Crónica de PhotoEspaña 2015 (V)

Ausencias de Madrid me han imposibilitado publicar esta última crónica de PhotoEspaña 2015 hasta ahora.
Es la última porque las grandes expos ya están vistas y comentadas, casi todas, y ahora comienza el peregrinar por galerías que siempre tiene algo de calvario. Entre las que no tienen los horarios con los que figuran en las guías, las que han cerrado, las que están en un piso medio escondido al que da miedo llamar y otras en las que te abre alguien al que pareces haber molestado en su mejor momento y te hace incómoda la visita, visitar expos a veces es algo que da pereza y se va retrasando hasta que entran las prisas de última hora. Por supuesto que hay excelentes galerías sin estas comodidades, muchas de ellas, pero de todos modos creo que es oportuno concluir con la reseña de lo último que he tenido ocasión de visitar.

Museo ICO
Construyendo Mundos.

Que alguien me explique lo de esta exposición. Publicitada casi de refilón como una mera recopilación de fotos de edificios alejada de la temática de PhotoEspaña en esta edición, como insertada para cubrir un hueco, parecía algo que había que ver por inercia, porque tocaba, (Al menos esa es la impresión que nos dio a varios que lo hemos comentado) ha resultado ser una magnífica recopilación de la obra de algunos de los más grandes maestros de la fotografía. Excelente montaje, diseño y selección de imágenes, esta maravilla puede pasar desapercibida para muchos que ignoran la belleza que esconde.
Comisariada por el Barbican Center, esta muestra exhibe doscientas cincuenta fotografías de importantes fotógrafos, algunos cruciales en la historia. Podemos disfrutar de la forma en la que vieron y fotografiaron la fotografía autores como Berenice Abbott, Walker Evans, Julius Shulman y Lucien Hervé, Walker Evans, Ed Ruscha, Bernd y Hilla Becher, Stephen Shore y Thomas Struth. En la parte relativa a la arquitectura moderna y su relación con quienes la habitamos, se presentan fotos de Luigi Ghirri, Hélène Binet, Hiroshi Sugimoto, Luisa Lambr,  Andreas Gursky, Guy Tillim, Simon Norfolk, Bas Princen, Nadav Kander e Iwan Baan.
Prefiero no comentar el trabajo de cada uno de ellos, mejor es ir a verla.

Hélène Binet. Museo Judío de Berlín, Daniel Libeskind, Sin título 7, 1997. © Hélène Binet
Luigi Ghirri. Cementerio de San Cataldo, Módena; el osario en invierno, 1986. © 2014 Eredi Luigi Ghirri. Cortesía Luigi Ghirri Estate

La New Gallery.
This is what hatred did, de Cristina de Middel.

Confieso que tengo un cariño particular por la obra de esta fotógrafa. Hay algo especial en sus fotografías que supera el discurso conceptual pero vacío tan en boga. Seguramente ese algo sea sólo buena fotografía.
De todos aquellos de sus trabajos que he podido ver en una sala, tal vez sea este el que me cuesta más asimilar sin conocer el texto del que parte. No he leído el libro de Amos Tutuola, My life in the bush of ghosts (1964) en el que la fotógrafa se inspira para, en realidad, fotografiar un barrio de la ciudad de Lagos. Noto que me falta esa referencia pero aún así he disfrutado de sus fotografías, del misterio que esconden tras la sencillez de sus planteamientos, incluso del abigarrado diseño de la exposición.
Acudí a la exposición esperando ver la ilustración fotográfica de un libro pero me encontré con la crónica vital y apasionada de la vida en la ciudad africana, con el retrato de sus gentes, de sus leyendas, de sus miserias y sus glorias.
La recomiendo como suelo hacer con su trabajo.


© Cristina de Middel

Cristina de Middle
© Cristina de Middel

Museo Cerralbo
Korda, retrato femenino.

Alberto Díaz Gutiérrez (Cuba, 1928-2001), más conocido como Korda, debe su foto al retrato del Ché Guevara que se convertiría en un icono popular después de ser recortado, procesado y tratado por procedimientos serigráficos y similares.
Eso es lo que conocemos de Korda, nada más, tal vez sea porque no hay mucho más que conocer.
La exposición que se muestra en el museo Cerralbo intenta recuperar la figura de este fotógrafo seleccionando sus fotografías publicitarias protagonizadas por mujeres realizadas para la prensa Cubana, en la revista Carteles.
Considero que este es un intento loable pero fallido. La muestra carece de interés por monótona, porque no hay nada nuevo ni innovador, sólo repetición de fórmulas aburridas. Una pena.
Korda. Norka, ca. 1956 – 1958. Diseño del sombrero:Eva. © Korda, VEGAP, Madrid, 2015

Korda. Norka, 1958. Fotografía de portada de La Mujer suplemento del Diario de la Marina. Sombrero diseñado por Ginette Aussude. © Korda, VEGAP, Madrid, 2015

Galería My Name’s Lolita
La Habana. Juan Manuel Díaz Burgos

Dentro de lo que las galerías aportan al festival Off y lo que hasta ahora he podido ver, destaco la muestra de Juan Manuel Díaz Burgos dedicada a La Habana.

Desde que conoció la Habana en 1991, durante el “periodo especial”, Díaz Burgos se quedó fascinado por la vida en la capital cubana y sobre todo por sus habitantes.
Tres años después regresó y durante dos veranos realizó su “opera prima” habanera titulada Malecón de La Habana. “El gran sofá”. Desde entonces no ha cesado de retratar la Habana y algunas de las muchas fotografías tomadas se exponen ahora en esta exposición, pequeña pero intensa.
Las fotografías de Juan Manuel Díaz Burgos, realizadas con un bellísimo blanco y negro, muestran una cara amable de la Habana. Son imágenes potentes y hermosas que captan con acierto estampas habaneras cargadas de fuerza y energía.
Es una de esas exposiciones pequeñas pero intensas, que te dejan huella y muchas ganas de coger una cámara y salir a la calle.

Foto de © Juan Manuel Díaz Burgos
 © Juan Manuel Díaz Burgos

Conclusión:

Llegado a este punto del festival, me siento muy satisfecho con lo visto.
Creo que esta edición ha servido para darnos a conocer a grandes autores latinoamericanos y a acercar un poco más los dos continentes, que tan ajenos suelen permanecer en cuestiones artísticas.
Se hace mucha y muy buena fotografía en Latinoamerica pero más allá de unos pocos nombres permanece ignota para los españoles. Gracias a PhotoEspaña hemos podido (podemos aún) disfrutar de la fotografía que se hace en América del sur, conocer la realidad de aquellos países y de sus fotógrafos.
He echado de menos más presencia de países del sur del continentes, parecía que se había focalizado todo en el norte, pero insisto en que he visto muy buena fotografía y en que esta es una gran edición de PhotoEspaña.  Ha habido asuntos que me han disgustado, que me han parecido impropios del festival y que he ido comentando por aquí, pero entiendo que no son achacables a la organización del festival sino más bien a la gestión de los diferentes espacios expositivos.
Veremos a ver qué nos aporta la próxima edición, yo ya estoy impaciente pese a tener aún mucho que ver de esta.

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Arco 2015. Eppur si muove

He estado en Arco.
Si, doctor, lo confieso. Prometí que no volvería, como hago cada año cuando salgo de la feria con apetito de un bocadillo de biodraminas, pero soy debil y vuelvo a recaer cuando, como aves precursoras de primavera, aparecen por febrero los feriantes del arte.
Sé que debería dejarlo, o eso o escribir un libro sobre mi relación de atracción-repulsión hacia la feria que eclipse a las cincuenta sombras esas.
En fin, he estado en Arco y he ido sobre todo buscando fotografía. Porque la fotografía es mi pasión y porque tal vez aún está más libre de esperpentos que el resto de las artes presentes. Ojo, la fotografía contemporánea es terreno abonado para que germinen los esperpentos, los disparates y los egos sobredimensionados, y no hay más que visitar ciertas exposiciones y certámenes para comprobar lo que pueden llegar a pergeñar los cachorros apócrifos de Fontcuberta, pero parece ser que en las ferias de ferias todavía hay un cierto reparo a determinadas prácticas. No creo que eso signifique una mayor cordura por parte de los galeristas, sino más bien que aún la fotografía no es considerada como un arte con mayúsculas por los que acuden a dejarse los millones en la última paja mental del autor famosillo de turno y la apuesta de los expositores se encamina más hacia terrenos seguros.P2268445Dando un paseo por la feria, que ahora es más cómodo y relajado gracias a un nuevo diseño, más abierto y limpio, es fácil ver cómo la fotografía es la hermana menor, que en algunas galerías parece ser un recurso para rellenar huecos en la pared. No obstante hay stands que elevan la media.

La elección de obras y autores, como de costumbre, es variopinta y según sea la filosofía matriz de cada expositor, las fotografías varían en formatos y temáticas así como la celebridad de sus autores.
Este año he encontrado más obras de algunos de los grandes de la fotografía. Siempre supone un gran placer encontrarse con fotografías de André Kertesz, Herbs Ritts, Cándida Höfer, Grete Stern, David Goldblatt, Mapplethorpe o incluso Brancusi que aquí está presente como fotógrafo, no como escultor.

P2268309© Grete Stern

P2268278© Herb Ritts y André Ketersz

Entre estos grandes afloran algunos autores que, aunque contemporáneos, suponen apuestas seguras gracias al nombre que se han labrado.
Pablo Genovés es el eterno presente en ferias, antologías y cualquier intento de mostrar lo “mejor” de la fotografía española actual. Yo lo he intentado, con tesón, pero no consigo ver qué tienen de especial sus fotomontajes apocalípticos.

P2268265© Pablo Genovés

José Manuel Ballester es otro nombre muy presente en la feria, con algunas fotos muy interesantes como una perteneciente a su serie sobre la restauración del Rijksmuseum o la fotografía de la escalera del Caixa Forum que exhibe Pilar Sierra. Tal vez sea la escalera más fotografiada de Madrid, pero Ballester consigue darle una nueva dimensión.

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P2268272© José Manuel Ballester

La galería Marlborough expone, un año más, fotografías de Manuel Franquelo, muy interesantes en su planteamiento y en su impecable técnica, tanto es así que muchos de los visitantes comentaban sus fotografías pensando que se trataba de la pintura hiperrealista que este autor suele realizar.

P2268297© Manuel Franquelo

Marina Abramovic estaba presente en varias galerías con las fotografías de sus performances.

P2268351© Marina Abramovic

Helena Almeida, Pierre Gonnord, Erwin Olaf, García Alix, Cristina García Rodero o Richard Mosse son otros ases en las mangas de los galeristas.

P2268404© Pierre Gonnord

P2268419© Richard Mosse


De entre los fotógrafos con menor renombre (Al menos dentro de mis limitados conocimientos) he encontrado trabajos muy interesantes y otros que me lo han parecido menos pero casi ninguno que me haya resultado falto de interés. Abunda el tratamiento seriado de las fotografías, apenas se encuentran fotografías únicas y son las series temáticas las que imperan dentro del catálogo fotográfico de Arco 2015.

Muy bellas las fotografías sobre metacrilato de la serie “Una vez estuve en África” de Eduardo Nave. Milagros de la Torre presenta una serie de fotografías documentales de objetos relacionados de alguna forma con asesinatos o terrorismo sudamericano. Me siguen gustando mucho las fotografías que Lucía Koch toma del interior de cajas de cartón o bolsas de papel. No me acaban de convencer los juegos de positivos y negativos de Íñigo Manglano-Ovalle ni el juego entre fotografía y dibujo de Ed Templeton.

P2268269© Eduardo Nave

P2268325© Íñigo Manglano-Ovalle

P2268321Lucía Koch

P2268305© Milagros de la Torre

P2268344© Ed Templeton

La serie sobre huellas de Carlos Motta es interesante, así como la de Jorge Ribalta titulada “Sur  L’herb” y “Divisions” de Peter Downsbourh. Estos dos últimos trabajan con el blanco y negro creando hermosas series. De este último autor me llama la atención la cercanía estética y conceptual de sus fotografías de casas de madera con la interesantísima composición de Marlon de Azambuja consistente en ochenta y tres fotografías de paredes medianeras en las que ha pintado de negro sobre cada copia la parte de cada pared que coincide con las demás en cuanto a su forma, constituyendo un interesante documento sobre ese tipo de arquitectura.

P2268359© Carlos Motta

P2268396© Jorge Ribalta

P2268401© Peter Downsbourh

P2268421© Marlon de Azambuja

“Gloom”, de Paulo Nozolino es una bella e inquietante serie sobre algún lugar abandonado y oscuro. Xavier Ribas presenta hermosas fotografías de paisajes desérticos relacionados con la extracción del Nitrato de Chile. Las tres fotografías tituladas “Critical Heat” de Alejandro Vidal con el humo como protagonista resultan bellas y misteriosas.

P2268413© Paulo Nozolino

P2268427© Xavier Ribas

P2268435© Alejandro Vidal

De Teresa Margolles hay muestras de dos series; Una de ellas es “El testigo” que ya conocía y que a pesar de su interesante planteamiento me resultan demasiado frías. Sin embargo, la serie “Esta finca no será demolida” presentada por la galería Peter Kilchmann como su obra principal me interesa mucho, desde un punto de vista estético y plástico y también por el mensaje tan duro que aporta.

P2268445© Teresa Margolles

Los peinados de mujer de Patricio Reig sobre papel arrugado se repiten otro año más y sigo sin verles su por qué.

P2268311© Patricio Reig

Los “Ikea Disobedients”, de Andrés Jake, tienen un interés en cuanto al concepto que las convierte en buenas obras documentales, pero sólo eso.

P2268392© Andrés Jake

Entre las series fotográficas se encuentran algunas que, siempre en color, siguen una estética a caballo entre instagram y polaroid. Es una tendencia que se me resiste, no puedo evitar ver en estas fotografías intentos de alcanzar sin conseguirlo la maestría de Stephen Shore o Eggleston. Ni Frank Mädler, ni Daniel G. Andujar ni Luis Molina Pantin han logrado atraerme porque su obra me suena a un eterno déjà vu.

P2268373© Luis Molina pantin

P2268267© Daniel G. Andujar

P2268283© Frank Mädler

Del resto de fotografías, las que son obra única, hay alguna que me ha conseguido cautivar de forma particular.
“Rio Säo Francisco” de Caio Reisewitz me ha parecido una fotografía potente, hermosa y arriesgada por el uso del negro. Me gusta mucho el collage de Vik Muniz, es potente y cautivador. Fascinante “Memento Mori”, el fraile con craneo de Roland Fischer. También me gustaron, por potentes, los autorretratos de Roberta Lima. Los paisajes urbanos de Primoz Bizjak me interesaron mucho, me sirvieron de relax para el cansancio ocular que la feria produce, al igual que “Callus wé” de Jordi Bernardó, muy académica en su planteamiento y técnica, pero hermosa también.

P2268331© Caio Reisewitz

P2268336© Vik Muniz

P2268386© Roberta Lima

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© Primoz Bizjak

MementoMori-1984-193x136cm© Roland Fischer

P2268411© Jordi Bernardó

“Remains allong the wall”, de Willie Doherty y “Dove nasce il vento” de Giovanni Ozzola son dos fotografías de entornos urbanos de gran belleza, que invitan a ser contempladas durante un buen rato, a sentirlas a fondo.

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© Willie Doherty

P2268447© Giovanni Ozzola

Las fotografías de Cecilia Paredes me gustan y me recuerdan a las de Marina Abramovic por ser la autora la protagonista a través del autorretrato de sus performances, aunque en el caso de Cecilia Paredes la motivación de sus fotografías sea más estética que conceptual.

P2268461© Cecilia Paredes

“Sophia”, de Adriana Duque es una fotografía que captaba la atención de los visitantes, por su potente calidad técnica y su aproximación plástica a los cuadres de Vermeer. Pero creo que más allá de esa similitud no hay más interés.

large© Adriana Duque

Y esto es todo, o al menos todo lo que de una forma u otra llamó mi atención. La feria es muy grande y por mucho que uno lo intente siempre se escapa algún rincón.
Como me conozco, anuncio que el año que viene volveré, me indignaré de nuevo, me reiré y seguro que alguna obra volverá a seducirme.Arco

Pérez Siquier ESENCIAL

Publico una nueva reseña de un libro fotográfico de interés. Al igual que la anterior, esta ha sido publicada en www.camaramagazine.com

Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930) es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes fotógrafos españoles, lo cual le ha valido un reconocimiento internacional y también nacional pues fue premio nacional de fotografía en 2003.
Pero la obra de este maestro es desconocida para gran parte del público, tal vez por aquello de ser profeta en tierra propia. Tal vez para remedar este desconocimiento, tal vez sólo porque lo merece, ha visto la luz este libro que, como reza su título, resulta esencial para cualquier apasionado de la fotografía española.
El instituto de Estudios Almerienses de la Diputación de Almería y la Casa Museo “Casa Ibáñez “, en colaboración con los ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, el grupo Cosentino y la Ciudad Autónoma de Melilla se han unido para dar a luz esta obra de 400 páginas que reúne cerca de 300 fotografías del autor acompañadas por textos de Juan Manuel Martínez Robles.
Esta magna obra se encuentra organizada en base a bloques temáticos, cada uno con una entidad propia aunque la mirada particular de Pérez Siquier sea el común denominador en todos ellos.

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La Chanca. 1956 – 1965
Las fotografías en blanco y negro con las que se abre este primer apartado, muestran al barrio almeriense de La Chanca como un conjunto de casitas blancas desperdigadas en la falda de La Alcazaba como si fueran los juguetes de un niño, como cubos de un rompecabezas descompuesto. Pero este aparente juego escondía en aquellos años, y aún hoy aunque en menor modo, una bolsa de miseria que bullía de vida, la vida que las fotografías de Siquier captaron con precisión y pasión.
Hay en estas fotos de gitanillos felices algo del tipismo tan aplaudido por la oficialidad cultural de la época pero no exento de denuncia, una mirada agridulce, un desgarro que muestra la realidad detrás del folclore.
Entre las fotografías, algunas recuerdan a la serie “Spanish Village” de William Eugene Smith, pero no es en este caso la mirada de un extranjero la que fotografía la pobreza española de la época, sino la de alguien que se ha criado en Almería y conoce su realidad como pocos. Hay algo del documentalismo condicionado de Eugene Smith, pero hay mucho más del realismo luminoso de Antonioni.
Fotografías en blanco y negro, el blanco de las fachadas, el negro de las vestimentas, del luto eterno de los gitanos. Tanto importan en estas fotos las personas como los edificios, los objetos, el entorno en el que transita la vida de La Chanca, de toda España en aquél momento.
Y, de repente, aparece el color. Un color que incide en la decadencia, en la miseria. Son más tristes las fotografías que muestran el color vibrante de La Chanca, las que muestran la capas de pinturas sumadas en una misma pared y los mapas inciertos que esta dibuja al desprenderse que los retratos amables pero dramáticos de gitanos erráticos.

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Almería. 1956 – 1975
Almería es un pueblo que vive desde siempre la ilusión de ser ciudad. En ese delirio de grandeza tal vez no deseado vive una ciudad pequeña en su geografía y grande en su riqueza cultural.
Olvidada incluso por la Andalucía de la que estuvo a punto de desprenderse por aquellos vaivenes de la política, la ciudad vive una vida en comunidad, desinhibida y espontánea. En Almería, sobre todo en los barrios que abrazan el centro, la gente sale a la calle como al patio de su casa.
En las fotografías de Pérez Siquier aflora la vida de una provincia que se repliega sobre si misma y atrapa consigo el tiempo resignado a interrumpir su fluir.
Aparece en estas fotografías la Almería cotidiana, la que permanece ajena a grandes fastos y se ocupa de sobrevivir con éxito a cada nuevo día. Son los almerienses los que protagonizan esta crónica de su provincia por encima de la arquitectura o cualquier otro reclamo de turistas. Son las fotografías de lo bizarro y lo hermoso de una tierra pequeña que no necesita ser más grande.

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La Isleta del Moro. 1970
Actual refugio de hippies y otros escapados de la cárcel de las redes sociales, el tráfico y las hipotecas, La Isleta del Moro es un diminuto paraíso de casitas blancas y calas siempre vírgenes sumergido en una luz irreal.
Lo era ya en el año en que Carlos Pérez Siquier retrato la vida de sus habitantes, de los oriundos y de los que llegaban a ella en busca de su particular mundo feliz.
Es un reportaje calmado, empeñado en mostrar el lado idílico de una comunidad de pescadores y recién llegados, y lo es tanto que casi cuesta creerlo aunque sé que así es La Isleta del Moro como así es Almería, una isla de Nunca Jamás, no en los mapas sino en el alma.

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Retratos. 1958-2014.
Pérez Siquier fotografió de forma constante a sus amigos, a los fotógrafos del mítico grupo AFAL del que fue miembro destacado, a los pintores indalianos.
Se recogen aquí muchas de esos retratos, de las miradas clavadas en la cámara del fotógrafo almeriense durante su vida como autor.
Aparece Jesús de Perceval, el líder del movimiento indaliano, fotografiado en diferentes lugares y ambientes. Aparece el Psiquiatra José Arigo en un retrato que parece aquél que Cartier-Bresson hizo de Matisse pero en este no hay palomas, sino libros y cajas de medicinas.
Hay, entre todos ellos, uno que me gusta especialmente, el de un jovencísimo Ramón Masats, tomado en 1958, cuando sólo tenía 27 años y no era el señor de cabellera blanca que muchos hemos conocido, sino un fotógrafo del que ya se hablaba y se intuía que llegaría a ser uno de los grandes nombres de nuestra fotografía.

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La Playa. 1972-1996
Son estas las fotografías por las que muchas personas identifican la obra de Pérez Siquier fuera de Almería. Esta es la serie en la que su mirada cambia, se hace más certera y mordaz, y es sobre todo la serie de fotografías en las que el color entra en su vida para quedarse.
Con un planteamiento estético cercano a Stephen Shore o a William Egglestone. En el espejo de estas fotografías se reflejaría algún año más tarde Martin Parr
Para las fotos de playa, Pérez Siquier abandona cierto tipismo documental para adentrarse en lo estrafalario que es parte de la identidad mediterránea pero sin abandonar el respeto por lo fotografiado.
Sus fotografías muestran la desinhibición de veraneantes y otros pobladores de la arena ardiente, aquellos que acuden allí a dejar que el sol se apodere de sus cuerpos.
No sólo el color es protagonista, también lo es la simetría y una muy cuidada composición. Bañadores de colores estridentes, atiborrados de carne humana, componen bodegones bizarros, como fetiches pseudo-eróticos de los adoradores del olor a bronceador o a sardinas asadas en un chiringuito.
En un momento de su historia en el que Almería se abría al turismo extranjero y las playas comenzaban a mostrar un sarpullido de alemanas o las famosas suecas exuberantes y exentas de tabúes, Pérez Siquier se centra en la mujer mediterránea, en sus curvas, en sus excesos, en la celulitis y en las varices que, atrapadas por su lente, son fuente de belleza.

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Color del Sur. 1980 – 2012
Color, y geometría, como protagonistas omniscientes. En estas fotos es más Egglestone. Pero eso no significa que su mirada no sea particular, al contrario, aquí el maestro demuestra su singularidad capturando la luz mediterránea a través de retratos de objetos que estallan ante la mirada del espectador como un espectáculo de pirotecnia geométrico y colorista que tiene algo de sublime.
En sus fotografías de coches enfundados y paredes de colores está Almería y están otras partes de Andalucía, está lo que las une, la luz, el color, una fuerza vital única.

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Informalismos. 1990 – 2000
Si en las fotos tomadas en la playa la mirada de Pérez Siquier se había vuelto más concreta, más centrada en lo particular, ahora reduce aún más su campo y son los detalles los que conquistan su lugar en la obra del autor almeriense.
Pérez Siquier acerca su cámara a las paredes del sur, a las manchas de pintura, a los relieves de sucesivos encalados, los trazos ilegibles pero caligráficos de la pintura en las paredes de casas derrumbadas. Cal, barro, pintura, sombra y luz rozando la abstracción. Y entre todas las fotos, una que me fascina e inquieta desde la primera vez que la vi hace ya muchos años. La tomó en Nijar en 1992 y no deja de atrapar mi mirada un conejo sobre una pared que no sé si está disecado, sólo muerto o vivo a punto de escapar de un violento salto.

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El viaje. 2001-2002.
La crónica de un viaje, o de la suma de muchos, en fotografías tomadas en el tren, desde el tren, en espacios de tránsito.
Fotografías movidas, impresiones fugaces, fogonazos de luz que son retazos de historias inconclusas.
Aquí, Carlos Pérez Siquier parece otro fotógrafo, más cercano a la fotografía Instagram, seducido tal vez por la inmediatez de lo digital que siempre induce a explorar nuevos campos.

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Resumiendo, este es un libro magnífico que no nos llega de manos de ninguna editorial especializada, como suele ocurrir, sino de instituciones y organismos oficiales empeñados en realizar una tarea divulgativa impecable sobre la obra de un paisano. Ocurre esto tan poco a menudo que de por sí ya es motivo de celebración, y este regocijo es doble cuando uno se sumerge en la luz mediterránea que emana de las fotografías de Carlos Pérez Siquier.

Datos de interés:
Edita: Museo Casa Ibáñez y el Instituto de Estudios Almerienses. (I.E.A)
Colaboran: Consejería de Cultura de la Ciudad Autónoma de Melilla, Ayuntamientos de Almería y Roquetas de Mar, Empresa Cosentino S.A
Texto: Juan Manuel Martín Robles
Digitalización y retoque fotográfico: Carlos De Paz
Diseño: Andrés García Ibáñez
Maquetación e impresión: Cartel C.B. de Olula del Río
ISBN: 978-84-8108–584-6

 

Viajes fotográficos en la carretera por Norteamérica

Poco a poco quiero dedicar entradas de este blog a hablar de libros fotográficos o sobre fotografía que en mi opinión lo merezca.
Comienzo con la reseña de un magnífico libro que he publicado en www.camaramagazine.com.

Estados Unidos es un territorio inmenso donde hay lugar para todo tipo de escenarios, donde caben todas las estaciones a la vez, todos los paisajes y todos los tipos humanos y todo ese entramado de prodigios simultáneos se vertebra a través de sus carreteras.
Inmensas, interminables, rectas, monótonas y a la vez simultáneas, las carreteras dan sentido al país, actúan como un sistema linfático que trae y lleva a los americanos en el trasiego entre sus dichas y sus penurias y mantiene con vida la unión de cincuenta estados.
La importancia de las carreteras para los Estados Unidos la tuvieron muy presente todos aquellos fotógrafos que se subieron en un coche y se adentraron en el laberinto de asfalto para plasmar con sus cámaras la intrahistoria de los norteamericanos. De algunos de ellos se ocupa el libro “En la carretera, viajes fotográficos a través de Norteamérica” que acaba de publicar la editorial “La Fábrica

Foto-inicio-textoLa Fábrica” nos tiene acostumbrados a un muy alto nivel en sus publicaciones. Todos sus libros demuestran un amor por la fotografía que se plasma en forma de excelentes ediciones, pero tal vez sea este el mejor de sus trabajos recientes y digno de ser tenido en cuenta de forma especial.

Este libro habla de Estados Unidos, de sus carreteras, de sus gentes, pero también habla del viaje como iniciación, como forma de descubrimiento continuo, como método de ruptura con el pasado y camino decidido hacia la incógnita del futuro. El trabajo de los fotógrafos seleccionados nos muestran una américa que no vemos en lo que nos llega de Hollywood pero que se intuye. Es la américa de los americanos, la del día a día, la más cotidiana exaltada en su gloria y no olvidada en su miseria.
El libro es de por sí un objeto bello, desde el diseño no fotográfico de su portada hasta cada una de sus páginas, pero su contenido lo convierte en la obra imprescindible que ya es.
David Campany es el coordinador y autor del libro.
El historiador de la fotografía, comisario y artista londinense pone de nuevo en negro sobre blanco su amor por la fotografía norteamericana, como hiciera en “Arte y fotografía” una pequeña Biblia sobre el arte de Niepce en Los Estados Unidos. En el texto titulado “Breve historia del largo camino” hace un repaso a la historia de las carreteras y el transporte por esas vías en Estados Unidos y después repasa con maestría la trayectoria de lo fotógrafos que las han recorrido así como de las “Road movies” que han tratado el tema.

Lo que sigue al texto introductorio es una selección de fotógrafos y fotografías que hay que disfrutar con calma, empapándose de arte a cada nueva página.

ROBERT FRANK
“Los americanos”, la obra clave en la carrera de este fotógrafo, se ve reflejada con una selección de fotografías en las que Frank retrata la Norteamérica de su época, la más cotidiana, la más dura incluso aunque la suya no es una mirada amarga, al contrario, está llena de amor por su país y sus gentes

robert-frank
ED RUSHA
“Veintiséis gasolineras” es un libro que Ed Rusha publicó en 1962 en el que fotografía veintiséis estaciones de gasolina situadas en la famosa Ruta 66. Con el retrato sobrio de cada uno de estos establecimientos está retratando la esencia de las rutas internas norteamericanas, su sobriedad, su soled incluso, y desde luego deja una constancia de su época a través de la arquitectura y la publicidad que perdurará para siempre.

ed-ruscha

INGE MORATH
La fotógrafa austriaca miembro de Magnum fue invitada junto a otros ocho miembros de la agencia para documentar el rodaje de la película de John Huston “The Misfits”. Al acabar el trabajo, realizó un viaje de regreso junto a Cartier-Bresson y su máquina de escribir, el resultado es un conjunto de fotografías y textos que se publicó como “La carretera de Reno”. Las fotografías reflejan lo que ella encontró y los textos dejan constancia de sus impresiones, el resultado ya es historia.

inge-morath
GARRY WINOGRAND
El maestro de la fotografía callejera encontró en sus viajes por las carreteras estadounidenses la ocasión perfecta para captar la vida y lo hizo con un trabajo que supuso el paso de la fotografía publicitaria o eventos hacia aquella que lo incluyó en la historia de la fotografía. Cruzando catorce estados en un Ford Fairlane, gastó quinientos cincuenta carretes y encontró su vocación realizando un trabajo inolvidable.

Gary-Winogrand
WILLIAM EGGLESTON
El pionero y maestro del color también se dejó seducir por las carreteras y por el viaje a lo largo de Norteamérica. En su obra “Los Álamos”, resultado final de tomar más de dos mil doscientas imágenes entre los años 1965 y 1974, Eggleston se confirmó como el maestro de lo cotidiano, como el especialista en magnificar lo insignificante. Sus composiciones geométricas y su amor por el color están reflejados en estas fotografías.

Untitled, n.d., from Los Alamos, 1965-68 and 1972-74
LEE FRIEDLANDER
En “El monumento americano”, Friedlander fotografía estatuas situadas a lo largo de todo el país. Estatuas y efigies de todo tipo erigidas en honor de los héroes de la nación o de personajes casi desconocidos están distribuidas a lo largo de un país muy dado a la adoración por sus personajes más destacados.
Pero la intención de Friedlander no era retratar estos monumentos, en su mayoría aburridos e insignificantes. Junto a cada estatua aparece la vida norteamericana, su entorno, y en ocasiones estos son más protagonistas que el sujeto original de la imagen. Una forma original y única de retratar la idiosincrasia de una nación.

Lee-Friedlander

JOEL MEYEROWITZ
El automóvil es un medio de transporte pero también es un parapeto. La ventanilla indiscreta del coche convierte al ocupante en un voyeur que observa a través del cristal como quien mira el resultado de la grabación de una cámara oculta, con la misma sensación de distancia a pesar de la presencia real. Así actúa Meyerowitz, se sitúa en su coche y se transforma en el gran espía, el mirón absoluto que registra lo que aparece al otro lado de la ventanilla y a su vez le cuenta al mundo cómo es realmente esa nación.

joel-Meyerowitz
JACOB HOLT
Holt es danés, su origen es un país distante de Norteamérica no sólo en la distancia física, sino también social. Tal vez por ello, durante los cinco años que estuvo haciendo auto stop por Estados Unidos sobreviviendo con lo que sacaba de vender su plasma a bancos de sangre, retrató la vida de las cuatrocientas catorce familias que le acogieron y su entorno, casi todas ellas humildes e incluso muy pobres.
Inició su viaje sin vocación fotográfica pero el relato de sus experiencias a sus padres por correo llevó a estos a enviarles una cámara con la que comenzó el retrato de la Norteamérica más dañada, de las víctimas del sistema, los alejados del American Way of Life devolviéndoles la dignidad que el capitalismo les negaba, en forma de crónica dura y descarnada, pero no ausente de belleza.

Jacob Holdt - Bilder aus Amerika
STEPHEN SHORE
Los “Lugares poco comunes” de Shore en realidad eran los más comunes en los Estados Unidos cuando se decidió a fotografiarlos con su particular mirada, pero no lo eran para la fotografía de la época que aún consagraba al blanco y negro y negaba al color el acceso a los museos y otros ámbitos artísticos.
En las fotografías de Shore, Estados Unidos se muestra como un país Kitsch, poco dado al gusto estético y seducido por los nuevos materiales industriales, los tubos de neón, los adornos grandilocuentes y los colores pastel.
Estas imágenes no sólo dignificaron la fotografía en color sino que hicieron que los americanos volvieran la mirada hacia sí mismos e hicieran un particular examen de conciencia plástica.

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BERNARD PLOSSU
El fotógrafo francés (Nacido en Vietnam) fotografió durante alrededor de veinte años los entornos de las carreteras norteamericanas desde su coche captando la luz y las gentes del sudoeste. Retrató los paisajes áridos, las escenas cotidianas de los lugares donde siempre es verano, lo extraño y lo cotidiano, los pueblos fantasmas y los últimos coletazos del movimiento hippie, la vida relajada del sur y el peso del sol.

Phoenix, 1980
VICTOR BURGIN
Las fotografías de Burgin, con los textos sobreimpresos que escribió para cada una de ellas, parecen extractos de periódicos, mutilaciones de algún diario norteamericano del que no ha quedado más que la imagen y el pie de foto, pero lejos del estilo periodístico, hay literatura en cada una de sus fotos, hay una historia narrada en el texto y en la imagen, hay un retrato de una generación educada por la publicidad y los medios visuales.

victor burgin

JOEL STERNFELD
Sternfeld fotografía la vida diaria de las familias de clase media norteamericana, sus vehículos, sus casas, sus actividades de ocio. Pero en cada una de sus fotografías hay un elemento perturbador, algo que no encaja pero que es real, no añadido por el artista.
Una urbanización idílica al pie de una gigantesca brecha donde ha caído un coche. El bombero comprando calabazas mientras al fondo arde una casa. El elefante renegado y agotado en una carretera cualquiera. Cachalotes varados en una playa. El bebé casi olvidado dentro de su parquecito portátil mientras los adultos se asoman a la presa del Cañón de Glen.
Todas sus fotos parecen escenas familiares tomadas por cualquier familia en su día libre pero cuando ponemos algo de atención salta un resorte en nuestra mente y todo se nubla.

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SHINYA FUJIWARA
Las imágenes de Fujiwara aportan una mirada oriental al libro. Esta fotógrafa ha retratado con su cámara muchos países, sobre todo lugares como la India o el Tibet. Para fotografiar los Estados Unidos recorrió el país en una caravana, pues para ella son los nuevos vagones y posó su mirada en su entorno, recogiendo todo tipo de instantes pues todo llamaba su atención aunque en cada imagen hay algo extraño y fuera de lugar. Alguna foto me recuerda a Moriyama por el tratamiento del blanco y negro o por el encuadre pero su originalidad es indiscutible.

SHINYA-FUJIWARA
ALEC SOTH
“Durmiendo a orillas del Mississippi” es el resultado del tiempo que Soth dedicó a fotografiar su estado natal, Minnesota. Un territorio alejado de las rutas principales, carente de la luz del sudoeste y menos interesante para algunos ojos, no así para los de este fotógrafo que, fotografiando un estado estaba captando la esencia de todo un país.

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TODD HIDO
La repetición de unos pocos esquemas elementales parece ser la base en torno a la cual se estructura la arquitectura doméstica norteamericana. Las casas de madera repiten patrones a lo largo de todo el país y esa monotonía es al que retrata Hido dese su coche otorgando a las típicas viviendas con tejados a dos aguas y a los paisajes que las circundan una nueva dimensión que raya en lo onírico merced al uso del color y a esa niebla misteriosa que aparece en casi toda su obra. Una niebla que, muchas veces, no era más que su propio aliento sobre la ventanilla del coche.

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RYAN MCGINLEY
Ver las fotografías de este reportaje que es real sólo a medias produce un efecto lisérgico en el espectador. Las imágenes de estos jóvenes que desnudos o semidesnudos recorren las carreteras en una suerte de viaje iniciático confunde al espectador merced a una suerte de hipnosis que atrapa desde la primera imagen y que aumenta ante la irrealidad meditada de cada fotografía. Uno no sabe si todo es un gran montaje o es un sueño hippie convertido en realidad. Eso sí, la impresión de estar ante una obra inigualable en cuanto a su belleza se aferra al espectador como la más real de las sensaciones.

RYAN-MCGINLEY
JUSTINE KURLAND
Las fotografías de Kurland no son las de alguien que recorre las carreteras, sino la de alguien que vive en ellas. Ella y su hijo Casper recorrieron las rutas norteamericanas en una furgoneta adaptada a la vida en ruta y allá por donde pasaron fotografió a otros que, del mismo modo, habían decidido hacer de la carretera su hogar en una forma de vida alternativa y libre, sobre todo libre. Los “Outsiders” que aparecen en sus fotografías son la otra Norteamérica, la que vive al margen de cánones establecidos, la que ha conocido un significado diferente de la palabra libertad.

Claire, 8th Ward, 2012
TAIYO ONORATO Y NICO KREDS
Las carreteras fotografiadas por Onorato y Kreds no existen, bueno, sí, pero no del todo, no como aparecen en las fotografías. Son carreteras inventadas sobre otras reales, son ficción y realidad confundidas. Donde está lo real y donde lo imaginado es el juego que proponen las imágenes que forman parte de “El gran irreal”, el libro que publicaron en 2009 y que da un nuevo significado a la fotografía de carretera.

TAIYO-ONORATO-Y-NICO-KREDS

Para concluir, el libro se completa con mapas que reflejan los itinerarios de algunos de los fotógrafos reseñados siendo el remate perfecto a una magnífica obra que recomendamos como imprescindible en cualquier biblioteca fotográfica.

Viajes fotográficos en la carretera a través de Norteamérica.
25×29 cm
336 páginas
Prólogo: David Campany
ISBN : 978-84-15691-82-2″

Stephen Shore, lo sublime de lo cotidiano

La retrospectiva más importante de la obra de Stephen Shore que se ha llevado a cabo en España se encuentra expuesta hasta el 23 de noviembre en la sala que Fundación Mapfre tiene en el número 13 de la calle Barbara de Braganza, en Madrid.
Ayer mismo tuve la suerte de asistir a la visita guiada para bloggers, y recalco el adjetivo “privilegio” porque lo allí expuesto es historia de la fotografía que resulta aún más fascinante si alguien lo explica con la maestría con la que el personal de la sala lo hace.
Stephen Shore comenzó en la fotografía de forma precoz cuando sólo era un niño de 6 años y gracias a un equipo de revelado Kodak que un familiar le regaló, con lo cual invirtió el proceso habitual pues reveló fotografías antes de comenzar a tomarlas.
Comenzó a tomar fotografías tres años después y a los diez años su vecino, un importante editor musical, le regaló “American Photographs“, el libro de Walker Evans, lo que supuso para él una revelación.

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Portada del libro de Evans que tanto le influyó

Sólo tenía catorce años cuando se presentó ante Edward Steichen, el entonces director de fotografía del MOMA de Nueva York y le mostró su trabajo, convencido de su originalidad y diferencia, tanto que Steichen adquirió tres de sus trabajos, lo cual era un hecho único dada la edad del fotógrafo. A los dieciseis años, enterado de la actividad de Andy Warhol y sus colegas en The Factory, se presentó ante ellos y se convirtió en el fotógrafo de todo lo que aquella actividad frenética de arte pop supuso.

Cuando tenía 24 años se convirtió en el segundo fotógrafo vivo que expuso obra en el Metropolitan de Nueva York.
En 1972, Shore fue consciente de que conocía con detalle la ciudad de Nueva York pero nada del resto de su país, así que realizó un viaje a la ciudad de Amarillo (Texas), un lugar alejado de cualquier itinerario turístico, y en esa ciudad no sólo descubrió una nueva forma de fotografiar y de ver, también descubrió el color.
Hasta ese momento, Stephen Shore había realizado series fotográficas conceptuales en blanco y negro, como todos los fotógrafos. El color se consideraba vulgar y desde luego nada parecido al arte, pero las calles de Amarillo le llevaron a realizar una serie de postales (Literalmente postales, impresas como cualquier postal con su reverso listo para enviar por correo pero sin datos de la ciudad fotografiada) pero que huían de los arquetipos habituales y retrataban una ciudad geométrica, casi desértica, desangelada pero fascinante, y todo ello en un color industrial, de revelado automático.

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Postal de Amarillo, Texas. © Stephen Shore

A partir de ahí, Shore comenzó con su producción en color, contraviniendo las tendencias artísticas e introduciendo la fotografía en color en los museos y en el arte con mayúsculas pese a las muchas reticencias de las vacas sagradas de la fotografía de su época. Y lo que le hizo grande entre los de su tiempo no fue sólo el uso del color tan particular, sino la temática de sus fotografías.
Series como American Surfaces o Uncommon Places son colecciones de magníficas fotos cuyo tema es la nada, lo más cotidiano, lo que a nadie se le había pasado por la cabeza fotografiar. Sin pretenderlo, él fue el padre de la cultura visual contemporánea, el primero en fotografiar comida, lugares anodinos, aquello con lo que nos encontramos a diario y por ello pierde valor estético, todo lo que se alejaba de los grandes temas de la fotografía o el arte y que ahora vemos a diario en internet como una auténtica avalancha de fotografía instantánea repetida hasta la saciedad.

P9227355Algunas fotografías de American Surfaces expuestas en la sala. © Stephen Shore

Algunas fotografías de Uncommon Places expuestas en la sala © Stephen Shore

Siempre ha sido y sigue siendo un fotógrafo contracorriente, en todo momento, cuando comenzaba una nueva serie buscaba subvertir las normas, hacer lo contrario de lo que las tendencias artísticas marcaban. Fotografió los paisajes de Texas o Escocia huyendo de las grandes composiciones y centrándose en aquellos lugares donde no hay una referencia para fijar la mirada. Usó el color de revelado automático cuando sus colegas pasaban horas en los laboratorios para cada fotografía en Blanco y negro. Regresó al blanco y negro cuando ya todo el mundo fotografiaba en color. Realizó fotografía callejera espontánea y vital usando una enorme cámara de placas.

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Fotografía callejera realizada con cámara de placas expuesta en la sala © Stephen Shore

El gusto por la diferencia, el contínuo tour de force por ir un paso más allá, por hacer lo que le apetecía y enfrentarse a sus series con una ferrea disciplina son las características que convierten a la obra de Stephen Shore en una referencia en la historia del arte, en cierto modo junto a trabajos de autores como William Eggleston o Willian Christenberry y él es la fuente de la que beben fotógrafos posteriores como Nan Goldin, Andreas Gursky, Martin Parr o Brian Schutmaat, entre otros.
Stephen Shore sigue siendo en la actualidad uno de los más grandes fotógrafos, ahora su trabajo está en instagram y en Facebook, lo cual tiene toda la lógica pues él fue el creador de la fotografía que practican la mayoría de los instagramers, con la diferencia de que él fue el primero en hacerlo.
Ahora, toda esta fotografía se puede contemplar en la exposición de Fundación Mapfre, excepto las fotografías de su etapa junto a Warhol, yo pienso volver a verlas de nuevo, a empaparme de ellas con la esperanza de que algo se me contagie, y cuando se acabe la exposición, disfrutaré del excelente catálogo.

 

Datos de interés.
Web de Stephen Shore
Stephen Shore en Instagram
Stephen Shore en Facebook
Web de Fundación Mapfre