Los otros caminos del sexo.

Hace pocos días que se ha publicado el nuevo número de la revista Abre el ojo, editada por el Instituto Europeo del Diseño. Como ya hiciera en otras ocasiones, he escrito un artículo sobre fotografía.
Este nuevo número es el primero de una trilogía sobre el deseo y va dedicado al sexo. Mi artículo habla sobre aquellos autores que han usado el sexo en sus fotografías pero no desde un punto de vista erótico.
Aquí dejo el artículo completo. También aconsejo leer Abre el ojo en este enlace.

Los otros caminos del sexo

Casi desde el comienzo de su existencia, al menos desde que fue posible fotografiar cuerpos y elementos animados sin recurrir a prolongadas exposiciones, la fotografía ha formado un binomio duradero y fructífero con el sexo.
Obviando usos pornográficos de la imagen, la fotografía descubrió hace mucho tiempo una fuente de inspiración y de creación en el cuerpo humano desnudo y en su relación con otros cuerpos. De los desnudos más sutiles a los más explícitos, de los besos más cándidos a los cuerpos unidos sin censura, en la historia de la fotografía son tantos los autores que han explotado este campo del arte de Niepce que elaborar una lista con ellos sería una tarea ímproba.
Una imagen de un cuerpo desnudo o varios conlleva siempre una carga sexual pues la figura humana no puede desligarse de la visión erótica, ya sea un detalle de la piel como en una imagen explícita. El sexo y la fotografía corren paralelos merced a la percepción particular del erotismo por parte del observador.
Pero son también muchos los fotógrafos que han tratado el sexo con sus fotografías sin buscar el erotismo sino acercándose a la materia por caminos paralelos muy diferentes entre sí pero que siempre acaban mostrando el sexo desde otro punto de vista y con muy diferentes contenidos.
Como dije, la lista de autores es larga, valga como ejemplo esta selección de nombres.
Nan Goldin.
Su tratamiento del sexo en la fotografía es uno de los más valientes e interesantes de cuantos conozco.
De origen Judío, Goldin creció de familia en familia tras el suicidio de su hermana. Tras su paso por la Satya Community School de Boston comenzó su relación con la fotografía que se solidificaría en los setenta tras conocer Provincetown, una comunidad de vacaciones en Massachusetts muy popular entre público homosexual. Allí entró en contacto con las personas que retrataría en sus fotografías durante veinte años; Sharon, Waters, Bruce, Cookie, etc. Sus amigos, los que ella llamaba Su Tribu.
Estudió en la Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, graduándose en 1978. En su misma promoción estudiaron algunos grandes de la fotografía como Philip-Lorca Di Corcia.
Fue en esos años cuando incorporó a sus fotografías el flash y la película de color.
Después de dejar Boston comenzó una nueva vida en Manhattan, en el barrio de Bowery. Allí conoció el estallido del movimiento punk y la contracultura, también encontró el tema que marcaría toda su obra, la descripción de la vida sexual y sentimental de los que poblaban el ambiente contracultural.
En sus magníficas imágenes, Nan Goldin muestra la vida de sus amigos desde dentro, con una mirada cercana, como una más entre ellos. Siempre quiso ser una Drag según sus propias palabras pues las fotografió cuando hizo fotografía de moda y quedó fascinada por ellas.
En las fotografías de Goldin hay pobreza, hundimiento, enfermedades, diferencia, provocación, violencia, aislamiento, un sinfín de sentimientos y experiencias representados en sus imágenes descuadradas, saturadas e impactantes.
Nan Goldin presenta sus fotografías en forma de películas en las que las imágenes se suceden. La más famosa de esas películas es La Balada de la Dependencia Sexual, título extraído de una canción de Bertolt Brecht. Esta serie de fotografías tomadas entre 1982 y 1995 es un documento único sobre los estragos del Sida.
“La balada de la dependencia sexual y otras anteriores fueron hechas en un loft que tengo en Nueva York, donde vivíamos más de diez personas, y era un lugar donde pasaba mucha gente cada día”, recuerda la fotógrafa. “No teníamos barreras, fueron fotos hechas a finales de los setenta. Fue una época muy salvaje, pero muy creativa”.
Otra de sus series, la titulada La Balada de la Morgue trata el mismo tema.
Tras la presentación de La Balada de la Dependencia Sexual ingresó en una clínica de desintoxicación europea donde comenzó a autoretratarse y donde rodó el documental autobiográfico I’ll be your Mirror, titulado como una canción de la Velvet Underground.

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Kohei Yoshiyuki

Entre los autores orientales, especialmente entre los japoneses, el sexo es una continua fuente de creación e incluso una obsesión. Araki, Moriyama y otros han tratado el erotismo con visiones muy interesantes que merecen su espacio en otro texto. El caso de este autor supone un tratamiento del sexo diferente y original.
Nacido en 1946, sería en los años setenta cuando Yoshiyuki se hiciera famoso gracias a un incidente particular.
Por aquél entonces era un fotógrafo comercial desconocido y una noche, caminando por el parque Chuo en Shinjuku, llamó su atención una pareja de enamorados tumbada en el suelo pero sobre todo el grupo de personas que los espiaban desde los arbustos.
Llevaba su cámara encima y tomó algunas fotografías, pero la oscuridad no le permitió realizar ninguna fotografía con calidad de aquella peculiar situación.
Cuando Kodak comercializó sus flashes infrarrojos, Yoshikuki decidió volver al lugar y además exploró otros parques como los de Aoyama o Yoyogi, parques que por el día se poblaban de madres y niños que jugaban y al caer la noche se convertían en lugares de furtivos encuentros sexuales. Comenzó entonces a fotografiar a las parejas entregadas a sus actividades sexuales mientras eran observadas y espiadas por voyeurs descarados que apenas se escondían para llevar a cabo su espionaje, poco a poco sus fotografías se centraron en los mirones más que en las parejas.
Para realizar sus fotos, estuvo seis meses recorriendo los parques sin tomar fotografías, sólo para conseguir la confianza de los mirones, para que lo considerasen uno más. Se comportó como ellos lo hacían, mostraba el mismo interés que ellos pero ocultando una cámara pequeña cargada con película infrarroja. Pasó así tres años.
Él quería fotografiar a los voyeurs pero teniendo claro que eso le convertía a su vez en otro mirón, en un voyeur de voyeurs. Pero al fin y al cabo es algo inherente al acto fotográfico.
Las fotografías de esta serie, titulada El parque fueron expuestas en 1979 dentro de la galería Komai de Tokio. Todas las fotografías se positivaron en tamaño real y se apagaron todas las luces. Cada visitante recibió una linterna para que experimentara lo mismo que el fotógrafo o que los voyeurs.
Realizó otras series, como Love Hotel, con fotografías a partir de cintas de video amateur de contenido erótico tomadas por clientes de algunos hoteles destacados de tokio.

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Oliviero Toscani

Si Goldin y Yoshiyuki buscaban con sus fotografías el documento artístico de una situación o un entorno, Toscani es el perfecto ejemplo del uso del sexo como provocación con fines comerciales.
Nacido en Milán en 1942, este fotógrafo, que estudió en Zúrich entre 1961 y 1965, tiene una capacidad especial para provocar opiniones encontradas con sus imágenes. Se pueden odiar o amar, pero nunca dejan indiferente al espectador. Tras pasar por varias empresas, en los años ochenta Benetton lo contrató para darse a conocer. No tenía un departamento de publicidad específico, ni contaba con una agencia que lo respaldara, pero la marca italiana, aún una firma bastante joven, confió en el fotógrafo.
El trabajo y desarrollo de la temática para las campañas que realizarían junto a Oliviero Toscani fueron trazándose mediante reuniones en las cuales el artista exponía sus ideas. Benetton se entregó ciegamente al estilo de Toscani y se rumorea que le dieron “carta blanca” para realizar sus campañas. Entonces nació una relación con la marca que duró hasta el año 2000.
Además de con Benetton, Oliviero Toscani ha realizado campañas en la misma línea con otras marcas. Las fotografías de besos iniciaron la polémica. En ellas solo se ve a dos personas besándose, pero es en quienes se besan donde está el problema: un cura y una monja, parejas de políticos antagónicos, israelitas y palestinos, personas del mismo sexo. Estas fotografías no solo aparecían en revistas, sino también en forma de grandes vallas publicitarias con lo que el escándalo entre las mentes “bien pensantes” estaba garantizado.
En 2005 realizó una campaña para la marca Ra-Re en la que parejas homosexuales se besaban junto a un niño o en posturas ligeramente eróticas. Eran imágenes inocentes, pero por desgracia muchas personas se siguen escandalizando ante algo así y la homosexualidad es aún un tabú para un sector amplio de la población. La imagen de dos caballos copulando que realizó para Benetton perdió su carácter documental al ocupar de nuevo las vallas publicitarias y escandalizar a los más proclives al sonrojo.

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Txema Salvans
De entre los fotógrafos españoles me interesan dos autores en activo que han enfocado el sexo, y en concreto la prostitución, desde enfoques muy diferentes pero ambos de gran interés.
Txema Salvans pasó de estudiar biología a destacar en la fotografía ganando el premio Fotopres en 1997. Tras trabajar para Fabrica en Italia y en el International Center of Photography de Nueva York, recibió en 2005 el premio PhotoEspaña al mejor libro de fotografía española por Nice to meet you.
Sus trabajos que se centran en colectivos particulares mostrando sus realidades desde enfoques diferentes son de gran interés, en especial el titulado The Waiting Game.
Este libro presenta a las prostitutas que ejercen su oficio en carreteras del levante español y alrededores de Madrid.
Para realizar este ensayo fotográfico, Salvans montó su cámara sobre el triple de un teodolito de topógrafo y, ataviado con un chaleco fluorescente se acercó a estas mujeres sin levantar sospechas de que estaban siendo fotografiadas.
Las fotografías de The Waiting Game muestran a las prostitutas mientras esperan, no en contacto con sus clientes. Txema Salvans retrata sus largas horas de espera bajo el sol, descansando en muebles de deshecho o en tocones. Las mujeres ocupan un pequeño espacio en cada fotografía, siendo aplastadas por el paisaje industrial y la hostilidad de los entornos en los que pasan sus horas.
El tratamiento del color en estas imágenes insiste en el castigo del sol sobre las mujeres mediante unos colores claros y luminosos.
The Waiting Game es un excelente grito de denuncia sobre la realidad de la prostitución en las carreteras y a la vez una bella obra de arte.

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Fosi Vegue
Oriundo de Talavera de la Reina, Toledo, este fotógrafo es uno de los miembros más destacados de la generación dorada de la fotografía española, según afirma el British Journal of Photography.
Fosi Vegue es uno de los miembros más destacados de Blank Paper, el colectivo fotográfico que incluye a fotógrafos como Ricardo Cases y Oscar Monzón.
En 2006 fundó la escuela Blank Paper donde ejerce como director y profesor y gracias a ello puede desarrollar proyectos con creadores emergentes y entidades de fotografía con renombre nacional o internacional.
Autor de proyectos como Extremaunción, donde disecciona a la Iglesia en España o Grande Éxitos, un retrato detallado sobre una sala de fiestas, entre otros.
En 2014 publicó en la editorial Dalpine el libro XY XX, definido como un estudio sobre el sexo como catalizador de nuestros instintos, de nuestros deseos.
Vegue trabaja en este libro sobre un tema muy cercano a tratado por Salvans en The Waiting Game, él también basa sus fotografías en el tema de la prostitución pero su enfoque es muy diferente, antagónico, pero no por eso menos interesante.
El autor descubrió que algunas ventanas de un patio de vecinos al que tenía acceso daban a las habitaciones a un prostíbulo y eso le llevó a realizar este trabajo que él considera una actualización del Dirty Windows de Merry Alpern o incluso de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock.
Vegue ha fotografiado con un teleobjetivo el interior de esas habitaciones y el resultado es un conjunto de imágenes confusas, donde no distinguimos rostros pero sí espaldas, manos o piernas, pues no es su intención documentar la vida privada de quienes allí operan, clientes y prostitutas, sino hacer una interesante reflexión del sexo como sistema de control o como catalizador de nuestros instintos y nuestros deseos y contradicciones.
El resultado es un conjunto de imágenes poderosas en las que el rojo y el negro son casi los colores únicos. El rojo de las bombillas, el negro de la oscuridad, de las pieles. Imágenes en las que lo escabroso del sexo practicado en esas habitaciones no se ve pero se siente, casi se respira.
Un enfoque fascinante y novedoso sobre el tema más antiguo.

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Philip Lorca Di-Corcia
Este maestro de la luz y el color trabaja sobre series temáticas en las que las fotografías han sido estudiadas al milímetro para que la luz esté bajo el control del autor en cada rincón de cada fotografía.
De entre las muy interesantes series de este autor, me interesa hablar de Hustlers (Chaperos) por el acercamiento tan original y bello del autor hacia el tema de la prostitución masculina.
Para encontrar modelos para sus fotografías recorrió en su coche las calles de Hollywood entre 1990 y 1992 buscando jóvenes que se prostituyeran. La mayoría de los chicos los encontró en “Boystown”, al este de Hollywood. A cada uno de ellos les propuso pagarles lo que cobraran por su servicio más básico a cambio de ser retratados.
Di Corcia seleccionó previamente las localizaciones y con un asistente realizó pruebas de la iluminación antes de encontrar a sus modelos.
Cada foto es un excelente retrato que se acompaña con el nombre del modelo, su edad, el lugar desde el que habían llegado a Los Ángeles y la tarifa pagada a cada uno.
Esta serie se finació con una beca obtenida del National Endowment por valor de 45.000 €. En aquél momento el gobierno estaba siendo muy criticado por parte de grupos religiosos que acusaban al NEA de financiar contenido gay, obsceno o político.
No les faltaba razón pues entre las obras subvencionadas que disgustaron al “700 Club” estaban las fotografías de negros desnudos de Mapplethorpe o Piss Christ, una fotografía de un crucifijo en un vaso de orina, de André Serrano.
Sea como fuere, Hustlers es un conjunto de hermosas imágenes cuyo interés se acrecenta por su contexto y por aquello que retratan.

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Cindy Shermann
Cynthia Morris Sherman (Nueva Jersey, 1954) es una de las fotógrafas norteamericanas e incluso de todo el mundo más respetada y admirada, por la calidad y coherencia de su trabajo.
Era la menor de cinco hermanos habitantes de un suburbio newyorkino . Como tantos artistas, comenzó dedicándose a la pintura pero pronto sintió que en ese terreno no tenía nada que decir y así pasó a la fotografía. En la universidad formó un espacio para artistas llamado Hallwalls donde ella y otros artistas exponían, y de allí se mudó a Nueva York para dedicarse por entero a la fotografía en un loft en Fulton Street. Sería en este espacio donde comenzaría a realizar sus primeros autoretratos conceptuales que serían conocidos como Complete Unititled Film Stills (1977-1980).
En estos retratos, Sherman se retrata disfrazada  para que sus fotografías parezcan escenas de películas desconocidas con una estética muy cercana al cine negro. No reproduce imágenes de películas reales, sino que sus fotografías parecen extraídas de películas, o incluso de la vida diaria.
Aquí comenzaría a descubrir lo mucho que podía expresar siendo ella el motivo principal de sus fotografías en las que el contenido conceptual era tan importante como la imagen.
En todas sus series hay un fuerte componente feminista lo que le ha llevado a realizar fotografías que aluden al sexo como denuncia. De todas ellas tal vez la más interesante y directa en el tratamiento del tema sea Centerfolds.
Así es como se conoce a las páginas centrales de las revistas masculinas que, en forma de desplegables horizontales muestran fotografías de mujeres objeto en posturas eróticas.
Sherman realizó una serie de imágenes en las que las mujeres que aparecían (Siempre ella misma) parecían haber sufrido malos tratos o mostraban agotamiento, hastío y sufrimiento.
De esta forma la autora da a los consumidores de esas revistas lo que buscan, mujeres en posters desplegables pero sus imágenes les golpean con su crudeza y la fuerza de su mensaje, con una aguda reflexión sobre el papel en la sociedad de muchas mujeres condenadas al dolor sólo por su sexo.

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