógrafos, sabemos de su realidad más inmediata o de sus ficciones más íntimas viendo lo que ellos ven cuando miran a través del visor. El fotógrafo capta lo que se le presenta delante, atrapa su visión subjetiva convirtiendo sus fotografías en escaparates por los que pasea la vida entera. Pero sucede también que, en ocasiones, los fotógrafos giran la cámara y apuntan hacia si mismos, se convierten en el motivo de sus fotografías, ellos son los creadores y a la vez son la creación. Son muchos los fotógrafos que han hecho del autoretrato una parte importante de su trabajo, cuando no el todo. Hablaré aquí de los que más me interesan entre los que conozco, los que considero que han ido más alla de la mera autorepresentación para convertir en arte el culto a si mismos y que lo han hecho de una forma más original.

Cindy Sherman, personalidad múltiple

Cynthia Morris Sherman (Glen Ridge, Nueva York, 1954) era la menor de cinco hermanos que habitaban en un suburbio newyorkino y eso hizo que se criara en un entorno poco propicio al desarrollo de las artes, al contrario,  siempre afirmó que no fue hasta que inició los estudios universitarios en Buffalo que comenzó a familiarizarse con las artes visuales, no obstante antes había pasado por la escuela de artes. Como tantos artistas, comenzó dedicándose a la pintura pero pronto sintió que en ese terreno no tenía más que comunicar y de este modo pasó a la fotografía. En la universidad formó un espacio para artistas llamado Hallwalls donde ella y otros artistas exponían, y de allí se mudó a NY para dedicarse por entero a la fotografía en un loft en Fulton Street. Sería en este espacio donde comenzaría a realizar sus primeros autoretratos conceptuales que serían conocidos como Complete Unititled Film Stills (1977-1980).

G02A13Untitled-Film-Still-13.1978_large-376x475© Cindy Sherman, de “Complete Unititled Film Still”

En estos retratos, Sherman se retrata disfrazada  para que sus fotografías parezcan escenas de películas desconocidas con una estética muy cercana al cine negro. Aquí comenzaría a descubrir lo mucho que podía expresar siendo ella el motivo principal de sus fotografías, muy cargadas de un peso conceptual latente en cada una de ellas. A esta serie siguieron otras como “Retratos Históricos” donde se trasviste para convertirse en personajes masculinos protagonista de cuadros clásicos. Sherman aparecía en cada una de las fotografías pero más bien como una actriz o como una modelo, no como ella misma, de tal modo ella nunca consideró que estaba haciendo autoretratos sino fotografías en las que ella aparece, de forma casi circunstancial.

G07A20Untitled-224.1990_large© Cindy Sherman, de “History Portraits

Para entender la importancia de su obra hay que situarse en la época, en un momento en el que la presencia femenina en las fotografías solía venir acompañada de un rol erótico, un mero complemento sexual, un adorno. El que Sherman se fotografiara con disfraces, rehuyendo el desnudo o las tomas eróticas, contribuyó a afirmar el feminismo que cobraba auge en la época. Ahora la mujer no era un objeto de deseo, era protagonista, era secundaria, era juez y parte. Sherman adopta multiples personalidades y siempre sus poses resultan artificiales y teatrales, incidiendo de este modo en las multiples caras de la femineidad, unas veces representando los más arraigados clichés y en otras dando un paso más allá. A partir de los ochenta, las poses y escenificaciones pasan de reflejar situaciones estereotipadas en las que la mujer desempeña roles clásicos del cine para mostrar en su obra Centerfolds mujeres que son víctimas de abuso sexual, que viven al márgen, que son abandonadas, mujeres que sufren. Ese cambio marcó el resto de su carrera, Cindy Sherman ya no era la fotógrafa que captaba la representación clásica de la mujer en el cine y otras artes visuales, ahora ella iba más allá y mostraba a una mujer real dentro de la teatralidad de sus imágenes como ha seguido haciendo en el resto de su muy extensa obra La obra de Sherman no tiene valor por la calidad técnica o visual de su obra, sino porque la autora demostró con ellas la importancia que el concepto, el fondo de una obra puede tener sobre la forma. Cada una de sus muchas fotografías es una performance que sólo tiene lugar para ser captada en la fotografía, pero a su vez cada fotografía no tendría sentido si no reflejara un momento en una performance. El fondo por encima de la forma, el mensaje por encima del medio y todo ello realizado de tal forma que es fácil olvidarse de que lo que captan sus fotografías no es real, incluso de que es la misma persona la que aparece en ellas, y que ante su contemplación sólo veamos la mejor fotografía.

G04A02Untitled-86.1981_large-950x475© Cindy Sherman, Circa 1980

 

Martin Parr, la consagración de lo kitsch

Martin Parr (Epson, Surrey, UK, 1952) es el fotógrafo del kitch, el gran retratista de la clase media británica y mundial, el poeta de la realidad más inmediata y menos sofisticada, el maestro del día a día. Miembro de Magnum desde 1994, Parr es uno de los más grandes documentalistas sociales y de los que más importancia dan en su obra al sentido del humor . LON18546

Martin Parr Collection. FRANCE. Strasbourg. Autoportrait. 1996

Martin Parr estudió fotografía en la Escuela Politécnica de Manchester a principios de los años setenta, y a comienzos de la siguiente década comenzó a reflejar la forma de vida de la clase media-baja británica, sobre todo de los más castigados por el gobierno de Margaret Thatcher. A partir de entonces, Parr ha recorrido el mundo fotografiando a su paso a los ciudadanos de a pie, con sus glorias y sus miserias. Sus fotografías usan siempre el color y casi siempre el flash directo, lo que intensifica el caracter kitsch de su obra que ya determina en gran parte la temática de esta.

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Martin Parr Collection. España, Benidorm. Autoportrait. 1996

En sus muchos libros, tales como Common Sense o Small World, retrata los devenires de la clase media en su vida diaria, en sus trabajos y en su ocio, y es fotografiando el ocio cuando Martin Parr incide en el turismo, en cómo nos comportamos cuando nos convertimos en consumidores de viajes organizados, en recopiladores de instantáneas de monumentos, en esa marabunta multicolor que traslada divisas y devuleve souvenirs. Los souvenirs, la forma en la que los turistas guardan el recuerdo de sus visitas a otros lugares, han atraído a Parr siempre de forma especial y los ha fotografiado constantemente, y de entre los souvenirs que él ha recopilado y fotografiado, destacan aquellos encontrados en muchos países que le permiten insertar su propia imagen tomada por algún fotógrafo callejero o por un fotomatón. Martin Parr aparece retratado en los objetos más dispares y en las situaciones más ridículas; Dentro de la boca de un tiburón, junto a un Messi virtual en el Camp Nou, entre flores abigarradas, dentro de una copa saturada de brillos… etc.

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Martin Parr Collection. Alemania, Munich. Autoportrait. 1996

El fotógrafo de nuevo es el objeto de su trabajo y lo hace convirtiéndose en aquello que tanto le llama la atención, en chatarrería hortera para turistas sin gusto, en mediocres objetos de consumo, de este modo se consagra el culto más sublime al kitsch que inunda su trabajo, siendo él mismo parte de los souvenirs, rompiendo la habitual distancia entre fotógrafo y fotografiado para alcanzar la perfecta comunión entre el artista y su obra que se convierten ahora en una misma cosa. El resultado es brillante, un culto a lo hortera elevado a obra de arte por el poder de la cámara de Martin Parr  y por su devoción hacia lo que fotografía.

Vivian Maier. Al otro lado del espejo

A estas alturas, todo el mundo ha oído hablar de la niñera fotógrafa, pero hasta hace bien poco, Vivian Maier era una total desconocida.En 2007, John Maloof se encontraba buscando documentación para un libro sobre Chicago y en una subasta se hizo con un archivo de fotografías que habían sido adquiridos por la casa de subastas en un almacén de muebles cuyo arrendatario había dejado de pagar el alquiler.

 

Untitled-1© Vivian Maier

Maloof reveló algunos de esos carretes para venderlos en la red, y en ese momento Allan Sekula contactó con él para impedir que se dispersara el material que tenía una calidad que Maloof no había sido capaz de apreciar. A partir de ese momento, John Maloof se dedicó al rescate de la obra de Vivian Maier. Gracias a esto podemos ahora disfrutar del trabajo de la niñera fotógrafa.
Vivian Maier, hija de refugiados judíos, pasó casi toda su vida en Estados Unidos. A principio de los años 30, su padre abandonó a su madre y madre e hija vivieron por una temporada con Jeanne J. Bertrand, una fotógrafa surrealista que tal vez inició la vocación de Vivian.

VM1954W02936-11-MC© Vivian Maier

Maier no era fotógrafa profesional, se ganaba la vida con diferentes, sobre todo siendo la niñera de una familia del North Side de Chicago después de haber viajado a diferentes paísesa asiáticos. En sus contínuos paseos que la llevaban a casa de los niños que cuidaban y de vuelta a la suya realizó gran parte de sus fotografías que no revelaba porque no se lo podía permitir, pero no le importaba, seguramente para ella el resultado de cada foto era indiferente.
Vivian Maier fotografiaba su entorno de forma compulsiva, pero no de una forma desordenada, sino cuidando cada fotografía y creando así un archivo privilegiado de tipos y personajes de su época. La suya es una mirada atenta que analiza y disecciona la sociedad que se muestra en las calles, es como un certero bisturí que extrae lo mejor, lo más jugoso de la vida y deshecha lo accesorio.

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Maier retrata su mundo en todas sus facetas, y ella es parte de ese mundo lo que le lleva a retratarse reflejada en espejos, escaparates y otras superficies reflectoras, siempre con un gesto hierático con la mirada atenta a su reflejo mientras sostiene Rolleiflex a la altura del vientre. Los suyos son autoretratos sin planificar, ella caminaba y cuando encontraba su reflejo, lo retrataba, sin más, sin mayores pretensiones, como una constancia de su vida que era la vida de su ciudad.
Vivian Maier falleció en 2008, viviía en la pobreza y los niños a los que cuidó en su día ahora le pagaban el alquiler del apartamento.
Caminando sobre el cielo resbaló y se golpeó en la cabeza, cuatro meses después falleció en una residencia de ancianos, a los 83 años, dejando un tesoro latente en un trastero de alquiler.

VM1955W03420-05-MC© Vivian Maier

Mariano Icaza/ Atos Alde. ¿Existe el estilo?

Mariano Icaza es un fotógrafo español que no goza de demasiada fama pero entre cuyos trabajos hay uno que llamó mi atención de forma muy positiva cuando lo vi por primera vez. Inspirado por al frase de Roland Barthes que afirma “Lo que la fotografía reproduce es algo que ha tenido lugar una sola vez, luego muere, expira, nunca se repetirá”, se planteó por qué no recuperar determinados momentos, revivir a grandes retratistas que a su juicio han marcado estilo y creado tradición.

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© Atos Alde retratado por Walker Evans

Para ello, Mariano Icaza decidió autoretratarse evocando el estilo de autores como Rodchenko, Avedon, Chambi, Mapplethorpe, Gonnord o Alberto Alix entre otros, dando lugar a un interesantísimo ejercicio de estilo en el que su alter  ego, “Atos Alde” es retratado por todos estos grandes maestros.

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© Atos Alde retratado por Helmut Newton

Las fotografías resultantes, además de un innnegable valor estético, constituyen una reflexión sobre el estilo y sobre si este es único o es imitable y adaptable a otros autores. Mariano Icaza recurre a determinados tópicos sobre la obra de cada autor y por un momento creemos estar viendo fotografías con la firma de los grandes, nos olvidamos de que la fotografía es de nuevo una gran mentira, una ilusión, y el fotógrafo, el más tramposo de los ilusionistas.

9atosalde© Atos Alde retratado por Cindy Sherman

Kelly Connell, Una más Una igual a Una.

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© Kelli Connell


Me interesa mucho el trabajo de Kelli Connell, una fotógrafa norteaméricana nacida en 1974 cuyo trabajo muestra diferentes facetas de la vida privada de una pareja formada por dos mujeres, desde el ámbito más público hasta el más privado. Son fotografías de una gran belleza, que investigan en la vida diaria de la pareja contándonos su historia de amor, su intimidad, los matices de una relación.

 

Hammock_Color-copy© Kelli Connell

De nuevo, la fotografía miente, no existe tal pareja, no hay dos mujeres, tan sólo es la propia Kelli Connell que se fotografía y después de escanear los negativos los monta en photoshop creando una muy hermosa ficción.

 

kelliconnell_thismorning© Kelli Connell

Son muchos los autores que han usado su propia imagen desde que existe la fotografía y reflejarlos aquí a todos sería una tarea inabarcable, creo que estos cinco botones constituyen una buena muestra.

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