Un descubrimiento, los orfanatos rusos de Dmitry Markov

Sigo en mi empeño de descubrir en Instagram a grandes fotógrafos que han hecho de la red social su principal herramienta para mostrarse al mundo.

Descubrí las fotografías de Dmitry Markov antes de saber nada sobre el autor, sobre su historia o su técnica, y me fascinaron a un primer vistazo. Después investigué sobre el fotógrafo y lo que descubrí añadió interés a las imágenes.

Dmitry Markov nació hace 35 años en Pushkino, al este de Rusia y se crió en zonas pobres cercanas a fábricas textiles cerradas tiempo atrás, lo que condicionó su infancia y juventud, condicionada por una adicción a las drogas.
Buscando una salida a su situación, que era la misma de muchos de sus vecinos, comenzó a trabajar como periodista. Pero esa profesión no conseguía satisfacerle pues no le permitían dar la orientación a sus historias que él hubiera querido. Harto de su situación e influido por la trágica muerte de un amigo cercano regresó a las drogas.
Buscando una salida de su nueva recaída compró una cámara y entró como voluntario en un orfanato para niños con discapacidad de aprendizaje cercano a Pskov. Allí trabajó durante 7 años, tiempo suficiente para conocer a fondo a los internos del orfanato y las gentes que por allí pasaban.

En ese tiempo escribió sobre lo que allí vio usando su cámara para documentar sus artículos.
Pero estando en el orfanato le robaron su cámara y ese hecho fue decisivo en su carrera pues tras el robo comenzó a usar su Iphone y gracias a esa herramienta descubrió las posibilidades de la fotografía. 


Desde entonces, Dmtry Markov viajó por orfanatos de Rusia grabando reportajes pero, sobre todo, tomando fotografías con el teléfono.
En sus fotos aparecen amigos y conocidos suyos, muy a menudo, y aquellos que residen en los orfanatos. Todos ellos quedan reflejados en sus instantes más cotidianos, en los entornos que habitan y en toda la grandeza y la miseria de sus vidas. 

La cuenta de Instagram de Dmitry Markov cuenta actualmente con 224.000 seguidores y no paran de crecer.
El trabajo de este autor se ha convertido en un magnífico estudio sobre la Rusia menos conocida, la de la gente, sobre todo jóvenes, que sobrevive en duras condiciones. La cotidianidad de los orfanatos y de los hogares de su país se refleja en forma de magníficas imágenes que se caracterizan por un excelente uso del color pero sobre todo por una mirada única que retrata la vida de los rusos con tanta amargura como amor.

© De todas las imágenes, Dmitry Markov

Enlaces de interés:
Cuenta de instagram de Dmitry Markov
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Un descubrimiento, las mujeres de Hannah Starkey

Las redes sociales cada vez son más un excelente lugar para descubrir nuevos artistas, de este modo conocí el trabajo de Hanna Starkey, a través de la muy recomendable página de Facebook, Photographic mercadillo.

Hannah Starkey (Gran Bretaña, 1971) es una más que interesante autora cuyo trabajo se centra en fotografías de mujeres situadas en entornos urbanos.
Tras estudiar fotografía y cine en la Napier University, Edimburgo, (1992-1995) y fotografía en el Royal College of Art de Londres (1996-1997), centró su interés en la fotografía por influencia de su abuela, una apasionada de la fotografía con la que compartió mucho tiempo durante  la infancia.
Las mujeres de Hannah Starkey parecen vivir en un mundo a caballo entre lo real y lo ficticio, entre una calle cualquiera de una gran ciudad y un escenario de un anuncio de moda.
Casi siempre ausentes, distraídas, sus mujeres desarrollan actividades cotidianas como un elemento más de las imágenes, a veces su importancia no es mayor que la del escenario o el color, que tal vez sea el auténtico protagonista pues Starkey domina el cromatismo de sus imágenes, unas veces cercano a Hopper, otras a realismos idilicos como el de Philip-Lorca di Corcia.
Algunas obras suyas forman parte de colecciones como la de la Tate Modern o el Victoria and Albert Museum de Londres, el Irish Museum of Modern Art de Dublín y el Castello di Rivoli de Turín.

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© De todas las imágenes, Hannah Starkey

Enlaces de interés:
Tanya Bonakdar Gallery
Hannah Starkey en Wikipedia

Beatus Ille

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.”
Horacio

En sus versos, el poeta latino alababa a todo aquél que decide abandonar la vida en la ciudad, huir del ajetreo y la presión de la sociedad urbanita y encontrar su refugio en el campo, en un terreno idealizado y casi utópico donde todo es paz y armonía con la naturaleza.
Lo proclamó Horacio y desde él han sido muchos los que han seguido sus pasos, los que han roto con una vida regida por las normas de la urbe para empezar otra casi desde cero en plena naturaleza y, como suele ocurrir, en los casos más particulares siempre hubo y habrá un fotógrafo tomando constancia del hecho.
Las comunidades aisladas, los eremitas, los que renuncian a todo, los artistas bohemios que buscan su comunión con la madre tierra, los que luchan a diario con la naturaleza salvaje, todos ellos se convierten en caldo de cultivo para reportajes fotográficos de interés porque llevan consigo la fascinación de lo inusual.
En este texto quisiera hacer una reseña de los casos que más me han interesado entre los que conozco.

Los bucólicos

Los que hacen bueno a Horacio o a Fray Luis de León. Personas que han encontrado en la vida campestre un remedo de paraíso utópico, los que sienten la naturaleza como una parte de su vida y ellos parte de la naturaleza.

Alain Laboile

Descubrí el trabajo de este fotógrafo a través de las redes sociales y me produjo una extraña sensación, había algo en sus fotos que me parecía demasiado artificial, como de poses ensayadas que dan como resultado bellas imágenes pero suficientemente falsas como para adornar los marcos de alguna cadena de muebles sueca, pero a la vez había algo fascinante, que me atraía y me forzaba a no dejar una de sus fotos sin ver, sin disfrutar de su blanco y negro y de las escenas que mostraba.
Documentándome más a fondo encontré entrevistas en las que el autor hablaba de su trabajo y donde contaba su historia. Laboile (1968, Bordeaux, France) es un escultor que vive con su familia en el campo, sus seis hijos crecen en plena naturaleza y un día comenzó a fotografiar su día a día silvestre. El autor asegura que no hay premeditación ni preparación previa en ninguna de sus fotografías, es la vida normal de unos niños que disfrutan de la naturaleza.
Las fotografías son bellas por lo que cuentan y por el uso magistral del blanco y negro, eso es indudable, y sólo por eso merecen que se les dedique un tiempo.

laboile1© Alain Laboile
Screen+Shot+2013-08-18+at+9.57.52+AM© Alain Laboile

Niki Boon

Las fotografías de Alain Laboule me han recordado las de Niki Boon, que no sólo tienen una fuerte similitud formal y conceptual, sino que incluso comparte título “Familia“.
Al igual que el autor francés, la artista neozelandesa muestra en blanco y negro la vida de sus hijos. Hay un parecido muy grande entre ambos trabajos que seguramente será casual, sólo son formas parecidas de mostrar una realidad similar. Sus fotografías muestran escenas más naturales si bien sus retratados parecen estar posando.

boon1© Niki Boon

boon2© Niki Boon

Sally Man

Los trabajos de los dos autores anteriores me recuerdan a un tercero, las fotografías que Sally Man (Virgina, Estados Unidos, 1951) tomó de sus hijos (Jessie, Virginia y Emmett) en su granja de Lexington cuando no superaban los 12 años.
Esta serie, titulada “Immediate Family” fue comprada por instituciones como el el MoMA o el Guggenheim de Nueva York si bien es recordada por la polémica que una de sus fotografías creó, la titulada “Candy Cigarrette” (1989) en la que una de sus hijas aparece sosteniendo un cigarro y en actitud de fumar. El cigarro es en realidad una golosina, no es tabaco, pero aunque el título de la obra lo deja claro la censura hizo de las suyas. Aún así, la fotografía fue vendida en Nueva York por 266.500 dólares en Nueva York.
Esta serie de fotografías es menos inocente que las de Laboile o Boom, hay algo más perturbador pero sólo intuido, más natural y real.

sallymann2© Sally Mann (Candy Cigarette)
three-graces© Sally Mann (The three graces)

Los luchadores

Pero vivir lejos de las ciudades no siempre resulta tan utópico como pueden dar a entender algunos autores. La vida puede ser muy dura donde desaparecen las comodidades y los recursos se ven mermados, y es esa vida en los extremos la que ha generado magníficos trabajos de los fotógrafos más aventureros.

Corey Arnold

Corey Arnold no es sólo fotógrafo, es también un pescador que ha faenado en Alaska desde 1995. En su currículum suma ya siete años de pesca de cangrejos y otras especies en el mar de Bering y ahora capitanea un barco en el que se dedica a la pesca del salmón salvaje en la bahía de Bristol, Alaska.
Arnold habita en una fábrica de conservas de salmón abandonada y hace tiempo que documenta su experiencia pesquera con impactantes fotografías.
Este autor muestra la vida de los que tienen que enfrentarse a diario contra la madre naturaleza para ser parte de ella. Lo que sus imágenes muestran es la cara menos amable de la vida alejada de la ciudad pero no por ello menos interesante.
Corey Arnold ha publicado dos libros sobre su obra y sus fotografías han sido expuestas o publicadas en medios como The New Yorker, Paris Review, New York Times, Tiempo, National Geographic  o Esquire entre muchas otras.
Después de zambullirnos literalmente en sus reportajes fotográficos nos dará que pensar cada vez que estemos delante de una lata de conserva de pescado.

Corey-Arnold-FWBS-27,large.1455914620© Corey Arnold

Corey-Arnold-Wolf-Tide-9,xlarge.1455914620© Corey Arnold

Bharat Sikka

Nacido en Benarés en 1973, este fotógrafo forjó su carrera en Nueva York y actualmente vive entre La India y Europa. Tiene a sus espaldas un amplio curriculum como fotógrafo publicitario y editorial, pero a su vez cultiva el reportaje de caracter social.
De entre esos reportajes hay uno que me interesa sobre los demás, el titulado “The road to Salvador do mundo“.
Salvador do mundo es una población pequeña en Goa, India, cuyos habitantes viven en condiciones de miseria, en realidad no es más que uno de tantos villorrios miserables que existen en el mundo, pero de nuevo es la mirada de un fotógrafo quien dota a lo retratado de una dimensión especial.
Las fotografías de Sikka otorgan a Salvador do mundo y a sus habitantes un cierto halo mágico que presenta su pobreza y sus duras condiciones de vida como una ensoñación de cuento de hadas. Un cuento de hadas triste pero cuento a fin y al cabo.

bharatsikka-salvador-do-mundo-2© Bharat Sikka

bharatsikka-salvador-do-mundo-1© Bharat Sikka

Jan Brykczynski

Brykczvinski (1979) es un fotógrafo especializado en retratar la decadencia del kitsch involuntario, el que se produce en áreas rurales por acumulación de objetos, por el caos de los espacios descuidados donde se apilan elementos decorativos sin orden ni gusto.
Sus series de fotografías son de gran interés, especialmente una titulada Arnes, diferente de las demás y cuya temática y tratamiento formal encaja en este texto.
La oveja islandesa es una especie de gran dureza capaz de sobrevivir en temperaturas muy bajas o en situaciones de falta de alimentos. Hay quien afirma que la mentalidad islandesa coincide con el comportamiento de este animal, sobre todo la de aquellos que viven de criar a estos animales.
La localidad islandesa de Arnes es un animal que puede sobrevivir en temperaturas extremadamente bajas y a prolongadas hambrunas.
Hay quienes afirman que la mentalidad de los islandeses se corresponde con las características del animal y eso es lo que Brykczvinski ha retratado, la vida diaria en condiciones extremas de los pobladores de la región de Arnes, los que dedican su vida a la oveja.
38 personas habitando 15 casas durante todo el año y rodeados de cerca de 2700 ovejas, la estepa y el mar, no hay más en Arnes pero más que suficiente para que Jan Brykczvinski realice un muy interesante reportaje.

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Los bohemios

Aquellos que parecen haber alcanzado el beatus ille, los que han creado comunidades que parecen cercanas a la utopía, los que viven sus propias normas en entornos que , al menos en apariencia, son lugares felices.

Claire Martin

Faerieland es una suerte de santuario o moderna comuna habitada por seis personas homosexuales que se identifican como Faeries, una palabra inglesa que significa algo así como semejantes a hadas..
Este peculiar lugar existe desde 1979, cuando Harry Hay, un destacado activista gay norteamericano pidió a las personas homosexuales que se deshicieran de la fea piel de sapo de la hetero-imitación para encontrar el resplandeciente príncipe hada que llevan dentro. Su intención era animar a los homosexuales a apartarse de los cánones heterosexuales.
Algunos activistas homosexuales radicales decidieron encontrar esa verdadera identidad gay apartándose de la sociedad y los campamentos “faeries” se extendieron por el mundo.
Claire Martin ha retratado la vida en uno de esos santuarios gais situado en Australia ocupando 52 hectáreas de tierra en la región del Arco Iris de Nueva Gales del Sur y su historia es en gran parte responsable de que los homosexuales de las zonas rurales australianas se decidieran a mostrarse.
Faerieland tiene unas raices hippies que entroncan con un neo paganismo y una espiritualidad indígena, además de todo eso es un lugar que tiene algo de irreal, de utopía, de Arcadia realizada.
Las fotografáis de Claire Martin retratan a la perfección la sensación de libertad, de paraíso más allá de las normas, de cuento de hadas.

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Los marginales

No todo es utópica comunión con la naturaleza, en ocasiones son los inadaptados, los marginales o incluso los proscritos los que buscan una alternativa en la vida alejada de las grandes ciudades habitando comunidades que distan bastante de ser lugares de ensueño

Rebecca Rütten

Rebecca Rütten viajó en enero de 2014 a lo largo de América Central y allí se encontró con un grupo de personas que se habían establecido en un albergue donde vivían en entera libertad. En diciembre del mismo año decidió regrersar a aquél lugar que en una primera impresión de había parecido poco menos que idílico.
En aquellas dos visitas, Rütten fotografió un lugar que bautizado como Never-Never Land en el que sus habitantes, provenientes de diferentes lugares del globo vivían entre excesos sin cortapisas a cualquiera que fueran sus apetencias.
El sexo y la droga eran los reyes absolutos de aquél lugar del que la degradación se apropiaba poco a poco. Hombres y mujeres mezclados más allá de convencionalismos e incluso de leyes. Lo que allí encontró dejó una profunda huella Rebecca Rütten, su utopía poco a poco se convertía en una distopía y la repetición de excesos que tenían lugar ante sus ojos le produjeron fuertes choques emocionales y físicos.
Lo que había comenzado como un proyecto libre de pensamiento se convirtió con el tiempo en una alegoría del primitivismo de la humanidad. Las conversaciones superficiales que se repetían día a día y el comportamiento repetitivo de los huéspedes producían una sensación de deja-vu permanente. Según palabras de la autora: “Esnifaban un medicamento psicoestimulante para levantarse.Desayunaban, comían y cenaban con cervezas; tomaban Valium para dormir; bebían todos los días, incluso cuando no teníamos ganas de emborracharnos. Pasaban de la euforia de la borrachera a la resaca. Vagaban casi desnudos de un sitio a otro. Todos practicaban sexo con todos. La atmósfera era muy pesada”.
El resultado de la estancia de Rebecca en este lugar produjo un muy interesante libro titulado Never-Never Land repleto de fotos impresionantes.

Rebecca_Rutten_06© Rebecca Rütten
neverneverland_16© Rebecca Rütten

Teri Havens

Oriunda de Lubbock, Texas, Teri Havens es una fotógrafa que ha centrado su obra en fotografiar fragmentos de la cultura norteamericana durante los últimos treinta años.
En su serie titulada “The last free place“, la fotógrafa retrata a los habitantes de la ciudad de La Losa, en el desierto de Sonora, California, donde pasó una larga temporada y que ahora se han convertido en sus amigos para siempre.
Sin agua corriente ni electricidad, sólo algunos generadores, por Las Losas pululan residentes, nómadas, jubilados y un amplio catálogo de tipos humanos que habitan este antiguo camping ya sea de forma permanente o como visitantes de paso.
La chatarra o lo que cobran de la seguridad social es la única forma de manutención de muchos de ellos pero estas condiciones extremas son las que otorgan a estas personas una dignidad y uniquedad especiales. Se rigen por los códigos de la decencia humana y la sinceridad.
Y junto a las personas, los perros, cada vez más, alcanzando niveles devastadores pero bienvenidos por los habitantes de Las Losas que los han convertido en su símbolo, en una identidad común y un motivo para seguir adelante.
Las imágenes tomadas por Havens ofrecen constancia a la vez de la miseria y la dignidad. Impresionantes retratos de los que por elección o sin ella tienen su hueco en este punto al margen, entre perros y gatos callejeros, entre el polvo del desierto y el aroma de la libertad.

havens-1© Teri Havens
havens2© Teri Havens

Enlaces de interés:
Web de Alain Laboile
Web de Niki Boon
Web de Sally Mann
Web de Corey Arnold
Web de Bharat Sikka
Web de Jan Brykczynski
Web de Claire Martin
Web de Rebecca Rütten
Never-Never Land en Sefl Publish be Happy
Web de Teri Havens

 

Un descubrimiento, la abundancia según Brian Ulrich

Los sucesos del 11 de Septiembre de 2001, trajeron consigo una serie de medidas políticas emprendidas por el gobierno de George W. Bush que podrían calificarse como peculiares siendo benévolos. Una de esas particulares resoluciones fue un decreto en el que se instaba a los estadounidenses a comprar para sostener la economía nacional. Esta acción trajo consigo reacciones adversas pero muchos la siguieron a rajatabla acudiendo a comprar a los centros comerciales por orden gubernamental.

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Brian Ulrich (Northport, New York, 1971) es un fotógrafo que pretendió retratar aquella respuesta de los ciudadanos y cuyo trabajo fotográfico acabó convirtiendose en un estudio sobre “las implicaciones económicas, culturales, sociales, y políticas de la comercialización y los papeles que desempeñan en la autodestrucción, el exceso de consumo, y como objetivos de marketing y publicidad.” según sus palabras.
El proyecto se titula Copia (Abundancia en Latín) y se divide en cinco partes; Retail, Thrift, Dark Stores, Great Prosperity y Relics. La unión de las partes forma un ensayo fotográfico que ahonda en el absurdo de nuestra sociedad del consumo compulsivo, en la alienación de los compradores y provoca una inquietante sensación de otredad, de mundo absurdo y separado en el que todo se iguala bajo la luz de los fluorescentes, pero que forma parte de nuestra realidad cotidiana.
Retail supone un viaje alucinante al fondo de los centros comerciales, en esta serie Urich fotografió a los clientes con la cámara a la altura de la cintura, casi escondida. Los muestra comprando entre escenarios artificiales construidos con el fin de provocar el consumismo. Escenografías inquietantes carente de todo sentido del gusto pero que, al parecer, cumplen con su objetivo.
Según el autor explica, resultó duro acudir a menudo a esos lugares que no resultan nada atractivos, más bien son feos, desagradables, y es difícil decidir hacia donde dirigir la cámara, qué fotografiar y qué desechar, cómo conseguir imágenes interesantes entre tanta mediocridad.

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Thrift abandona los grandes centros comerciales y se centra en las tiendas de saldos donde se amontonan los productos con taras, los descatalogados o de segunda mano. Es la otra cara del consumismo salvaje, la fiebre por las compras de los que no pueden acudir al reclamo de los centros comerciales porque no se lo pueden permitir pero no renuncian al consumo compulsivo.

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Dark Stores es una serie en la que Ulrich, como tantos autores antes y después de él, nos muestra la cara más oscura de la crisis a través del retrato de centros comerciales que fracasaron y ahora son tenebrosos edificios abandonados, recuerdos de una prosperidad que no llegó.

Captura-de-pantalla-2016-04-28-a-las-22.41.20 © Brian Ulrich

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© Brian Ulrich

Great Prosperity es una selección de fotografías de los años sesenta que muestran el inicio de todo. Hay fotografías de las inauguraciones, del comienzo de las obras y en general de la explosión de la fiebre de los centros comerciales. No sé cual es el origen de estas imágenes, está claro que el no las tomó, pero contribuyen a enriquecer el conjunto.

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Por último, Relics muestra objetos encontrados en los centros abandonados, testigos de otra época.

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Las fotografías de Brian Ulrich han aparecido en prestigiosas publicaciones como The New Yorker, Wired, Adbusters o el New York TImes Maganine. Igualmente ha expuesto en el Museo de Arte de Cleveland, el Museo de Arte Contemporáneo de San Diego o el de Chicago.

Web de Brian Ulrich
Brian Ulrich en Wikipedia
Entrevista en Conscientious
Entrevista en Bomb Magazine
El autor habla de su trabajo

Un descubrimiento, la luz de Danila Tkachenko

La última vez que hablé de uno de mis descubrimientos fotográficos lo hice para referirme a la oscuridad de Luca Palatresi porque me fascinaron sus fotografías oscuras, casi negras.
Ahora quiero reseñar a un fotógrafo en cuyas imágenes el blanco es el protagonista.

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Danila Tkachenko es un fotógrafo moscovita nacido en 1989 y a pesar de su corta edad ya puede presumir de haber ganado un premio World Press Photo. Lo ganó en 2014 por una serie titulada Escape en la que fotografiaba a personas que han decidido apartarse de las sociedad y vivir en bosques en un estado casi salvaje.
Este fotógrafo, que comenzó en la fotografía por casualidad, manifiesta que su principal interés fotográfico es “El conflicto entre el pequeño hombre y la máquina mundial de progreso, que está lista para aplastar todo a su paso”, y no cabe duda de que ese planteamiento está presente en toda su obra.
Pero no es Escapes la serie de la que quiero hablar hoy, sino de la titulada Restricted Areas.
En este conjunto de fotografías, el autor retrata gigantescas estructuras y construcciones rusas que en su día fueron representativas de la grandilocuencia arquitectónica comunista y hoy no son más que despojos de un sistema que no funcionó pero que permanecen erguidas para recordar a todos aquella era.
Todas las construcciones fotografiadas están cubiertas por la nieve, y es esta en cierto modo la protagonista de las imágenes que se ven inundadas por una luz blanca dominante.

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Es esa presencia absoluta de la nieve y del color blanco lo que hace que las imágenes parezcan fotogramas de películas de anticipación científica, decorados de alguna nueva versión de La Guerra de las Galaxias antes que auténticas construcciones civiles y militares.
El autor, sobre esta obra, afirma “Siento que soy un arqueólogo encontrando las huellas de una civilización pasada con el fin de comprender las razones por las que creamos estos objetos” y es que el sentimiento que más pronto acude a la mente de quien ve estas imágenes es el de preguntarse el por qué de semejante delirio.

Retratadas con un fascinante aire fantasmal, ante los ojos del espectador se muestran monumentos descomunales y absurdos, edificios abandonados en mitad de ninguna parte, aviones, barcos o incluso submarinos deslocalizados en páramos nevados siempre dominados por un color blanco obsesivo, enloquecedor. Fantasmas de un pasado que nunca fue mejor cuyo sentido e intención se ve trastocado ahora por la ruina y el abrazo perenne de la nieve.

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Espero tener ocasión algún día de ver esas fotografías en directo, mientras tanto me contentaré con la página del autor donde queda explicado qué es cada estructura o edificio con un interés documental encomiable.

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© Todas las fotografías: Danila Tkachenko

Enlaces de interés:
Web de Danila Tkachenko

La mirada rasgada (III)

Comencé a escribir sobre fotógrafos orientales con intención de elaborar un par de entradas, pero la gran demanda que esta serie ha tenido y lo mucho que estoy aprendiendo al documentarme me lleva a continuar escribiendo estos textos.
Vamos a por el tercero.

Hisaji Hara

Balthasar Kłossowski de Rola (1908-2001), más conocido como Balthus, realizó en los años treinta una serie de cuadros en los que mostraba a jóvenes mujeres en posturas cargadas de erotismo. Estos lienzos, en especial el titulado “La maestra de guitarra” que mostraba sexo entre mujeres, escandalizaron a la sociedad de su época y encontraron un hueco en la historia del arte. Eran cuadros tan bellos como turbadores, intencionadamente  provocadores que dieron pie a otros artistas para dar el paso que el arte necesitaba.
Hisaji Hara nació en Tokio en 1964, cincuenta y seis años después de Balthus, cuando el arte había superado prejuicios y andaba algo más libre de tapujos, sin embargo optó por basar usa obra en interpretar la obra de Balthus en forma de fotografías.
Las fotografías de Hara reproducen de una forma casi literal los cuadros de Balthus pero en este caso sus protagonistas son escolares japonesas que visten el típico uniforme de marinera.
Si bien las fotografías de Hara reproducen los cuadros, las posturas y actitudes de sus protagonistas son las mismas, hay en estas una candidez que, lejos de inocente, otorga un carácter más perverso a las imágenes. Las mujeres de Balthus, aunque púberes, tienen el rostro de adultas desinhibidas. Las modelos de Hisaji Hara son preadolescentes que tanto nos parecen protagonistas inocentes de antiguos daguerrotipos como modernas dominatrix.
De nuevo en un fotógrafo japonés el morbo erótico es el protagonista y siempre presentado justo en el límite entre lo políticamente correcto y algo más oscuro.

balthus-hara1 balthus-hara2© Hisaji Hara y Balthus

Daisuke Yokota

Encuentro en este fotógrafo la esencia de lo que me fascina de los fotógrafos asiáticos; la extrañeza, el paso incierto entre lo establecido y lo novedoso, la mirada subjetiva y personal que va un paso más allá.
Sus fotografías, siempre en blanco y negro, reciben un tratamiento que las ensucia, las simplifica y embrutece dándoles un aspecto cercano a fotocopias (De hecho la fotocopiadora es uno de los instrumentos de los que se sirve), pero no por ello son menos bellas, al contrario, su carácter misterioso, como encantado, las hace atractivas y seductoras.
De sus series, me interesa especialmente su serie “nocturnas”, en ellas encuentro ese punto de rareza, la visión particular de la realidad que los artistas orientales tienen.
Son estas fotografías de paisajes anodinos tomadas con cámaras ditigales y sometidas a un proceso complejo y peculiar; Después de la toma la imprime y fotografía esa copia con película de color en formato 6×7. El revelado posterior altera los tiempos de exposición comunes y usa agua caliente. Este proceso se repite muchas veces, alrededor de diez.
Su intención es transmitir en imágenes los efectos sonoros de la música electrónica, el eco o la reverberación.
No sé si conseguirá transmitir sensaciones tan complejas, pero sin lugar a duda sus imágenes son potentes y evocadoras.

01© Daisuke Yokota

daisuke-yokota-backyard-21© Daisuke Yokota

site_17-700x526© Daisuke Yokota

Sachiko Kawanabe

La fotografía de Kawanabe responde al arquetipo de mujer japonesa casi aislada del mundo para recluirse en el suyo propio.
Las suyas son fotografías sencillas pero potentes, intimistas, un catálogo de instantes de la vida rural japonesa que parece más sacado de una película de Miyazaki que del mundo real.
Hay algo oculto en sus imágenes que va más allá de la mera fotografía, es lo que narra por encima de la imagen en sí. En sus fotos, tomadas sobre todo en los alrededores de su casa paterna, habla de la relación con su madre y de como nadie puede estar solo en el mundo pues todos tenemos un vínculo que nos ata a otros, aunque sea el mero hecho de tener padres o serlo.
Es cierto que sus fotografías entroncan dentro de la tendencia algo hipster de fotografiar lo que cotidiano y que parecen influenciadas por las modas de instagram y similares. Pero basta con darse una vuelta por su página web para encontrar algo más, algo sutil, casi escondido, que las hace diferentes.

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© Sachiko Wakanabe

040_82bb82cc011© Sachiko Wakanabe

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Weng Peijun (Weng fen)

El hombre destruye y el hombre construye, aunque en ocasiones lo construído por el hombre parece llevar a la destrucción. Sobre esta paradoja se diría que se crea la obra de Weng Peijun, conocido como Weng Fen.
El fotógrafo nacido en Hainan (China) en el año 1961, centra su obra fotográfica en el retrato de gigantescas construcciones tan características del crecimiento urbanístico que el capitalismo a producido en China. Pero al contrario de como lo pudieran hacer autores tales como Jason Hawkes, Peter Stewart o Edward Burtynsky, limitándose a los retratos asepticos de las nuevas construcciones, Weng fen antepone siempre a los edificios la figura humana.
Personas en primer plano, siempre, en todas sus fotos, generalmente mujeres jóvenes, representaciones de la inocencia frente a la megaconstrucción. El hombre contemplando su obra, como un moderno Frankestein orgulloso por haber creado, temeroso por las consecuencias de su creación.
Sus figuras aparecen en primer plano, junto a algún tipo de muro que las separa de la megalópolis. Muros generalmente de colores abigarrados que contrastan con la uniformidad cromática de los edificios.
Unas fotografías que inducen a la reflexión, por su belleza, por su tratamiento formal y por el mensaje que transmiten.


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on+the+wall-haikou+5© Weng Fen

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© Weng Fen

Masao Yamamoto

Yamamoto, nacido en 1957 en Gamagori (Prefectura de Japón de Aichi) trabaja creando pequeñas fotografías que pretenden ser únicas no sólo por lo que muestran, sino por su condición de objetos.
La formación de Masao Yamamoto es como pintor al oleo y la forma de trabajar de un pintor es la misma que sigue a la hora de realizar sus fotografías. Intenta crear imágenes que evocan recuerdos, que sugieren más que mostrar de forma explícita, pinceladas de haluros de plata.
La influencia de su formación como pintor no se queda ahí, además, trabaja con las texturas, realiza virados con materiales como el té, pinta sus fotografías o las rasga.
Con este procedimiento, sus imágenes de paisajes, desnudos o bodegones acaban por ser obras de arte independientes, y todas de un gran valor artístico.
La forma en la que se enfrenta a la composición y elección de motivos, así como el uso de la luz y del blanco y negro o el pequeño tamaño de sus copias finales, entroncan de forma directa con el arte tradicional japonés. Cualquiera puede distinguir en sus fotografías una mirada asiatica, antes incluso de conocer la procedencia del autor.

23472A-e1352286691323© Masao Yamamoto

231529© Masao Yamamoto

Captura de pantalla 2015-04-11 a las 17.39.36© Masao Yamamoto

 

Y con esto termino esta entrada sobre fotógrafos orientales mientras preparo la siguiente.

Enlaces de interés:
Hisaji hara
Daisuke Yokota
Sachiko Wakanabe
Weng Fen
Masao Yamamoto

 

Pérez Siquier ESENCIAL

Publico una nueva reseña de un libro fotográfico de interés. Al igual que la anterior, esta ha sido publicada en www.camaramagazine.com

Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930) es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes fotógrafos españoles, lo cual le ha valido un reconocimiento internacional y también nacional pues fue premio nacional de fotografía en 2003.
Pero la obra de este maestro es desconocida para gran parte del público, tal vez por aquello de ser profeta en tierra propia. Tal vez para remedar este desconocimiento, tal vez sólo porque lo merece, ha visto la luz este libro que, como reza su título, resulta esencial para cualquier apasionado de la fotografía española.
El instituto de Estudios Almerienses de la Diputación de Almería y la Casa Museo “Casa Ibáñez “, en colaboración con los ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, el grupo Cosentino y la Ciudad Autónoma de Melilla se han unido para dar a luz esta obra de 400 páginas que reúne cerca de 300 fotografías del autor acompañadas por textos de Juan Manuel Martínez Robles.
Esta magna obra se encuentra organizada en base a bloques temáticos, cada uno con una entidad propia aunque la mirada particular de Pérez Siquier sea el común denominador en todos ellos.

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La Chanca. 1956 – 1965
Las fotografías en blanco y negro con las que se abre este primer apartado, muestran al barrio almeriense de La Chanca como un conjunto de casitas blancas desperdigadas en la falda de La Alcazaba como si fueran los juguetes de un niño, como cubos de un rompecabezas descompuesto. Pero este aparente juego escondía en aquellos años, y aún hoy aunque en menor modo, una bolsa de miseria que bullía de vida, la vida que las fotografías de Siquier captaron con precisión y pasión.
Hay en estas fotos de gitanillos felices algo del tipismo tan aplaudido por la oficialidad cultural de la época pero no exento de denuncia, una mirada agridulce, un desgarro que muestra la realidad detrás del folclore.
Entre las fotografías, algunas recuerdan a la serie “Spanish Village” de William Eugene Smith, pero no es en este caso la mirada de un extranjero la que fotografía la pobreza española de la época, sino la de alguien que se ha criado en Almería y conoce su realidad como pocos. Hay algo del documentalismo condicionado de Eugene Smith, pero hay mucho más del realismo luminoso de Antonioni.
Fotografías en blanco y negro, el blanco de las fachadas, el negro de las vestimentas, del luto eterno de los gitanos. Tanto importan en estas fotos las personas como los edificios, los objetos, el entorno en el que transita la vida de La Chanca, de toda España en aquél momento.
Y, de repente, aparece el color. Un color que incide en la decadencia, en la miseria. Son más tristes las fotografías que muestran el color vibrante de La Chanca, las que muestran la capas de pinturas sumadas en una misma pared y los mapas inciertos que esta dibuja al desprenderse que los retratos amables pero dramáticos de gitanos erráticos.

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Almería. 1956 – 1975
Almería es un pueblo que vive desde siempre la ilusión de ser ciudad. En ese delirio de grandeza tal vez no deseado vive una ciudad pequeña en su geografía y grande en su riqueza cultural.
Olvidada incluso por la Andalucía de la que estuvo a punto de desprenderse por aquellos vaivenes de la política, la ciudad vive una vida en comunidad, desinhibida y espontánea. En Almería, sobre todo en los barrios que abrazan el centro, la gente sale a la calle como al patio de su casa.
En las fotografías de Pérez Siquier aflora la vida de una provincia que se repliega sobre si misma y atrapa consigo el tiempo resignado a interrumpir su fluir.
Aparece en estas fotografías la Almería cotidiana, la que permanece ajena a grandes fastos y se ocupa de sobrevivir con éxito a cada nuevo día. Son los almerienses los que protagonizan esta crónica de su provincia por encima de la arquitectura o cualquier otro reclamo de turistas. Son las fotografías de lo bizarro y lo hermoso de una tierra pequeña que no necesita ser más grande.

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La Isleta del Moro. 1970
Actual refugio de hippies y otros escapados de la cárcel de las redes sociales, el tráfico y las hipotecas, La Isleta del Moro es un diminuto paraíso de casitas blancas y calas siempre vírgenes sumergido en una luz irreal.
Lo era ya en el año en que Carlos Pérez Siquier retrato la vida de sus habitantes, de los oriundos y de los que llegaban a ella en busca de su particular mundo feliz.
Es un reportaje calmado, empeñado en mostrar el lado idílico de una comunidad de pescadores y recién llegados, y lo es tanto que casi cuesta creerlo aunque sé que así es La Isleta del Moro como así es Almería, una isla de Nunca Jamás, no en los mapas sino en el alma.

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Retratos. 1958-2014.
Pérez Siquier fotografió de forma constante a sus amigos, a los fotógrafos del mítico grupo AFAL del que fue miembro destacado, a los pintores indalianos.
Se recogen aquí muchas de esos retratos, de las miradas clavadas en la cámara del fotógrafo almeriense durante su vida como autor.
Aparece Jesús de Perceval, el líder del movimiento indaliano, fotografiado en diferentes lugares y ambientes. Aparece el Psiquiatra José Arigo en un retrato que parece aquél que Cartier-Bresson hizo de Matisse pero en este no hay palomas, sino libros y cajas de medicinas.
Hay, entre todos ellos, uno que me gusta especialmente, el de un jovencísimo Ramón Masats, tomado en 1958, cuando sólo tenía 27 años y no era el señor de cabellera blanca que muchos hemos conocido, sino un fotógrafo del que ya se hablaba y se intuía que llegaría a ser uno de los grandes nombres de nuestra fotografía.

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La Playa. 1972-1996
Son estas las fotografías por las que muchas personas identifican la obra de Pérez Siquier fuera de Almería. Esta es la serie en la que su mirada cambia, se hace más certera y mordaz, y es sobre todo la serie de fotografías en las que el color entra en su vida para quedarse.
Con un planteamiento estético cercano a Stephen Shore o a William Egglestone. En el espejo de estas fotografías se reflejaría algún año más tarde Martin Parr
Para las fotos de playa, Pérez Siquier abandona cierto tipismo documental para adentrarse en lo estrafalario que es parte de la identidad mediterránea pero sin abandonar el respeto por lo fotografiado.
Sus fotografías muestran la desinhibición de veraneantes y otros pobladores de la arena ardiente, aquellos que acuden allí a dejar que el sol se apodere de sus cuerpos.
No sólo el color es protagonista, también lo es la simetría y una muy cuidada composición. Bañadores de colores estridentes, atiborrados de carne humana, componen bodegones bizarros, como fetiches pseudo-eróticos de los adoradores del olor a bronceador o a sardinas asadas en un chiringuito.
En un momento de su historia en el que Almería se abría al turismo extranjero y las playas comenzaban a mostrar un sarpullido de alemanas o las famosas suecas exuberantes y exentas de tabúes, Pérez Siquier se centra en la mujer mediterránea, en sus curvas, en sus excesos, en la celulitis y en las varices que, atrapadas por su lente, son fuente de belleza.

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Color del Sur. 1980 – 2012
Color, y geometría, como protagonistas omniscientes. En estas fotos es más Egglestone. Pero eso no significa que su mirada no sea particular, al contrario, aquí el maestro demuestra su singularidad capturando la luz mediterránea a través de retratos de objetos que estallan ante la mirada del espectador como un espectáculo de pirotecnia geométrico y colorista que tiene algo de sublime.
En sus fotografías de coches enfundados y paredes de colores está Almería y están otras partes de Andalucía, está lo que las une, la luz, el color, una fuerza vital única.

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Informalismos. 1990 – 2000
Si en las fotos tomadas en la playa la mirada de Pérez Siquier se había vuelto más concreta, más centrada en lo particular, ahora reduce aún más su campo y son los detalles los que conquistan su lugar en la obra del autor almeriense.
Pérez Siquier acerca su cámara a las paredes del sur, a las manchas de pintura, a los relieves de sucesivos encalados, los trazos ilegibles pero caligráficos de la pintura en las paredes de casas derrumbadas. Cal, barro, pintura, sombra y luz rozando la abstracción. Y entre todas las fotos, una que me fascina e inquieta desde la primera vez que la vi hace ya muchos años. La tomó en Nijar en 1992 y no deja de atrapar mi mirada un conejo sobre una pared que no sé si está disecado, sólo muerto o vivo a punto de escapar de un violento salto.

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El viaje. 2001-2002.
La crónica de un viaje, o de la suma de muchos, en fotografías tomadas en el tren, desde el tren, en espacios de tránsito.
Fotografías movidas, impresiones fugaces, fogonazos de luz que son retazos de historias inconclusas.
Aquí, Carlos Pérez Siquier parece otro fotógrafo, más cercano a la fotografía Instagram, seducido tal vez por la inmediatez de lo digital que siempre induce a explorar nuevos campos.

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Resumiendo, este es un libro magnífico que no nos llega de manos de ninguna editorial especializada, como suele ocurrir, sino de instituciones y organismos oficiales empeñados en realizar una tarea divulgativa impecable sobre la obra de un paisano. Ocurre esto tan poco a menudo que de por sí ya es motivo de celebración, y este regocijo es doble cuando uno se sumerge en la luz mediterránea que emana de las fotografías de Carlos Pérez Siquier.

Datos de interés:
Edita: Museo Casa Ibáñez y el Instituto de Estudios Almerienses. (I.E.A)
Colaboran: Consejería de Cultura de la Ciudad Autónoma de Melilla, Ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, Empresa Cosentino S.A
Texto: Juan Manuel Martín Robles
Digitalización y retoque fotográfico: Carlos De Paz
Diseño: Andrés García Ibáñez
Maquetación e impresión: Cartel C.B. de Olula del Río
ISBN: 978-84-8108–584-6