Crónica particular de PhotoEspaña 2016 (II)

Continua mi visión personal de PhotoEspaña 2016.

Círculo de Bellas Artes

Transiciones. Diez años que transformaron Europa. Colección Montelay

Las fotografías de esta interesante exposición fueron tomadas entre la elección de Margaret Thatcher como primera ministra del Reino Unido en 1979 y la caída del muro en 1989, una década que cambió Europa.
El realismo a golpe de flash de Martin Parr, la distante elegancia de los depósitos fotografiados por los Becher, el color intenso de Harry Gruyaert, los paisajes devastados de Jean-Marc Bustamante o los trabajadores en Blanco y negro de Chris Kilip, todos los autores claves de esos diez años en Europa están representados en una exposición que, además de un excelente paseo por la más reciente fotografía documental europea sirve de lección de la historia que no debemos olvidar por riesgo a repetirla.
Merece una visita para disfrutar las imágenes y una nueva para asimilar la lección.

harry-gruyaert© harry Gruyaert

© Boris Mikhailov

Louise Dahl-Wolfe. Con estilo propio

Louise Dahl-Wolfe es Avedon y es Horst P. Horst, es Weston y es Man Ray, es Helmut Newton y Irving Penn, y es ante todo y sobre todo elegancia.
Esta autora estadounidense (San Francisco, 1895) realizó para la revista Harper Bazaar principalmente y para otras revistas de igual prestigio un trabajo heredero de todos los grandes que la precedieron y del que son deudores sus sucesores. Sus fotografías son la esencia de un modo de fotografiar moda y retrato que tal vez ha desaparecido, una forma de componer, de exponer y de iluminar que dignifica a las modelos a través de la composición y la luz. Retrató a las más importantes modelos y actrices de su época y no hay una sola de la que no obtuviera la imagen definitiva.
Afortunadamente ahora podemos darnos una zambullida visual en lo mejor de su arte expuesto en el Círculo de Bellas Artes. Imprescindible.

louis1© Louis Dahl-Wolfelouis2© Louis Dahl-Wolfe

Casa de América

José A. Figueroa. Und Jetzt? (¿Y ahora qué?)

Las fotografías que José A. Figueroa tomó tras la caída del muro de Berlín con una cámara de aficionado nos muestran ese momento de nuestra historia más reciente, mejor que las de otros fotógrafos que dirigieron sus lentes hacia los puntos comunes más o menos oficiales pero tantas veces retratados.
En estas fotos tomadas sin mucha preparación, casi improvisadas por respeto y por consternación, vemos no sólo el rápido deterioro del muro desde el lado este de la ciudad, sino de qué forma su espacio fue colonizado y transformado por una ciudad y un mundo que se apresuraba a olvidarlo como si matando al mensajero desapareciera el problema que este mostraba.

figueroa1© José A. Figueroa
figueroa2© José A. Figueroa

Cartografías íntimas, un acercamiento a las relaciones interpersonales

Vuelvo a sentir ante esta exposición la misma sensación que me acompaña siempre que veo las muestras colectivas de Casa América, me faltan datos y me siento perdido.
Si bien en esta ocasión la información es mayor que en años anteriores y tengo el dato de que los autores que exponen son una selección de los visionados de porfolios realizados en noviembre de 2015 en el Centro Cultural de España en México y en el Centro Cultural de España en Santiago de Chile dentro del foro «Trasatlántica», sigo mareado ante la avalancha de fotografías, muchas muy buenas a primera vista y otras que sin duda tienen detrás una historia interesante, un por qué, pero lo desconozco y no puedo apreciarlo como debería, qué pena.

vicente© Vicente González

Continuará.

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Un descubrimiento: Dorel Frumusanu

Supongo que sería Eggleston el primero en encontrar belleza tomando instantáneas de su realidad más cercana sin tener en cuenta el momento decisivo ni buscar captar escenas únicas, sólo fotografiando en color lo que más a mano tenía, lo que a nadie se le había ocurrido fotografiar. Otros como Stephen Shore o más tarde Martin Parr se convirtieron en maestros de lo cotidiano y lo anodino elevado a la categoría de obra de arte. A rebufo de los maestros surgió una legión de imitadores, o simplemente de fotógrafos fascinados por la fuerza plástica de lo vulgar y cotidiano pero cargado de vida.

Frumusanu-1© Dorel Frumusanu

Me gusta localizar a estos fotógrafos, comparto su fascinación y siempre es un placer encontrar alguno que tiene una nueva mirada, un punto que lo diferencia del resto. Recientemente Behance.net me concedió un nuevo descubrimiento, Dorel Frumusanu.
De las muchas series de fotos que tiene en su portfolio de Behance, me interesa sobre todo, por temática y calidad fotográfica, la titulada Balkanik Beach, en la que fotografía a la gente que acude a las playas en busca de un rayo de sol que consiga colarse entre la multitud y atravesar una armadura de protector solar.

Frumusanu-5© Dorel Frumusanu

Las playas en verano son terreno abonado para la falta de inhibición, los bañistas se liberan de tapujos y se exhiben en entornos urbanos masificados sin importarles el qué dirán. Esto es lo que Frumusanu retrata, gente extraordinaria en los entornos más ordinarios, apuntando su lente hacia aquellos lugares o escenas en los que lo vulgar, lo cutre, se convierte en la tónica dominante. Y lo hace con maestría, con un ojo entrenado capaz de captar escenas brillantes, únicas, que constituyen una crónica de un territorio  azotado por la pobreza que intenta divertirse como lo hacen los ricos, aunque sea entre cascotes y bloques de cemento lamidos por un mar triste y casi muerto.

Frumusanu-4© Dorel Frumusanu

Frumusanu-3© Dorel Frumusanu

Frumusanu-2© Dorel Frumusanu

Enlaces de interés:
Portofolio en behance.
Sus artículos en L’oeil de la photographie.

Stephen Shore, lo sublime de lo cotidiano

La retrospectiva más importante de la obra de Stephen Shore que se ha llevado a cabo en España se encuentra expuesta hasta el 23 de noviembre en la sala que Fundación Mapfre tiene en el número 13 de la calle Barbara de Braganza, en Madrid.
Ayer mismo tuve la suerte de asistir a la visita guiada para bloggers, y recalco el adjetivo “privilegio” porque lo allí expuesto es historia de la fotografía que resulta aún más fascinante si alguien lo explica con la maestría con la que el personal de la sala lo hace.
Stephen Shore comenzó en la fotografía de forma precoz cuando sólo era un niño de 6 años y gracias a un equipo de revelado Kodak que un familiar le regaló, con lo cual invirtió el proceso habitual pues reveló fotografías antes de comenzar a tomarlas.
Comenzó a tomar fotografías tres años después y a los diez años su vecino, un importante editor musical, le regaló “American Photographs“, el libro de Walker Evans, lo que supuso para él una revelación.

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Portada del libro de Evans que tanto le influyó

Sólo tenía catorce años cuando se presentó ante Edward Steichen, el entonces director de fotografía del MOMA de Nueva York y le mostró su trabajo, convencido de su originalidad y diferencia, tanto que Steichen adquirió tres de sus trabajos, lo cual era un hecho único dada la edad del fotógrafo. A los dieciseis años, enterado de la actividad de Andy Warhol y sus colegas en The Factory, se presentó ante ellos y se convirtió en el fotógrafo de todo lo que aquella actividad frenética de arte pop supuso.

Cuando tenía 24 años se convirtió en el segundo fotógrafo vivo que expuso obra en el Metropolitan de Nueva York.
En 1972, Shore fue consciente de que conocía con detalle la ciudad de Nueva York pero nada del resto de su país, así que realizó un viaje a la ciudad de Amarillo (Texas), un lugar alejado de cualquier itinerario turístico, y en esa ciudad no sólo descubrió una nueva forma de fotografiar y de ver, también descubrió el color.
Hasta ese momento, Stephen Shore había realizado series fotográficas conceptuales en blanco y negro, como todos los fotógrafos. El color se consideraba vulgar y desde luego nada parecido al arte, pero las calles de Amarillo le llevaron a realizar una serie de postales (Literalmente postales, impresas como cualquier postal con su reverso listo para enviar por correo pero sin datos de la ciudad fotografiada) pero que huían de los arquetipos habituales y retrataban una ciudad geométrica, casi desértica, desangelada pero fascinante, y todo ello en un color industrial, de revelado automático.

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Postal de Amarillo, Texas. © Stephen Shore

A partir de ahí, Shore comenzó con su producción en color, contraviniendo las tendencias artísticas e introduciendo la fotografía en color en los museos y en el arte con mayúsculas pese a las muchas reticencias de las vacas sagradas de la fotografía de su época. Y lo que le hizo grande entre los de su tiempo no fue sólo el uso del color tan particular, sino la temática de sus fotografías.
Series como American Surfaces o Uncommon Places son colecciones de magníficas fotos cuyo tema es la nada, lo más cotidiano, lo que a nadie se le había pasado por la cabeza fotografiar. Sin pretenderlo, él fue el padre de la cultura visual contemporánea, el primero en fotografiar comida, lugares anodinos, aquello con lo que nos encontramos a diario y por ello pierde valor estético, todo lo que se alejaba de los grandes temas de la fotografía o el arte y que ahora vemos a diario en internet como una auténtica avalancha de fotografía instantánea repetida hasta la saciedad.

P9227355Algunas fotografías de American Surfaces expuestas en la sala. © Stephen Shore

Algunas fotografías de Uncommon Places expuestas en la sala © Stephen Shore

Siempre ha sido y sigue siendo un fotógrafo contracorriente, en todo momento, cuando comenzaba una nueva serie buscaba subvertir las normas, hacer lo contrario de lo que las tendencias artísticas marcaban. Fotografió los paisajes de Texas o Escocia huyendo de las grandes composiciones y centrándose en aquellos lugares donde no hay una referencia para fijar la mirada. Usó el color de revelado automático cuando sus colegas pasaban horas en los laboratorios para cada fotografía en Blanco y negro. Regresó al blanco y negro cuando ya todo el mundo fotografiaba en color. Realizó fotografía callejera espontánea y vital usando una enorme cámara de placas.

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Fotografía callejera realizada con cámara de placas expuesta en la sala © Stephen Shore

El gusto por la diferencia, el contínuo tour de force por ir un paso más allá, por hacer lo que le apetecía y enfrentarse a sus series con una ferrea disciplina son las características que convierten a la obra de Stephen Shore en una referencia en la historia del arte, en cierto modo junto a trabajos de autores como William Eggleston o Willian Christenberry y él es la fuente de la que beben fotógrafos posteriores como Nan Goldin, Andreas Gursky, Martin Parr o Brian Schutmaat, entre otros.
Stephen Shore sigue siendo en la actualidad uno de los más grandes fotógrafos, ahora su trabajo está en instagram y en Facebook, lo cual tiene toda la lógica pues él fue el creador de la fotografía que practican la mayoría de los instagramers, con la diferencia de que él fue el primero en hacerlo.
Ahora, toda esta fotografía se puede contemplar en la exposición de Fundación Mapfre, excepto las fotografías de su etapa junto a Warhol, yo pienso volver a verlas de nuevo, a empaparme de ellas con la esperanza de que algo se me contagie, y cuando se acabe la exposición, disfrutaré del excelente catálogo.

 

Datos de interés.
Web de Stephen Shore
Stephen Shore en Instagram
Stephen Shore en Facebook
Web de Fundación Mapfre

Yo, mi, me, conmigo

Conocemos el mundo a través de los fotógrafos, sabemos de su realidad más inmediata o de sus ficciones más íntimas viendo lo que ellos ven cuando miran a través del visor. El fotógrafo capta lo que se le presenta delante, atrapa su visión subjetiva convirtiendo sus fotografías en escaparates por los que pasea la vida entera. Pero sucede también que, en ocasiones, los fotógrafos giran la cámara y apuntan hacia si mismos, se convierten en el motivo de sus fotografías, ellos son los creadores y a la vez son la creación. Son muchos los fotógrafos que han hecho del autoretrato una parte importante de su trabajo, cuando no el todo. Hablaré aquí de los que más me interesan entre los que conozco, los que considero que han ido más alla de la mera autorepresentación para convertir en arte el culto a si mismos y que lo han hecho de una forma más original.

Cindy Sherman, personalidad múltiple

Cynthia Morris Sherman (Glen Ridge, Nueva York, 1954) era la menor de cinco hermanos que habitaban en un suburbio newyorkino y eso hizo que se criara en un entorno poco propicio al desarrollo de las artes, al contrario,  siempre afirmó que no fue hasta que inició los estudios universitarios en Buffalo que comenzó a familiarizarse con las artes visuales, no obstante antes había pasado por la escuela de artes. Como tantos artistas, comenzó dedicándose a la pintura pero pronto sintió que en ese terreno no tenía más que comunicar y de este modo pasó a la fotografía. En la universidad formó un espacio para artistas llamado Hallwalls donde ella y otros artistas exponían, y de allí se mudó a NY para dedicarse por entero a la fotografía en un loft en Fulton Street. Sería en este espacio donde comenzaría a realizar sus primeros autoretratos conceptuales que serían conocidos como Complete Unititled Film Stills (1977-1980).

G02A13Untitled-Film-Still-13.1978_large-376x475© Cindy Sherman, de “Complete Unititled Film Still”

En estos retratos, Sherman se retrata disfrazada  para que sus fotografías parezcan escenas de películas desconocidas con una estética muy cercana al cine negro. Aquí comenzaría a descubrir lo mucho que podía expresar siendo ella el motivo principal de sus fotografías, muy cargadas de un peso conceptual latente en cada una de ellas. A esta serie siguieron otras como “Retratos Históricos” donde se trasviste para convertirse en personajes masculinos protagonista de cuadros clásicos. Sherman aparecía en cada una de las fotografías pero más bien como una actriz o como una modelo, no como ella misma, de tal modo ella nunca consideró que estaba haciendo autoretratos sino fotografías en las que ella aparece, de forma casi circunstancial.

G07A20Untitled-224.1990_large© Cindy Sherman, de “History Portraits

Para entender la importancia de su obra hay que situarse en la época, en un momento en el que la presencia femenina en las fotografías solía venir acompañada de un rol erótico, un mero complemento sexual, un adorno. El que Sherman se fotografiara con disfraces, rehuyendo el desnudo o las tomas eróticas, contribuyó a afirmar el feminismo que cobraba auge en la época. Ahora la mujer no era un objeto de deseo, era protagonista, era secundaria, era juez y parte. Sherman adopta multiples personalidades y siempre sus poses resultan artificiales y teatrales, incidiendo de este modo en las multiples caras de la femineidad, unas veces representando los más arraigados clichés y en otras dando un paso más allá. A partir de los ochenta, las poses y escenificaciones pasan de reflejar situaciones estereotipadas en las que la mujer desempeña roles clásicos del cine para mostrar en su obra Centerfolds mujeres que son víctimas de abuso sexual, que viven al márgen, que son abandonadas, mujeres que sufren. Ese cambio marcó el resto de su carrera, Cindy Sherman ya no era la fotógrafa que captaba la representación clásica de la mujer en el cine y otras artes visuales, ahora ella iba más allá y mostraba a una mujer real dentro de la teatralidad de sus imágenes como ha seguido haciendo en el resto de su muy extensa obra La obra de Sherman no tiene valor por la calidad técnica o visual de su obra, sino porque la autora demostró con ellas la importancia que el concepto, el fondo de una obra puede tener sobre la forma. Cada una de sus muchas fotografías es una performance que sólo tiene lugar para ser captada en la fotografía, pero a su vez cada fotografía no tendría sentido si no reflejara un momento en una performance. El fondo por encima de la forma, el mensaje por encima del medio y todo ello realizado de tal forma que es fácil olvidarse de que lo que captan sus fotografías no es real, incluso de que es la misma persona la que aparece en ellas, y que ante su contemplación sólo veamos la mejor fotografía.

G04A02Untitled-86.1981_large-950x475© Cindy Sherman, Circa 1980

 

Martin Parr, la consagración de lo kitsch

Martin Parr (Epson, Surrey, UK, 1952) es el fotógrafo del kitch, el gran retratista de la clase media británica y mundial, el poeta de la realidad más inmediata y menos sofisticada, el maestro del día a día. Miembro de Magnum desde 1994, Parr es uno de los más grandes documentalistas sociales y de los que más importancia dan en su obra al sentido del humor . LON18546

Martin Parr Collection. FRANCE. Strasbourg. Autoportrait. 1996

Martin Parr estudió fotografía en la Escuela Politécnica de Manchester a principios de los años setenta, y a comienzos de la siguiente década comenzó a reflejar la forma de vida de la clase media-baja británica, sobre todo de los más castigados por el gobierno de Margaret Thatcher. A partir de entonces, Parr ha recorrido el mundo fotografiando a su paso a los ciudadanos de a pie, con sus glorias y sus miserias. Sus fotografías usan siempre el color y casi siempre el flash directo, lo que intensifica el caracter kitsch de su obra que ya determina en gran parte la temática de esta.

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Martin Parr Collection. España, Benidorm. Autoportrait. 1996

En sus muchos libros, tales como Common Sense o Small World, retrata los devenires de la clase media en su vida diaria, en sus trabajos y en su ocio, y es fotografiando el ocio cuando Martin Parr incide en el turismo, en cómo nos comportamos cuando nos convertimos en consumidores de viajes organizados, en recopiladores de instantáneas de monumentos, en esa marabunta multicolor que traslada divisas y devuleve souvenirs. Los souvenirs, la forma en la que los turistas guardan el recuerdo de sus visitas a otros lugares, han atraído a Parr siempre de forma especial y los ha fotografiado constantemente, y de entre los souvenirs que él ha recopilado y fotografiado, destacan aquellos encontrados en muchos países que le permiten insertar su propia imagen tomada por algún fotógrafo callejero o por un fotomatón. Martin Parr aparece retratado en los objetos más dispares y en las situaciones más ridículas; Dentro de la boca de un tiburón, junto a un Messi virtual en el Camp Nou, entre flores abigarradas, dentro de una copa saturada de brillos… etc.

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Martin Parr Collection. Alemania, Munich. Autoportrait. 1996

El fotógrafo de nuevo es el objeto de su trabajo y lo hace convirtiéndose en aquello que tanto le llama la atención, en chatarrería hortera para turistas sin gusto, en mediocres objetos de consumo, de este modo se consagra el culto más sublime al kitsch que inunda su trabajo, siendo él mismo parte de los souvenirs, rompiendo la habitual distancia entre fotógrafo y fotografiado para alcanzar la perfecta comunión entre el artista y su obra que se convierten ahora en una misma cosa. El resultado es brillante, un culto a lo hortera elevado a obra de arte por el poder de la cámara de Martin Parr  y por su devoción hacia lo que fotografía.

Vivian Maier. Al otro lado del espejo

A estas alturas, todo el mundo ha oído hablar de la niñera fotógrafa, pero hasta hace bien poco, Vivian Maier era una total desconocida.En 2007, John Maloof se encontraba buscando documentación para un libro sobre Chicago y en una subasta se hizo con un archivo de fotografías que habían sido adquiridos por la casa de subastas en un almacén de muebles cuyo arrendatario había dejado de pagar el alquiler.

 

Untitled-1© Vivian Maier

Maloof reveló algunos de esos carretes para venderlos en la red, y en ese momento Allan Sekula contactó con él para impedir que se dispersara el material que tenía una calidad que Maloof no había sido capaz de apreciar. A partir de ese momento, John Maloof se dedicó al rescate de la obra de Vivian Maier. Gracias a esto podemos ahora disfrutar del trabajo de la niñera fotógrafa.
Vivian Maier, hija de refugiados judíos, pasó casi toda su vida en Estados Unidos. A principio de los años 30, su padre abandonó a su madre y madre e hija vivieron por una temporada con Jeanne J. Bertrand, una fotógrafa surrealista que tal vez inició la vocación de Vivian.

VM1954W02936-11-MC© Vivian Maier

Maier no era fotógrafa profesional, se ganaba la vida con diferentes, sobre todo siendo la niñera de una familia del North Side de Chicago después de haber viajado a diferentes paísesa asiáticos. En sus contínuos paseos que la llevaban a casa de los niños que cuidaban y de vuelta a la suya realizó gran parte de sus fotografías que no revelaba porque no se lo podía permitir, pero no le importaba, seguramente para ella el resultado de cada foto era indiferente.
Vivian Maier fotografiaba su entorno de forma compulsiva, pero no de una forma desordenada, sino cuidando cada fotografía y creando así un archivo privilegiado de tipos y personajes de su época. La suya es una mirada atenta que analiza y disecciona la sociedad que se muestra en las calles, es como un certero bisturí que extrae lo mejor, lo más jugoso de la vida y deshecha lo accesorio.

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Maier retrata su mundo en todas sus facetas, y ella es parte de ese mundo lo que le lleva a retratarse reflejada en espejos, escaparates y otras superficies reflectoras, siempre con un gesto hierático con la mirada atenta a su reflejo mientras sostiene Rolleiflex a la altura del vientre. Los suyos son autoretratos sin planificar, ella caminaba y cuando encontraba su reflejo, lo retrataba, sin más, sin mayores pretensiones, como una constancia de su vida que era la vida de su ciudad.
Vivian Maier falleció en 2008, viviía en la pobreza y los niños a los que cuidó en su día ahora le pagaban el alquiler del apartamento.
Caminando sobre el cielo resbaló y se golpeó en la cabeza, cuatro meses después falleció en una residencia de ancianos, a los 83 años, dejando un tesoro latente en un trastero de alquiler.

VM1955W03420-05-MC© Vivian Maier

Mariano Icaza/ Atos Alde. ¿Existe el estilo?

Mariano Icaza es un fotógrafo español que no goza de demasiada fama pero entre cuyos trabajos hay uno que llamó mi atención de forma muy positiva cuando lo vi por primera vez. Inspirado por al frase de Roland Barthes que afirma “Lo que la fotografía reproduce es algo que ha tenido lugar una sola vez, luego muere, expira, nunca se repetirá”, se planteó por qué no recuperar determinados momentos, revivir a grandes retratistas que a su juicio han marcado estilo y creado tradición.

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© Atos Alde retratado por Walker Evans

Para ello, Mariano Icaza decidió autoretratarse evocando el estilo de autores como Rodchenko, Avedon, Chambi, Mapplethorpe, Gonnord o Alberto Alix entre otros, dando lugar a un interesantísimo ejercicio de estilo en el que su alter  ego, “Atos Alde” es retratado por todos estos grandes maestros.

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© Atos Alde retratado por Helmut Newton

Las fotografías resultantes, además de un innnegable valor estético, constituyen una reflexión sobre el estilo y sobre si este es único o es imitable y adaptable a otros autores. Mariano Icaza recurre a determinados tópicos sobre la obra de cada autor y por un momento creemos estar viendo fotografías con la firma de los grandes, nos olvidamos de que la fotografía es de nuevo una gran mentira, una ilusión, y el fotógrafo, el más tramposo de los ilusionistas.

9atosalde© Atos Alde retratado por Cindy Sherman

Kelly Connell, Una más Una igual a Una.

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© Kelli Connell


Me interesa mucho el trabajo de Kelli Connell, una fotógrafa norteaméricana nacida en 1974 cuyo trabajo muestra diferentes facetas de la vida privada de una pareja formada por dos mujeres, desde el ámbito más público hasta el más privado. Son fotografías de una gran belleza, que investigan en la vida diaria de la pareja contándonos su historia de amor, su intimidad, los matices de una relación.

 

Hammock_Color-copy© Kelli Connell

De nuevo, la fotografía miente, no existe tal pareja, no hay dos mujeres, tan sólo es la propia Kelli Connell que se fotografía y después de escanear los negativos los monta en photoshop creando una muy hermosa ficción.

 

kelliconnell_thismorning© Kelli Connell

Son muchos los autores que han usado su propia imagen desde que existe la fotografía y reflejarlos aquí a todos sería una tarea inabarcable, creo que estos cinco botones constituyen una buena muestra.

Enlaces de interés:
Cindy Sherman
Martin Parr
Vivian Maier
Mariano Icaza
Kelli Connell