Los otros caminos del sexo.

Hace pocos días que se ha publicado el nuevo número de la revista Abre el ojo, editada por el Instituto Europeo del Diseño. Como ya hiciera en otras ocasiones, he escrito un artículo sobre fotografía.
Este nuevo número es el primero de una trilogía sobre el deseo y va dedicado al sexo. Mi artículo habla sobre aquellos autores que han usado el sexo en sus fotografías pero no desde un punto de vista erótico.
Aquí dejo el artículo completo. También aconsejo leer Abre el ojo en este enlace.

Los otros caminos del sexo

Casi desde el comienzo de su existencia, al menos desde que fue posible fotografiar cuerpos y elementos animados sin recurrir a prolongadas exposiciones, la fotografía ha formado un binomio duradero y fructífero con el sexo.
Obviando usos pornográficos de la imagen, la fotografía descubrió hace mucho tiempo una fuente de inspiración y de creación en el cuerpo humano desnudo y en su relación con otros cuerpos. De los desnudos más sutiles a los más explícitos, de los besos más cándidos a los cuerpos unidos sin censura, en la historia de la fotografía son tantos los autores que han explotado este campo del arte de Niepce que elaborar una lista con ellos sería una tarea ímproba.
Una imagen de un cuerpo desnudo o varios conlleva siempre una carga sexual pues la figura humana no puede desligarse de la visión erótica, ya sea un detalle de la piel como en una imagen explícita. El sexo y la fotografía corren paralelos merced a la percepción particular del erotismo por parte del observador.
Pero son también muchos los fotógrafos que han tratado el sexo con sus fotografías sin buscar el erotismo sino acercándose a la materia por caminos paralelos muy diferentes entre sí pero que siempre acaban mostrando el sexo desde otro punto de vista y con muy diferentes contenidos.
Como dije, la lista de autores es larga, valga como ejemplo esta selección de nombres.
Nan Goldin.
Su tratamiento del sexo en la fotografía es uno de los más valientes e interesantes de cuantos conozco.
De origen Judío, Goldin creció de familia en familia tras el suicidio de su hermana. Tras su paso por la Satya Community School de Boston comenzó su relación con la fotografía que se solidificaría en los setenta tras conocer Provincetown, una comunidad de vacaciones en Massachusetts muy popular entre público homosexual. Allí entró en contacto con las personas que retrataría en sus fotografías durante veinte años; Sharon, Waters, Bruce, Cookie, etc. Sus amigos, los que ella llamaba Su Tribu.
Estudió en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, graduándose en 1978. En su misma promoción estudiaron algunos grandes de la fotografía como Philip-Lorca Di Corcia.
Fue en esos años cuando incorporó a sus fotografías el flash y la película de color.
Después de dejar Boston comenzó una nueva vida en Manhattan, en el barrio de Bowery. Allí conoció el estallido del movimiento punk y la contracultura, también encontró el tema que marcaría toda su obra, la descripción de la vida sexual y sentimental de los que poblaban el ambiente contracultural.
En sus magníficas imágenes, Nan Goldin muestra la vida de sus amigos desde dentro, con una mirada cercana, como una más entre ellos. Siempre quiso ser una Drag según sus propias palabras pues las fotografió cuando hizo fotografía de moda y quedó fascinada por ellas.
En las fotografías de Goldin hay pobreza, hundimiento, enfermedades, diferencia, provocación, violencia, aislamiento, un sinfín de sentimientos y experiencias representados en sus imágenes descuadradas, saturadas e impactantes.
Nan Goldin presenta sus fotografías en forma de películas en las que las imágenes se suceden. La más famosa de esas películas es La Balada de la Dependencia Sexual, título extraído de una canción de Bertolt Brecht. Esta serie de fotografías tomadas entre 1982 y 1995 es un documento único sobre los estragos del Sida.
“La balada de la dependencia sexual y otras anteriores fueron hechas en un loft que tengo en Nueva York, donde vivíamos más de diez personas, y era un lugar donde pasaba mucha gente cada día”, recuerda la fotógrafa. “No teníamos barreras, fueron fotos hechas a finales de los setenta. Fue una época muy salvaje, pero muy creativa”.
Otra de sus series, la titulada La Balada de la Morgue trata el mismo tema.
Tras la presentación de La Balada de la Dependencia Sexual ingresó en una clínica de desintoxicación europea donde comenzó a autoretratarse y donde rodó el documental autobiográfico I’ll be your Mirror, titulado como una canción de la Velvet Underground.

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Kohei Yoshiyuki

Entre los autores orientales, especialmente entre los japoneses, el sexo es una continua fuente de creación e incluso una obsesión. Araki, Moriyama y otros han tratado el erotismo con visiones muy interesantes que merecen su espacio en otro texto. El caso de este autor supone un tratamiento del sexo diferente y original.
Nacido en 1946, sería en los años setenta cuando Yoshiyuki se hiciera famoso gracias a un incidente particular.
Por aquél entonces era un fotógrafo comercial desconocido y una noche, caminando por el parque Chuo en Shinjuku, llamó su atención una pareja de enamorados tumbada en el suelo pero sobre todo el grupo de personas que los espiaban desde los arbustos.
Llevaba su cámara encima y tomó algunas fotografías, pero la oscuridad no le permitió realizar ninguna fotografía con calidad de aquella peculiar situación.
Cuando Kodak comercializó sus flashes infrarrojos, Yoshikuki decidió volver al lugar y además exploró otros parques como los de Aoyama o Yoyogi, parques que por el día se poblaban de madres y niños que jugaban y al caer la noche se convertían en lugares de furtivos encuentros sexuales. Comenzó entonces a fotografiar a las parejas entregadas a sus actividades sexuales mientras eran observadas y espiadas por voyeurs descarados que apenas se escondían para llevar a cabo su espionaje, poco a poco sus fotografías se centraron en los mirones más que en las parejas.
Para realizar sus fotos, estuvo seis meses recorriendo los parques sin tomar fotografías, sólo para conseguir la confianza de los mirones, para que lo considerasen uno más. Se comportó como ellos lo hacían, mostraba el mismo interés que ellos pero ocultando una cámara pequeña cargada con película infrarroja. Pasó así tres años.
Él quería fotografiar a los voyeurs pero teniendo claro que eso le convertía a su vez en otro mirón, en un voyeur de voyeurs. Pero al fin y al cabo es algo inherente al acto fotográfico.
Las fotografías de esta serie, titulada El parque fueron expuestas en 1979 dentro de la galería Komai de Tokio. Todas las fotografías se positivaron en tamaño real y se apagaron todas las luces. Cada visitante recibió una linterna para que experimentara lo mismo que el fotógrafo o que los voyeurs.
Realizó otras series, como Love Hotel, con fotografías a partir de cintas de video amateur de contenido erótico tomadas por clientes de algunos hoteles destacados de tokio.

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Oliviero Toscani

Si Goldin y Yoshiyuki buscaban con sus fotografías el documento artístico de una situación o un entorno, Toscani es el perfecto ejemplo del uso del sexo como provocación con fines comerciales.
Nacido en Milán en 1942, este fotógrafo, que estudió en Zúrich entre 1961 y 1965, tiene una capacidad especial para provocar opiniones encontradas con sus imágenes. Se pueden odiar o amar, pero nunca dejan indiferente al espectador. Tras pasar por varias empresas, en los años ochenta Benetton lo contrató para darse a conocer. No tenía un departamento de publicidad específico, ni contaba con una agencia que lo respaldara, pero la marca italiana, aún una firma bastante joven, confió en el fotógrafo.
El trabajo y desarrollo de la temática para las campañas que realizarían junto a Oliviero Toscani fueron trazándose mediante reuniones en las cuales el artista exponía sus ideas. Benetton se entregó ciegamente al estilo de Toscani y se rumorea que le dieron “carta blanca” para realizar sus campañas. Entonces nació una relación con la marca que duró hasta el año 2000.
Además de con Benetton, Oliviero Toscani ha realizado campañas en la misma línea con otras marcas. Las fotografías de besos iniciaron la polémica. En ellas solo se ve a dos personas besándose, pero es en quienes se besan donde está el problema: un cura y una monja, parejas de políticos antagónicos, israelitas y palestinos, personas del mismo sexo. Estas fotografías no solo aparecían en revistas, sino también en forma de grandes vallas publicitarias con lo que el escándalo entre las mentes “bien pensantes” estaba garantizado.
En 2005 realizó una campaña para la marca Ra-Re en la que parejas homosexuales se besaban junto a un niño o en posturas ligeramente eróticas. Eran imágenes inocentes, pero por desgracia muchas personas se siguen escandalizando ante algo así y la homosexualidad es aún un tabú para un sector amplio de la población. La imagen de dos caballos copulando que realizó para Benetton perdió su carácter documental al ocupar de nuevo las vallas publicitarias y escandalizar a los más proclives al sonrojo.

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Txema Salvans
De entre los fotógrafos españoles me interesan dos autores en activo que han enfocado el sexo, y en concreto la prostitución, desde enfoques muy diferentes pero ambos de gran interés.
Txema Salvans pasó de estudiar biología a destacar en la fotografía ganando el premio Fotopres en 1997. Tras trabajar para Fabrica en Italia y en el International Center of Photography de Nueva York, recibió en 2005 el premio PhotoEspaña al mejor libro de fotografía española por Nice to meet you.
Sus trabajos que se centran en colectivos particulares mostrando sus realidades desde enfoques diferentes son de gran interés, en especial el titulado The Waiting Game.
Este libro presenta a las prostitutas que ejercen su oficio en carreteras del levante español y alrededores de Madrid.
Para realizar este ensayo fotográfico, Salvans montó su cámara sobre el triple de un teodolito de topógrafo y, ataviado con un chaleco fluorescente se acercó a estas mujeres sin levantar sospechas de que estaban siendo fotografiadas.
Las fotografías de The Waiting Game muestran a las prostitutas mientras esperan, no en contacto con sus clientes. Txema Salvans retrata sus largas horas de espera bajo el sol, descansando en muebles de deshecho o en tocones. Las mujeres ocupan un pequeño espacio en cada fotografía, siendo aplastadas por el paisaje industrial y la hostilidad de los entornos en los que pasan sus horas.
El tratamiento del color en estas imágenes insiste en el castigo del sol sobre las mujeres mediante unos colores claros y luminosos.
The Waiting Game es un excelente grito de denuncia sobre la realidad de la prostitución en las carreteras y a la vez una bella obra de arte.

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Fosi Vegue
Oriundo de Talavera de la Reina, Toledo, este fotógrafo es uno de los miembros más destacados de la generación dorada de la fotografía española, según afirma el British Journal of Photography.
Fosi Vegue es uno de los miembros más destacados de Blank Paper, el colectivo fotográfico que incluye a fotógrafos como Ricardo Cases y Oscar Monzón.
En 2006 fundó la escuela Blank Paper donde ejerce como director y profesor y gracias a ello puede desarrollar proyectos con creadores emergentes y entidades de fotografía con renombre nacional o internacional.
Autor de proyectos como Extremaunción, donde disecciona a la Iglesia en España o Grande Éxitos, un retrato detallado sobre una sala de fiestas, entre otros.
En 2014 publicó en la editorial Dalpine el libro XY XX, definido como un estudio sobre el sexo como catalizador de nuestros instintos, de nuestros deseos.
Vegue trabaja en este libro sobre un tema muy cercano a tratado por Salvans en The Waiting Game, él también basa sus fotografías en el tema de la prostitución pero su enfoque es muy diferente, antagónico, pero no por eso menos interesante.
El autor descubrió que algunas ventanas de un patio de vecinos al que tenía acceso daban a las habitaciones a un prostíbulo y eso le llevó a realizar este trabajo que él considera una actualización del Dirty Windows de Merry Alpern o incluso de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock.
Vegue ha fotografiado con un teleobjetivo el interior de esas habitaciones y el resultado es un conjunto de imágenes confusas, donde no distinguimos rostros pero sí espaldas, manos o piernas, pues no es su intención documentar la vida privada de quienes allí operan, clientes y prostitutas, sino hacer una interesante reflexión del sexo como sistema de control o como catalizador de nuestros instintos y nuestros deseos y contradicciones.
El resultado es un conjunto de imágenes poderosas en las que el rojo y el negro son casi los colores únicos. El rojo de las bombillas, el negro de la oscuridad, de las pieles. Imágenes en las que lo escabroso del sexo practicado en esas habitaciones no se ve pero se siente, casi se respira.
Un enfoque fascinante y novedoso sobre el tema más antiguo.

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Philip Lorca Di-Corcia
Este maestro de la luz y el color trabaja sobre series temáticas en las que las fotografías han sido estudiadas al milímetro para que la luz esté bajo el control del autor en cada rincón de cada fotografía.
De entre las muy interesantes series de este autor, me interesa hablar de Hustlers (Chaperos) por el acercamiento tan original y bello del autor hacia el tema de la prostitución masculina.
Para encontrar modelos para sus fotografías recorrió en su coche las calles de Hollywood entre 1990 y 1992 buscando jóvenes que se prostituyeran. La mayoría de los chicos los encontró en “Boystown”, al este de Hollywood. A cada uno de ellos les propuso pagarles lo que cobraran por su servicio más básico a cambio de ser retratados.
Di Corcia seleccionó previamente las localizaciones y con un asistente realizó pruebas de la iluminación antes de encontrar a sus modelos.
Cada foto es un excelente retrato que se acompaña con el nombre del modelo, su edad, el lugar desde el que habían llegado a Los Ángeles y la tarifa pagada a cada uno.
Esta serie se finació con una beca obtenida del National Endowment por valor de 45.000 €. En aquél momento el gobierno estaba siendo muy criticado por parte de grupos religiosos que acusaban al NEA de financiar contenido gay, obsceno o político.
No les faltaba razón pues entre las obras subvencionadas que disgustaron al “700 Club” estaban las fotografías de negros desnudos de Mapplethorpe o Piss Christ, una fotografía de un crucifijo en un vaso de orina, de André Serrano.
Sea como fuere, Hustlers es un conjunto de hermosas imágenes cuyo interés se acrecenta por su contexto y por aquello que retratan.

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Cindy Shermann
Cynthia Morris Sherman (Nueva Jersey, 1954) es una de las fotógrafas norteamericanas e incluso de todo el mundo más respetada y admirada, por la calidad y coherencia de su trabajo.
Era la menor de cinco hermanos habitantes de un suburbio newyorkino . Como tantos artistas, comenzó dedicándose a la pintura pero pronto sintió que en ese terreno no tenía nada que decir y así pasó a la fotografía. En la universidad formó un espacio para artistas llamado Hallwalls donde ella y otros artistas exponían, y de allí se mudó a Nueva York para dedicarse por entero a la fotografía en un loft en Fulton Street. Sería en este espacio donde comenzaría a realizar sus primeros autoretratos conceptuales que serían conocidos como Complete Unititled Film Stills (1977-1980).
En estos retratos, Sherman se retrata disfrazada  para que sus fotografías parezcan escenas de películas desconocidas con una estética muy cercana al cine negro. No reproduce imágenes de películas reales, sino que sus fotografías parecen extraídas de películas, o incluso de la vida diaria.
Aquí comenzaría a descubrir lo mucho que podía expresar siendo ella el motivo principal de sus fotografías en las que el contenido conceptual era tan importante como la imagen.
En todas sus series hay un fuerte componente feminista lo que le ha llevado a realizar fotografías que aluden al sexo como denuncia. De todas ellas tal vez la más interesante y directa en el tratamiento del tema sea Centerfolds.
Así es como se conoce a las páginas centrales de las revistas masculinas que, en forma de desplegables horizontales muestran fotografías de mujeres objeto en posturas eróticas.
Sherman realizó una serie de imágenes en las que las mujeres que aparecían (Siempre ella misma) parecían haber sufrido malos tratos o mostraban agotamiento, hastío y sufrimiento.
De esta forma la autora da a los consumidores de esas revistas lo que buscan, mujeres en posters desplegables pero sus imágenes les golpean con su crudeza y la fuerza de su mensaje, con una aguda reflexión sobre el papel en la sociedad de muchas mujeres condenadas al dolor sólo por su sexo.

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Afal, una publicación y una época.

Hace tiempo que participo en la revista Abre el Ojo que edita en formato digital el Instituto Europeo del Diseño.
Hasta ahora mi temática ha sido el cómic clásico, pero a partir del último número ampliaré la temática a otros campos, entre ellos la fotografía.
Para comenzar mi serie de artículos sobre fotografía en la revista he elegido Afal, la revista y asociación almeriense a la que tanto le debe la fotografía española.

Reproduzco el artículo a continuación si bien aconsejo consultarlo en la revista y echar un vistazo a todo su contenido siguiendo el enlace publicado al final de esta entrada.

AFAL, UNA PUBLICACIÓN Y UNA ÉPOCA

La fotografía, presente por lo general en exposiciones temporales, galerías y ferias o certámenes como PhotoEspaña, tiene sin embargo poca cabida en los museos y en sus colecciones permanentes. Salvo excepciones como la colección de Fundación Telefónica, que además no se expone de forma duradera, poco podemos ver del arte de Niepce en los museos.
Hace pocos años, el Museo Reina Sofía de Madrid comenzó a destacarse fuera de esa tendencia incluyendo a grandes maestros de la fotografía española en su salas permanentes y en su programación temporal. Ahora ha vuelto a hacerlo creando una sala dedicada en exclusiva y de forma permanente al Grupo AFAL.
Esta decisión por parte del museo hace justicia a esta asociación a la que pertenecieron algunos de los más importantes fotógrafos españoles y que, a pesar de su gran importancia, es bastante desconocida fuera de ámbitos fotográficos.
El Grupo AFAL, acrónimo de Asociación Fotográfica Almeriense, fue fundado en el año 1950 como una asociación que buscaba la difusión de la fotografía. Su fundación obedeció a una tendencia de la época que generó agrupaciones fotográficas en toda España; antes de la Guerra Civil apenas existían la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, la Agrupación Fotográfica de Cataluña y poco más. Sin embargo, en 1960 ya se contaban más de treinta.

Fotografías y material gráfico expuesto

Un detalle de la nueva sala en el Museo Centro de Arte Reina Sofía


La Asociación Fotográfica Almeriense inició su andadura, como tantas de su categoría, reuniendo a un grupo de aficionados que compartían su pasión por la fotografía, hasta que en 1955 se nombró presidente a José María Artero García y secretario a Carlos Pérez Siquier. Estos nombramientos trajeron un nuevo planteamiento de la filosofía de la asociación, que ahora bebía de las tendencias y corrientes que imperaban en el extranjero, y que impulsaron la decisión de editar una revista que diera cabida a esas nuevas tendencias. En aquel momento, tras el nacimiento de Arte Fotográfico en el año 1952, las revistas fotográficas apenas si pasaban de meros boletines. Pero Arte Fotográfico se centraba más en la fotografía de inspiración pictorialista o academicista, lo cual motivó que en enero de 1956 naciera la revista AFAL.
Este primer número, con formato de boletín similar a los que editaban otras agrupaciones, como el Sombras de la Asociación Fotográfica de Madrid, algunos editados por la Agrupación Fotográfica de Cataluña o el Foto Club de Valencia, seguía la misma línea de sus predecesores, pero a partir del número cuatro la revista cambió su dirección pasando a ser una publicación centrada en la fotografía documental y humanista. La existencia de una revista de estas características dio paso a que un buen número de grandes fotógrafos encontraran un espacio para difundir sus fotografías; y así fue hasta que la revista publicó su último ejemplar en 1963, si bien en los números publicados entre 1959 y 1963 el cine ocupó un espacio considerable dentro de sus páginas.
A partir del número cuatro la revista cambió su dirección pasando a ser una publicación centrada en la fotografía documental y humanista. La existencia de una revista de estas características dio paso a que un buen número de grandes fotógrafos encontraran un espacio para difundir sus fotografías
En el año 1958 se publicó el Anuario de la Fotografía Española que obtuvo una importante difusión y algún enfrentamiento con los censores a causa de algunos desnudos publicados. La tirada de este anuario fue de 2500 ejemplares, algo extraordinario en aquel momento. A lo largo de su existencia, AFAL organizó eventos como el Salón de Invierno de Almería, una exposición itinerante del fotógrafo Otto Steinert o algunos proyectos en colaboración con el célebre Club Fotográfico de París Les 30 x 40.
Las actividades de AFAL dieron un impulso a la fotografía nacional y a la provincia en la que tenían lugar, alejada en esa época de los eventos culturales. Para resaltar la influencia que este colectivo tuvo en la fotografía y la cultura española, cabría destacar que gracias a la revista se pudo ver en nuestro país el trabajo de autores como Henri Cartier-Bresson, William Kelin, Robert Frank y Steinert, entre otros. Además, dieron a conocer en el extranjero a los fotógrafos españoles: tal fue su importancia que Edward Steichen invitó a algunos de los participantes a una exposición fotográfica mundial celebrada en 1959 en el MoMA de Nueva York. Sin embargo, este reconocimiento no los convirtió en profetas en su tierra y en España la crítica especializada no valoró positivamente su publicación u otras similares.

Material gráfico y documental expuestoMaterial gráfico expuesto en la sala dedicada a Afal en el Museo Centro de Arte Reína Sofía

Hasta que apareció la revista Nueva Lente, las publicaciones fotográficas no encontraron el espacio que merecían. AFAL desarrolló su actividad durante una dictadura que intentaba ocultar al mundo las condiciones de pobreza en las que vivía el país y, de este modo, todo aquello que contribuyera a documentar esa realidad y ponerla de manifiesto se consideraba sabotaje. Esto provocó que la revista tuviera serios problemas, pero aun así se publicó hasta 1963 con un total de 36 números. Poco después el grupo se disolvió.
En 2006, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo realizó una exposición titulada “AFAL. El Grupo fotográfico 1956/1963” acompañada de un seminario en el que se analizó la influencia de AFAL en la fotografía española.
Los fotógrafos que publicaban en la revista tenían diferentes orígenes y sus trabajos definían con claridad el estilo de cada cual. No constituían un grupo homogéneo que siguiera una tendencia determinada, más bien coincidían en una filosofía y les unía una serie de “peculiaridades que la hacen independiente, soberana de su propio campo de expresión y con posibilidades inéditas no soñadas ni explotadas por otras artes más antiguas en el tiempo”, según se describieron en la publicación. Realizaban una fotografía humanista: el ser humano era el centro de su trabajo aunque no descartaban temas como paisajes o naturalezas muertas a los que trataban con la misma pátina humanista e intimista.
Fueron muchos los fotógrafos que pasaron por las páginas de AFAL, muchos los grandes nombres entre los que se encuentran Gabriel Cualladó, Joan Colom, Ramón Masats, Pago Gómez, Carlos Pérez Siquier, Alberto Shommer, Ricard Terré, Oriol Maspons, Francesc Catalá Roca, Julio Ubiña, Xavier Miserachs, Gerardo Vielba, Ramón Barqués, Leopoldo Pomés, Francisco Ontañón y otros de los grandes precursores de lo que hoy, con el afán etiquetador anglosajón que nos invade, se denomina Street Photography, pero que entonces no era más que un interés maravilloso por captar la vida en toda su magnitud, lejos de modas y cerca del corazón. De aquellos fotógrafos, todos destacables, considero oportuno reseñar algunos nombres:

Carlos Pérez Siquier
Fundador de la agrupación junto con José María Artero, así como de la revista, es el único almeriense entre los más célebres. Sus fotografías del barrio de La Chanca le dieron la fama por su enfoque humanista y cercano de un barrio marginado, si bien fueron sus fotografías de veraneantes en la playa o de los rótulos y paredes mediterráneos las más conocidas por el público, por su novedad en su día (se anticipó a autores similares como Martin Parr) y por su tremenda fuerza visual.

Pérez Siquier© Carlos Pérez Siquier

Oriol Maspons
Oriundo de Barcelona, como muchos de los que publicaron en AFAL, se formó como fotógrafo en París, donde se empapó de las tendencias imperantes en Europa. Su fotografía se encauzó a terrenos como la moda, la publicidad y el retrato, trabajando para publicaciones prestigiosas, como Gaceta Ilustrada. Sus imágenes eran sencillas pero cargadas de fuerza.

Maspons© Oriol Maspons

Joan Colom
Nacido en Barcelona, es uno de los más grandes nombres de la historia de la fotografía española. Trabajando como contable, aprovechaba sus ratos libres para fotografiar casi a escondidas el barrio chino de Barcelona, por ser el vecindario en el que habitaba. Sus fotografías captan la vida en la calle, están llenas de amor hacia las personas que aparecen en sus fotografías y a las que retrató desde el respeto.

Joan Colom

© Joan Colom

Ricard Terré
También catalán, pintor y caricaturista en sus inicios, se colgó la cámara al cuello en 1955 y se lanzó a fotografiar la calle. Es el fotógrafo de las procesiones y los eventos religiosos, donde retrató a los participantes buscando lo anecdótico sin faltar al respeto y al espíritu del mejor fotorreportaje. Su imagen de la niña bizca vestida de comunión es el mejor ejemplo de su obra y de todo el espíritu del Grupo AFAL, del que fue miembro desde su comité directivo.

Ricard Terre

© Ricard Terré

Francisco Ontañón
Nació en Barcelona, realizó un buen número de portadas de discos, pero su trabajo en sus reportajes fotográficos es sin duda lo mejor de su carrera. Fue uno de los fundadores de La Palangana, el grupo “rival” de AFAL, y formó parte del equipo del diario El País y recibió el premio Nacional de Periodismo Gráfico.

Francisco Ontañón© Francisco Ontañón

 

Ramón Masats
Fotógrafo catalán nacido en 1931. Ingresó en el Grupo AFAL acompañado por Xavier Miserachs y Ricard Terré. Maestro de la fotografía humanista, recibió en 1956 el Premio Luis Navarro de Fotografía de Vanguardia y trabajó como fotógrafo para La Gaceta Ilustrada. También fue miembro del grupo La Palangana, antes de serlo de AFAL. Aunque trabajó en formatos cinematográficos y Televisión Española -emitió algunos trabajos suyos de gran importancia como Los Ríos o El Prado Vivo-, su medio de expresión natural fue la fotografía, donde destacó de forma especial.

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© Ramón Masats

Gabriel Cualladó
Valenciano nacido en 1925, mostró sus primeras fotografías en 1951. Desde 1956 formó parte de la Real Sociedad Fotográfica e ingresó en el Grupo AFAL. Inició su gran carrera con el premio de honor del salón nacional de la Real Sociedad Fotográfica. Además, también fue integrante de La Palangana para evolucionar y no estancarse en el documentalismo. Consiguió una gran cantidad de premios entre los cuales se encuentran el Trofeo Luis Navarro de Fotografía Vanguardista o el Premio al Mejor Retrato de la Fotografía de Sandes (Noruega).

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© Gabriel Cualladó

Alberto Schommer
Fotógrafo de Vitoria nacido en 1928. Por imposición de su padre, se dirigió al retrato, terreno que mejor conoció en su trayectoria fotográfica. En 1959 se unió al Grupo AFAL. En sus retratos hay tanta presencia del retratado como de su personalidad, que se plasmaba gracias a una fuerza expresiva única. Si bien la mayor parte de su obra se encuadra en esta especialidad, no dejó de lado otros ámbitos. Difundió su trabajo en instituciones como el Museo Español de Arte Contemporáneo y el Centro de Fotografía Creativa de Tucson. En 1956 fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Schommer© Alberto Schommer

La sala que ahora les dedica el Museo Centro de Arte Reina Sofía es pequeña pero suficiente para constituir el testimonio necesario de estos fotógrafos y su publicación. Se exhiben fotografías, ejemplares de la revista, bocetos previos a la maquetación y otros documentos de gran interés. Su visita siempre será recomendable como homenaje a uno de los momentos más elevados de la historia de nuestra fotografía.

 

Enlaces de interés:
El artículo en Abre El Ojo
Instituto Europeo de Diseño
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía