Crónica particular de PhotoEspaña 2016 (IV)

Finalizo con este texto la crónica de algunas de las principales exposiciones de esta edición, a mi juicio interesante aunque quizás menos que otros años. Sólo quizás, esto es una opinión personal.

Museo del Romanticismo

Miroslav Tichý o la celebración del proceso fotográfico

Como ocurriera con Vivian Maier, este fotógrafo alcanzó su fama en base a su particular peripecia personal más que por sus fotografías, si bien en el caso de Maier la calidez de su obra está por encima de toda discusión, en el de Tichý tengo bastantes dudas.
La invasión de Praga por parte del ejército soviético provocó que Miroslav Tichý abandonara la Escuela de Bellas Artes de Praga por su desacuerdos con los nuevos rumbos de la institución y pasara décadas viviendo como un indigente al que la policía consideraba un enfermo mental que incluso pasó por varios psiquiátricos e instituciones similares.
Pintor en sus orígenes, se pasó a la fotografía cuando se construyó su propia cámara en 1960 y se dedicara a fotografiar furtivamente a las mujeres de Kyov. El resultado de este empeño es para algunos una gran obra de arte, un reflejo de los cambios de su sociedad o una maestría en el juego de luces y formas. Me gustaría compartir esa opinión pero en esta pequeña exposición sólo he visto la obra de un voyeur, un señor que se acerca a las chicas jóvenes, sobre todo si no llevan mucha ropa, y les hace una fotografía a escondidas.
El uso pictórico de su cámara, el aura sensual, etérea y casi mágica de sus retratadas y otras alabanzas que se pueden leer en el programa de mano son, para mi, meros efectos de trabajar con una cámara estenopeica y revelar en pésimas condiciones.
La muestra es muy pequeña y todas sus fotografías son impresiones de mala calidad que sólo muestran mujeres atractivas desde cerca, con la falta de nitidez propia de una lente artesanal. Así es como yo lo veo, aunque tal vez esté equivocado.
Hay, no obstante, un motivo poderoso para ver la exposición y este es que dos de sus cámara están expuestas, dos amalgamas de cartón, herrumbre e improvisación que, por increíble que parezca, son cámaras de fotos. Me han parecido dos objetos fascinantes, obras de arte en si mismos.

tichy2© Miroslav Tichý

tichy1© Miroslav Tichý

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Maris Maskalans. Nagli. LV- 4631

La exposición visitable en la Calcografía Nacional es un auténtico catálogo minucioso de los pobladores de Nagli, un pueblo situado en la comarca de Lagtale, en Letonia.
A la manera de August Sander pero con menos pesimismo, Maskalans ha fotografiado a los vecinos de Nagli durante veinte años construyendo durante ese tiempo un archivo visual de los pobladores del pueblo.
Todas las profesiones, todas la edades, todos los tipos han sido retratados con voluntad documental y eso, nada más y nada menos que eso es lo que ofrece esta pequeña exposición. Interesante, muy interesante.

Maskalans2© Maris Maskalans

Maskalans1

© Maris Maskalan

Hay más exposiciones e intentaré verlas y disfrutarlas, si algo llama mi atención lo comentaré, mientras tanto hablaré de otras fotografías y otros fotógrafos.

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Crónica particular de PhotoEspaña 2016 (III)

Tercera entrada relativa a PhotoEspaña 2016.

Fundación Canal

Vivian Maier, Street photographer

Vivian Maier fue una gran fotógrafa, eso es indudable. Las circunstancias que rodean a su trabajo tales como que no revelara sus fotos o cómo fueron encontradas, añaden romanticismo e interés a su historia. Lo demás sobra.
La llegada de esta magnífica exposición a Madrid ha traído consigo un aluvión de artículos en prensa que intentan ahondar en la personalidad de Vivian Maier, en si era una santa o un demonio y demás ridiculeces que sólo aportan un morbo ajeno a la calidad innegable de su obra.
Hay que ver esta exposición, hay que disfrutar de las imágenes y prescindir un poco de los textos que las acompañan en las paredes pues, a mi juicio, son demasiados creativos y algunas cosas no cuadran, como por ejemplo que ella empujaba a las personas de alta sociedad para provocar reacciones y fotografiarlas. No imagino a Vivian Maier actuando como si de Bruce Gilden se tratara.
En definitiva, las fotografías expuestas son excelentes imágenes que retratan el mundo en el que se movió de forma magistral. La suya es la mirada de una gran artista y uno no puede dejar de pensar en la evolución patente de su obra teniendo en cuenta que no revelaba sus fotografías y por tanto no tenía ocasión de aprender de sus errores.
Imprescindible

maier2©Vivian Maier

maier-1© Vivian Maier

Espacio Telefónica

Tras los pasos de Inge Morath, Miradas sobre el Danubio

Inge Morath fue la primera mujer miembro de pleno derecho de la prestigiosa agencia Magnum. Asistente de Cartier-Bresson en sus inicios, desarrolló una interesante carrera dentro de la que destaca el reportaje que con treinta años realizo recorriendo gran parte del Danubio para fotografiar la vida en sus orillas.
En 2014, ocho fotógrafas de diferentes procedencias y todas ellas galardonadas con el premio de fotografía Inge Morath decidieron emprender un viaje conjunto y realizar el mismo recorrido en torno al Danubio que realizara Morath años atrás.
El trabajo resultante de aquél viaje se expone ahora en Espacio Telefónica acompañado de un pequeño documental sobre el proyecto que recomiendo ver antes de disfrutar de la exposición.
Junto a las fotografías de las ocho fotógrafas se pueden ver las fotografías originales de Inge Morath y comprobar hasta qué punto fue diferente su visión de la de cada una de las fotógrafas.
Cada autora ha encarado el proyecto de forma personal y única y sus trabajos son dispares en contenido y técnicas.
Personalmente me quedo con las impresionantes fotos de gitanos con las que Claire Martin homenajea a Koudelka, con las bañistas en el mar muerto de Jessica Dimmock, los niños en blanco y negro de Emily Shiffer, la vida en las orillas del río de Claudia Guadarrama y Ami Vitale o las múltiples exposiciones de kathryn Cook.

inge_morath© Inge Morathclairemartin© Claire Martin
jessicadimmock© Jessica Dimmock
emilySchiffer© Emily Shiffer
claudiaguadarrama© Claudia Guadarrama
Kathryn-Cook© kathryn Cook

Museo Cerralbo

Shirley Baker. Mujeres, niños y hombres que dejan pasar el tiempo

Esta exposición, en cierto modo como otras que suele albergar el Cerralbo, tiene un ingrediente nostálgico y algo naif que aconseja su visita.
En las fotografías de Shirley Baker vemos habitantes de Manchester y localidades cercanas en los años sesenta y setenta y, aunque se muestran en su entorno de pobreza y dureza de vida, casi todos parecen felices, muchos de ellos con amplias sonrisas en sus rostros.
A pesar de la felicidad que aparentan, las fotografías dan sobrada información sobre las duras condiciones de vida en aquella zona del Reino Unido durante unos años muy difíciles, años en los que los barrios retratados sufrían el acoso de planes urbanísticos que amenazaban con las destrucción de las viviendas y por tanto de un modo de vida.
La mayoría de las imágenes son en Blanco y negro y sólo unas pocas en color, todas ellas de igual interés.

shirleybaker2© Shirley Baker
shirleybaker1© Shirley Bakeer

Continuará.

Fotografías de ida y vuelta

Pasamos hace ya tiempo del carrete al archivo virtual con alegría, entre alharacas y loas al progreso y a la comodidad que este traía consigo, tan sólo la voz de los nostálgicos o de los reacios a un nuevo aprendizaje sobresale de vez en cuanto entre el canto general que rinde culto a las maravillas de la fotografía digital.  Maravillas estas que son de diferente índole para según qué usuarios aunque hay aspectos en los que solemos coincidir todos, y uno de ellos es en la facilidad de almacenaje y archivo de las fotografías virtuales. Hemos pasado de reservar cajones enteros a almacenar negativos, hojas de contacto, copias y demás material físico, a tener nuestras fotos guardadas en una cajita negra llamada disco duro que es algo así como la caja de pandora por su capacidad mágica de almacenamiento de maravillas y desgracias. Sucede que aquellos negativos, copias y demás material tangible aún hoy sigue ocupando un espacio en algún armario, pero, ¿Qué ocurre con los archivos digitales? ¿Estamos seguros de que poseemos esas fotografías que en realidad no existen? Manejamos archivos, no objetos, y eso es cómodo, es rápido y barato, pero en un momento determinado, en base a quién sabe qué factores del azar, todo eso puede desaparecer de golpe, perder su existencia digital para ser nada, volatilizarse en una dimensión virtual. Recientemente he pasado por ese trance, no uno, sino dos discos duros de repente dejan de cumplir su función y sus archivos o desaparecen o son ilegibles y con ellos se van horas de trabajo, se va mi obra. Seguramente he perdido fotografías, diseños, ilustraciones. Una parte importante de mi obra no impresa se puede haber convertido en humo, en ceros y unos dispersos en la nada dejando una sensación similar a la de un robo, la misma indefensión y frustración. Cuando se trabajaba con carrete se hablaba de la imagen latente, esa extraña entelequia que sólo se materializaba al pasar por el proceso mágico del revelado. La técnica ha avanzado pero ahora todas las imágenes son latentes hasta que pasan por una impresora o similar, y en este caso el proceso no es obligatorio, con lo cual pasamos la vida haciendo y viendo imágenes que no existen. Me he puesto a filosofar sobre todo esto hoy llorando una posible pérdida pero pensando que la fotografía “física” no está menos expuesta a pérdidas y percances que la otra, como objeto tangible y móvil que es, y en este caso tal vez el hecho más prodigioso es el reencuentro de esas fotografías dadas por perdidas, y de este tipo de historias está llena la historia de la fotografía. Hablaré sobre algunos casos que conozco. La maleta Mexicana de Robert Capa. La historia de la ya mítica maleta comienza en 1939, cuando acababa la guerra en España y casi comenzaba una nueva en Europa. En aquél año, una serie de negativos que Endre Ernő Friedmann, conocido comoRobert Capa, había acumulado con fotografías de la guerra civil española, desaparecieron cuando el fotógrafo huyó de Francia para emigrar a los Estados Unidos por el miedo a ser internado por ser simpatizante de los partidos de izquierdas. Se trataba de más de cien rollos con fotos de Capa, de Gerda Taro y de David Seymour (Chim). Por aquél entonces, Capa pidió a su amigo, el fotógrafo Imre Weisz que guardara los negativos para evitar su destrucción por las imparables tropas alemanas y al parecer Weisz se los llevó dentro de una maleta a Marsella, ciudad en la que fue detenido para desde allí ser enviado a un campo de concentración el Argel. Pero por algún motivo no muy claro, antes de que Weisz fuera detenido, los negativos acabaron en manos del general mexicano Francisco Aguilar González, que entonces era diplomático de su gobierno en la ciudad francesa, y que al final optó por llevarlos a su país. NegativosPerdidosCapa El general seguramente ignoraba la importancia y procedencia de la maleta, y Weisz, que por azares del destino acabó viviendo toda su vida en México DF nunca hizo nada por recuperar aquellas fotografías que él supondría perdidas entre tantas otras pertenencias que la guerra se había tragado. Desapareció todo rastro de la maleta y nadie sabía de su existencia, tanto que ni siquiera aparecía en las biografías o recopilatorios de Capa. Pero en 1995, un sobrino de una hija del general Aguilar contactó con el International Center of Photography, fundado por el hermano de Robert Capa, Cornell, comunicando que había heredado una serie de negativos con fotos de la época en la que Capa trabajó en España. Sin embargo, el heredero del general que los poseía se mostró reticente a mostrarlos y el centro acabó por perder el contacto y el pequeño rastro de la maleta. Sin embargo, aquél suceso soltó la liebre y puso en aviso a algunas personas interesadas en la recuperación de los rollos y fue gracias a la cineasta Trissha ZIff que los negativos se localizaron de nuevo con mayor éxito en las negociaciones tras la promesa de que los negativos acabarían en un lugar adecuado. En aquellos negativos hay unas tres mil fotos en 127 rollos de película guardados en cajas de cartón perfectamente ordenados y clasificados, además de en estado de conservación ideal. Gran parte del contenido de esas cajas ha sido restaurado ya e incluso existe una exposición itinerante que muestra algunas de esas fotografías, pero aún hay mucho trabajo por hacer con la maleta mexicana, entre otras labores la de discernir quién es el autor de cada fotografía. Un trabajo fascinante que no hará sino añadir luz a la vida de Robert Capa y a su arte y, quien sabe, si tal vez algún día permita discernir el misterio de la autoría de la “Muerte de un miliciano”. El rostro del tiempo En el año 1955, la agencia Magnum estaba consolidada como la que sería una de las mejores, si no la mejor del mundo. Para avanzar un paso más en su consolidación y para reafirmarse en su intención de convertir el fotoperiodismo en un arte, Magnum decidió organizar su primera exposición colectiva. Titulada como “Gesicht der Zeit” (El rostro del tiempo) la muestra presentaba 83 obras de los maestros que integraban la agencia; Robert CapaHenri Cartier-Bresson, Werner Bischof, Ernst Haas, Erich Lessing, Jean Marquis, Inge Morath y Marc Riboud. La exposición se celebró en el Instituto Français de Innsbrück y después giró por varias ciudades austriacas hasta volver de nuevo al instituto, donde se le perdió el rastro. Durante muchos años la exposición estuvo desaparecida, perdida en una especie de limbo y nadie supo de su paradero e incluso de su existencia pues los organizadores fueron falleciendo y nadie en Magnum la buscaba, hasta que en 2006, el azar llevó a una trabajadora de la agencia a visitar el Instituto Français de Innsbrück y allí alguien le comentó que en los sótanos de la institución se guardaban unas cajas con el nombre de Magnum, después de bajar a ver qué era esas cajas se encontraron con que contenían la exposición íntegra, perfectamente conservada, etiquetada y clasificada, como si hubiera estado durmiendo esperando a que la despertaran.. Ahora, Magnum hace girar por el mundo aquella exposición rebautizada como “Magnum’s first”, no hace mucho que pudo ser visitada en Madrid. magnumc2b4s-first Las fotografías de Vivian Maier A estas alturas, todo el mundo ha oído hablar de la niñera fotógrafa, pero hasta hace bien poco,Vivian Maier era una total desconocida. En 2007, John Maloof se encontraba buscando documentación para un libro sobre Chicago y en una subasta se hizo con un archivo de fotografías que habían sido adquiridos por la casa de subastas en un almacén de muebles cuyo arrendatario había dejado de pagar el alquiler. Maloof reveló algunos de esos carretes para venderlos en la red, y en ese momento Allan Sekula contactó con él para impedir que se dispersara el material que tenía una calidad que Maloof no había sido capaz de apreciar. A partir de ese momento, John Maloof se dedicó al rescate de la obra de Vivian Maier. Gracias a esto podemos ahora disfrutar del trabajo de la niñera fotógrafa. Vivian Maier, hija de refugiados judíos, pasó casi toda su vida en Estados Unidos. A principio de los años 30, su padre abandonó a su madre y madre e hija vivieron por una temporada con Jeanne J. Bertrand, una fotógrafa surrealista que tal vez inició la vocación de Vivian. Maier no era fotógrafa profesional, se ganaba la vida con diferentes empleos, sobre todo siendo la niñera de una familia del North Side de Chicago después de haber viajado a diferentes países asiáticos. En sus contínuos paseos que la llevaban a casa de los niños que cuidaban y de vuelta a la suya realizó gran parte de sus fotografías que no revelaba porque no se lo podía permitir, pero no le importaba, seguramente para ella el resultado de cada foto era indiferente. Vivian Maier fotografiaba su entorno de forma compulsiva, pero no de una forma desordenada, sino cuidando cada fotografía y creando así un archivo privilegiado de tipos y personajes de su época. La suya es una mirada atenta que analiza y disecciona la sociedad que se muestra en las calles, es como un certero bisturí que extrae lo mejor, lo más jugoso de la vida y deshecha lo accesorio. Maier retrata su mundo en todas sus facetas, y ella es parte de ese mundo lo que le lleva a retratarse reflejada en espejos, escaparates y otras superficies reflectoras, siempre con un gesto hierático con la mirada atenta a su reflejo mientras sostiene su Rolleiflex a la altura del vientre. Los suyos son autoretratos sin planificar, ella caminaba y cuando encontraba su reflejo, lo retrataba, sin más, sin mayores pretensiones, como una constancia de su vida que era la vida de su ciudad. Vivian Maier falleció en 2008, viviía en la pobreza y los niños a los que cuidó en su día ahora le pagaban el alquiler del apartamento. Caminando resbaló y se golpeó en la cabeza, cuatro meses después falleció en una residencia de ancianos, a los 83 años, dejando un tesoro latente en un trastero de alquiler que por fortuna fue encontrado y sacado a la luz pero que igualmente podía haber desaparecido para siempre. simona Las fotografías perdidas de Agustí Centelles. Agustí Centelles es, sin duda, uno de los más grandes fotógrafos españoles y desde luego el que mejor retrató la guerra civil. Sus fotografías reflejan la realidad española en aquellos años mejor de lo que lo hiciera, por ejemplo, Robert Capa. En el año 2008, el Museo Nacional de Arte de Cataluña pidió a los hijos del fotógrafo imágenes de su padre que hubieran sido positivadas por él. Los hijos emprendieron una búsqueda en el laboratorio y allí se encontraron con una caja metálica de galletas en la que se conservaba una considerable cantidad de negativos y copias cuyo contenido suponía un reflejo de la vida política en tiempos de la guerra y los años previos. Entre estas fotografías destacaba una en la que aparecía el presidente de la Generalitat “Lluis Companys” preso en la carcel modelo de Madrid junto a otros miembros de su gobierno a la espera de ser juzgado tras la proclamación del estado catalán. Según explicaron sus hijos, el contenido de la caja venía determinado por aquellas fotografías que su padre no sabía como clasificar pese a que durante años archivó sus negativos de forma meticulosa. Además de la ya famosa caja de galletas, los hijos de Centelles encontraron copias de instantáneas que habían quedado escondidas en una finca de la barcelonesa Vía Laietana, de la que eran porteros sus suegros, fotografías familiares de antes de la Guerra y de los años 1945 y 1947, en los que la familia vivió en Reus y un rollo de negativos con edificios bombardeados en Reus y Falset, en los que, a diferencia de sus imágenes de los bombardeos de Lérida, no aparecen las víctimas. Si bien este no es un caso de perdida, sino más bien de olvido temporal, es otro ejemplo de lo caprichoso que es el azar en cuanto al devenir de algunas fotografías. dscn4700 Pero no todas las historias sobre fotografías perdidas y encontradas están relacionadas con los grandes fotógrafos, muchas veces son las fotografías sin dueño conocido o aquellas en las que se desconoce la identidad del retratado las que viven historias más fascinantes, y de esas hay muchas, surgen a diario y no dejarán de hacerlo. Ha sucedido más de una vez que alguien ha encontrado fotografías en las que el modelo retratado es alguien importante o famoso, y eso convierte un hallazgo trivial en un acontecimiento histórico. Sucedió cuando se encontraron fotografías inéditas de Adolf Hitler en un ático de California o cuando en el año 2010, dos libreros parisinos descubrieron una fotografía de Rimbaud en edad adulta. En un rastro de San Francisco se encontraron negativos con fotografías de David Bowie y en el años 2012 fueron halladas 45 fotografías de los Rolling Stones tomadas por un autor anónimo en una gira durante el año 1965. Mick-Jagger En ocasiones, las fotografías encontradas nos acercan momentos de la historia, como las fotografías tridimensionales de la primera guerra mundial encontradas dentro de una cámara anaglífica en las Cataratas del Niagara. O más prodigioso aún, el hallazgo de negativos congelados en la Antártida y que al ser revelados mostraron imágenes de una expedición de Ernest Shackleton.   original2-par spencer-smith__largest-no-more-than-580x630 (1) Aunque yo prefiero aquellas fotografías en las que el anonimato es absoluto, no se conoce el autor, ni al modelo, ni el momento, ni ningún dato. Hallazgos de fotografías domésticas o similares que cuentan historias de cada día, sin grandes nombres detrás de ellas pero es eso lo que las hace tan fascinantes. Ya escribí una entrada en este blog relativa a una caja de diapositivas que encontré donde hablo de la felicidad que produce un hallazgo similar, y es esta una felicidad compartida por muchas personas en el mundo, lo que ha dado lugar a la creación de sitios web y grupos en redes sociales dedicados a la recopilación de estas imágenes. De todos ellos dejo una lista de enlaces como colofón. Fotos históricas Colección de enlaces sobre fotos anónimas Fotos encontradas Fotografías en blanco y negro Proyecto “Olvidados” Found Photographs Fotografías encontradas Negativos encontrados, grupo de Facebook

Yo, mi, me, conmigo

Conocemos el mundo a través de los fotógrafos, sabemos de su realidad más inmediata o de sus ficciones más íntimas viendo lo que ellos ven cuando miran a través del visor. El fotógrafo capta lo que se le presenta delante, atrapa su visión subjetiva convirtiendo sus fotografías en escaparates por los que pasea la vida entera. Pero sucede también que, en ocasiones, los fotógrafos giran la cámara y apuntan hacia si mismos, se convierten en el motivo de sus fotografías, ellos son los creadores y a la vez son la creación. Son muchos los fotógrafos que han hecho del autoretrato una parte importante de su trabajo, cuando no el todo. Hablaré aquí de los que más me interesan entre los que conozco, los que considero que han ido más alla de la mera autorepresentación para convertir en arte el culto a si mismos y que lo han hecho de una forma más original.

Cindy Sherman, personalidad múltiple

Cynthia Morris Sherman (Glen Ridge, Nueva York, 1954) era la menor de cinco hermanos que habitaban en un suburbio newyorkino y eso hizo que se criara en un entorno poco propicio al desarrollo de las artes, al contrario,  siempre afirmó que no fue hasta que inició los estudios universitarios en Buffalo que comenzó a familiarizarse con las artes visuales, no obstante antes había pasado por la escuela de artes. Como tantos artistas, comenzó dedicándose a la pintura pero pronto sintió que en ese terreno no tenía más que comunicar y de este modo pasó a la fotografía. En la universidad formó un espacio para artistas llamado Hallwalls donde ella y otros artistas exponían, y de allí se mudó a NY para dedicarse por entero a la fotografía en un loft en Fulton Street. Sería en este espacio donde comenzaría a realizar sus primeros autoretratos conceptuales que serían conocidos como Complete Unititled Film Stills (1977-1980).

G02A13Untitled-Film-Still-13.1978_large-376x475© Cindy Sherman, de “Complete Unititled Film Still”

En estos retratos, Sherman se retrata disfrazada  para que sus fotografías parezcan escenas de películas desconocidas con una estética muy cercana al cine negro. Aquí comenzaría a descubrir lo mucho que podía expresar siendo ella el motivo principal de sus fotografías, muy cargadas de un peso conceptual latente en cada una de ellas. A esta serie siguieron otras como “Retratos Históricos” donde se trasviste para convertirse en personajes masculinos protagonista de cuadros clásicos. Sherman aparecía en cada una de las fotografías pero más bien como una actriz o como una modelo, no como ella misma, de tal modo ella nunca consideró que estaba haciendo autoretratos sino fotografías en las que ella aparece, de forma casi circunstancial.

G07A20Untitled-224.1990_large© Cindy Sherman, de “History Portraits

Para entender la importancia de su obra hay que situarse en la época, en un momento en el que la presencia femenina en las fotografías solía venir acompañada de un rol erótico, un mero complemento sexual, un adorno. El que Sherman se fotografiara con disfraces, rehuyendo el desnudo o las tomas eróticas, contribuyó a afirmar el feminismo que cobraba auge en la época. Ahora la mujer no era un objeto de deseo, era protagonista, era secundaria, era juez y parte. Sherman adopta multiples personalidades y siempre sus poses resultan artificiales y teatrales, incidiendo de este modo en las multiples caras de la femineidad, unas veces representando los más arraigados clichés y en otras dando un paso más allá. A partir de los ochenta, las poses y escenificaciones pasan de reflejar situaciones estereotipadas en las que la mujer desempeña roles clásicos del cine para mostrar en su obra Centerfolds mujeres que son víctimas de abuso sexual, que viven al márgen, que son abandonadas, mujeres que sufren. Ese cambio marcó el resto de su carrera, Cindy Sherman ya no era la fotógrafa que captaba la representación clásica de la mujer en el cine y otras artes visuales, ahora ella iba más allá y mostraba a una mujer real dentro de la teatralidad de sus imágenes como ha seguido haciendo en el resto de su muy extensa obra La obra de Sherman no tiene valor por la calidad técnica o visual de su obra, sino porque la autora demostró con ellas la importancia que el concepto, el fondo de una obra puede tener sobre la forma. Cada una de sus muchas fotografías es una performance que sólo tiene lugar para ser captada en la fotografía, pero a su vez cada fotografía no tendría sentido si no reflejara un momento en una performance. El fondo por encima de la forma, el mensaje por encima del medio y todo ello realizado de tal forma que es fácil olvidarse de que lo que captan sus fotografías no es real, incluso de que es la misma persona la que aparece en ellas, y que ante su contemplación sólo veamos la mejor fotografía.

G04A02Untitled-86.1981_large-950x475© Cindy Sherman, Circa 1980

 

Martin Parr, la consagración de lo kitsch

Martin Parr (Epson, Surrey, UK, 1952) es el fotógrafo del kitch, el gran retratista de la clase media británica y mundial, el poeta de la realidad más inmediata y menos sofisticada, el maestro del día a día. Miembro de Magnum desde 1994, Parr es uno de los más grandes documentalistas sociales y de los que más importancia dan en su obra al sentido del humor . LON18546

Martin Parr Collection. FRANCE. Strasbourg. Autoportrait. 1996

Martin Parr estudió fotografía en la Escuela Politécnica de Manchester a principios de los años setenta, y a comienzos de la siguiente década comenzó a reflejar la forma de vida de la clase media-baja británica, sobre todo de los más castigados por el gobierno de Margaret Thatcher. A partir de entonces, Parr ha recorrido el mundo fotografiando a su paso a los ciudadanos de a pie, con sus glorias y sus miserias. Sus fotografías usan siempre el color y casi siempre el flash directo, lo que intensifica el caracter kitsch de su obra que ya determina en gran parte la temática de esta.

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Martin Parr Collection. España, Benidorm. Autoportrait. 1996

En sus muchos libros, tales como Common Sense o Small World, retrata los devenires de la clase media en su vida diaria, en sus trabajos y en su ocio, y es fotografiando el ocio cuando Martin Parr incide en el turismo, en cómo nos comportamos cuando nos convertimos en consumidores de viajes organizados, en recopiladores de instantáneas de monumentos, en esa marabunta multicolor que traslada divisas y devuleve souvenirs. Los souvenirs, la forma en la que los turistas guardan el recuerdo de sus visitas a otros lugares, han atraído a Parr siempre de forma especial y los ha fotografiado constantemente, y de entre los souvenirs que él ha recopilado y fotografiado, destacan aquellos encontrados en muchos países que le permiten insertar su propia imagen tomada por algún fotógrafo callejero o por un fotomatón. Martin Parr aparece retratado en los objetos más dispares y en las situaciones más ridículas; Dentro de la boca de un tiburón, junto a un Messi virtual en el Camp Nou, entre flores abigarradas, dentro de una copa saturada de brillos… etc.

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Martin Parr Collection. Alemania, Munich. Autoportrait. 1996

El fotógrafo de nuevo es el objeto de su trabajo y lo hace convirtiéndose en aquello que tanto le llama la atención, en chatarrería hortera para turistas sin gusto, en mediocres objetos de consumo, de este modo se consagra el culto más sublime al kitsch que inunda su trabajo, siendo él mismo parte de los souvenirs, rompiendo la habitual distancia entre fotógrafo y fotografiado para alcanzar la perfecta comunión entre el artista y su obra que se convierten ahora en una misma cosa. El resultado es brillante, un culto a lo hortera elevado a obra de arte por el poder de la cámara de Martin Parr  y por su devoción hacia lo que fotografía.

Vivian Maier. Al otro lado del espejo

A estas alturas, todo el mundo ha oído hablar de la niñera fotógrafa, pero hasta hace bien poco, Vivian Maier era una total desconocida.En 2007, John Maloof se encontraba buscando documentación para un libro sobre Chicago y en una subasta se hizo con un archivo de fotografías que habían sido adquiridos por la casa de subastas en un almacén de muebles cuyo arrendatario había dejado de pagar el alquiler.

 

Untitled-1© Vivian Maier

Maloof reveló algunos de esos carretes para venderlos en la red, y en ese momento Allan Sekula contactó con él para impedir que se dispersara el material que tenía una calidad que Maloof no había sido capaz de apreciar. A partir de ese momento, John Maloof se dedicó al rescate de la obra de Vivian Maier. Gracias a esto podemos ahora disfrutar del trabajo de la niñera fotógrafa.
Vivian Maier, hija de refugiados judíos, pasó casi toda su vida en Estados Unidos. A principio de los años 30, su padre abandonó a su madre y madre e hija vivieron por una temporada con Jeanne J. Bertrand, una fotógrafa surrealista que tal vez inició la vocación de Vivian.

VM1954W02936-11-MC© Vivian Maier

Maier no era fotógrafa profesional, se ganaba la vida con diferentes, sobre todo siendo la niñera de una familia del North Side de Chicago después de haber viajado a diferentes paísesa asiáticos. En sus contínuos paseos que la llevaban a casa de los niños que cuidaban y de vuelta a la suya realizó gran parte de sus fotografías que no revelaba porque no se lo podía permitir, pero no le importaba, seguramente para ella el resultado de cada foto era indiferente.
Vivian Maier fotografiaba su entorno de forma compulsiva, pero no de una forma desordenada, sino cuidando cada fotografía y creando así un archivo privilegiado de tipos y personajes de su época. La suya es una mirada atenta que analiza y disecciona la sociedad que se muestra en las calles, es como un certero bisturí que extrae lo mejor, lo más jugoso de la vida y deshecha lo accesorio.

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Maier retrata su mundo en todas sus facetas, y ella es parte de ese mundo lo que le lleva a retratarse reflejada en espejos, escaparates y otras superficies reflectoras, siempre con un gesto hierático con la mirada atenta a su reflejo mientras sostiene Rolleiflex a la altura del vientre. Los suyos son autoretratos sin planificar, ella caminaba y cuando encontraba su reflejo, lo retrataba, sin más, sin mayores pretensiones, como una constancia de su vida que era la vida de su ciudad.
Vivian Maier falleció en 2008, viviía en la pobreza y los niños a los que cuidó en su día ahora le pagaban el alquiler del apartamento.
Caminando sobre el cielo resbaló y se golpeó en la cabeza, cuatro meses después falleció en una residencia de ancianos, a los 83 años, dejando un tesoro latente en un trastero de alquiler.

VM1955W03420-05-MC© Vivian Maier

Mariano Icaza/ Atos Alde. ¿Existe el estilo?

Mariano Icaza es un fotógrafo español que no goza de demasiada fama pero entre cuyos trabajos hay uno que llamó mi atención de forma muy positiva cuando lo vi por primera vez. Inspirado por al frase de Roland Barthes que afirma “Lo que la fotografía reproduce es algo que ha tenido lugar una sola vez, luego muere, expira, nunca se repetirá”, se planteó por qué no recuperar determinados momentos, revivir a grandes retratistas que a su juicio han marcado estilo y creado tradición.

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© Atos Alde retratado por Walker Evans

Para ello, Mariano Icaza decidió autoretratarse evocando el estilo de autores como Rodchenko, Avedon, Chambi, Mapplethorpe, Gonnord o Alberto Alix entre otros, dando lugar a un interesantísimo ejercicio de estilo en el que su alter  ego, “Atos Alde” es retratado por todos estos grandes maestros.

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© Atos Alde retratado por Helmut Newton

Las fotografías resultantes, además de un innnegable valor estético, constituyen una reflexión sobre el estilo y sobre si este es único o es imitable y adaptable a otros autores. Mariano Icaza recurre a determinados tópicos sobre la obra de cada autor y por un momento creemos estar viendo fotografías con la firma de los grandes, nos olvidamos de que la fotografía es de nuevo una gran mentira, una ilusión, y el fotógrafo, el más tramposo de los ilusionistas.

9atosalde© Atos Alde retratado por Cindy Sherman

Kelly Connell, Una más Una igual a Una.

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© Kelli Connell


Me interesa mucho el trabajo de Kelli Connell, una fotógrafa norteaméricana nacida en 1974 cuyo trabajo muestra diferentes facetas de la vida privada de una pareja formada por dos mujeres, desde el ámbito más público hasta el más privado. Son fotografías de una gran belleza, que investigan en la vida diaria de la pareja contándonos su historia de amor, su intimidad, los matices de una relación.

 

Hammock_Color-copy© Kelli Connell

De nuevo, la fotografía miente, no existe tal pareja, no hay dos mujeres, tan sólo es la propia Kelli Connell que se fotografía y después de escanear los negativos los monta en photoshop creando una muy hermosa ficción.

 

kelliconnell_thismorning© Kelli Connell

Son muchos los autores que han usado su propia imagen desde que existe la fotografía y reflejarlos aquí a todos sería una tarea inabarcable, creo que estos cinco botones constituyen una buena muestra.

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